/ El establo de Pegaso: Trituradora de papel, relato de Jordim

viernes, 24 de octubre de 2008

Trituradora de papel, relato de Jordim

foto de Chema Madoz


Jordím se define como un ser cargado de miedos, valiente, tímido, descarado y que utiliza la escritura para no delinquir y poder proyectar todas la obsesiones en personajes ficticios. He leído alguna de ellas en su Proyecciones blog y me he quedado con un Querido diario: porque me recordó que durante algún tiempo, en mi época adolescente, yo escribí uno y un buen día lo hice desaparecer, quemándolo aliviada en una cocina de carbón económica. Creo que cuando me puse a releer lo que había escrito caí en la cuenta de que si “caía” en manos de alguien no iba a salir bien parada. Y volvemos a la pregunta ¿Para quién se escriben los queridos diarios íntimos?. Pues como los autoepitafios para crear un personaje para la posteridad.


Trituradora de papel

Querido diario:

Esta es la última vez que le escribo al viento. Te he mentido y tergiversado hechos para sentirme mejor conmigo mismo. En absoluto he sido transparente. Siéntete importante, si yo esta noche muriera la policía podría considerar esto mi carta de suicidio. Pero no lo es. Lo cierto es que ni tan siquiera tú sabes nada de mí. A duras penas yo sé algo… Alguna vez le oí decir a alguien que prefería ser mediocre, que así dormía más tranquilo. Pues bien, eso a mí no me funciona. Sea como sea, suelo tener la actitud ociosa de un drogadicto, pero sin tomar drogas. Tú no lo sabes, porque sólo eres papel roñoso, pero sentir conlleva tener que aceptar las dos caras de la moneda.
No te voy a contar lo que he hecho hoy, porque no he hecho nada digno de contar, como casi siempre. El motivo por el que voy a dejar de escribir en tus hojas tiene mucho que ver con la inutilidad del acto en sí. De qué sirve un diario si cuando revises lo que has escrito sólo vas a conseguir mentirte a ti mismo. Esto siempre ha sido la versión literaria de los álbumes de fotos. Da igual lo bonitas que sean tus imágenes congeladas si no tienes un buen recuerdo, si no recuerdas qué sentías antes de sonreír durante esa fracción de segundo. Pero da igual, hay amas de casa que ojean sus fotos de boda para no tener que tomar antidepresivos. Lo cierto es que en un mundo inteligente tú aún seguirías siendo árbol. Lo que es yo, me contento con sentirme culpable cada vez que tiro una colilla al suelo.
Como Diario que eres, te diría que avisaras a los de tu gremio, que hay un montón de gente por ahí adornando sus vidas día a día. Gente que podría estar leyendo o llevándose a sí mimos de viaje, deciden escribir tonterías para poder salvar el día, para no sentir que lo único que han pasado han sido veinticuatro horas. Escribiendo en tus hojas amarillentas del reciclaje, me he dado cuenta que de que la felicidad no existe para quien no cree en ella. Y no es que yo me considere ateo en ese aspecto, pero tiendo a comprender mucho más a la gente que rompe a llorar sin motivo.

Si alguien te descubriera y me leyera, bueno, no quiero ni pensarlo. Del mismo modo en que la gente no suele fiarse del todo de lo que les dicen, con un diario darán por hecho que todo es verdad: la verdad con pelos y señales. Y nada más lejos de la verdad. Hay que estar mal de la cabeza para creer que se puede describir un sentimiento. La gente puede llamar Depresión a mil estados de ánimo distintos. La gente llama Amor a cualquier relación en la que dos personas se importen el uno al otro lo más mínimo. Y luego, una vez creen que pueden etiquetarlo todo en la vida, hablan de las relaciones de Amor/Odio, de que si la vecina del cuarto segunda está Loca, de que si todas las mujeres son Complicadas, o todos los hombres Simples… No es que Dios no exista, es que siempre ha sido en la ignorancia donde ponemos toda nuestra fe. Y mírame, contándote esto a ti, que ni tan siquiera puedes tener turno de réplica.

En esta última parrafada que te estoy escribiendo, en la que intento no contar nada para contarlo todo, es en la única en la que me estoy acercando a decir alguna verdad. Tiendo a no ser nadie, o peor, soy esa pieza del puzzle de cinco mil que perdiste cuando ya casi estabas acabando. Me encontrarán barriendo y me tirarán a la basura.
Pero no te voy a engañar, la verdad es que tengo la esperanza de que algún día me pase algo importante, y ya sea buscado o casual recibiré ese hecho con alegría, sin importarme a cuento de qué ha llegado. Si llega ese día, ya sea en forma de persona, oportunidad o final, tú ya no estarás para deformar mi historia.

3 comentarios:

Consu dijo...

Muy bueno este relato. Siempre he pesado que en estos diarios íntimos la gente se maquilla como puertas.

rosa dijo...

Me recomendaron en El Establo de Pegaso este relato y me pareció tan bueno que la curiosidad me ha llevado a leer casi todos. Me parecen magníficos. Por lo que cuentan y cómo lo cuentan. Enhnorabuena Jordín, desde León.Frío ymieve.

Jordim dijo...

Muchas gracias Rosa, un saludo Consu, y gracias Elena por la publicidad que le has hecho a las Proyecciones :)