/ El establo de Pegaso

martes, 15 de abril de 2014

La esfera de Eratóstenes poema de Maurice Riordan

La esfera

"¿Para qué perder el tiempo con la palabra?
La geometría ya existía antes de la creación"
(Kepler)



En una época en que —imaginar el mundo
como una esfera suspendida del cielo— significaba
pertenecer a una secta, Eratóstenes calculó
la circunferencia de la Tierra: una cifra que sobreviviría
incendios y destrucciones, recesiones de varios
siglos, y que llegaría a Colón como un rumor
(si no lo hubiese creído nunca habría zarpado).

De algo debió servir que Eratóstenes fuese el Bibliotecario
de Alejandría, que Alejandría estuviese
en el delta del Nilo, que el Nilo fuese en línea recta
hacia el sur por la arena hasta llegar a Siena
donde —había leído el bibliotecario— a mitad del verano
el sol de mediodía no proyecta sombra alguna, sino que hunde su brillo
en el fondo del pozo, incendiándolo como una antorcha
—como si la naturaleza y la historia hubiesen creado
una vasta figura euclidiana, el Museion
(él mismo) en uno de sus puntos: la base
de un cálculo que extendió el mapa más allá
de lo que cualquier emperador pudiera imaginar, y que casi
fue verdad cuando se vio a la Tierra lentamente
girar en el espacio como una esfera de agua.

¿Adoraba Eratóstenes al sol y al río?
¿Temía al duende del pantano, al etéreo genio?
Cuando mirando desde el puerto veía al otro lado
la curvatura del agua, la inclinación del faro, cuando año tras año
al estirar y aceitar sus pergaminos, desdoblaba
sus desgastados teoremas, ¿solamente se preguntaba?
¿O veía en ellos la sombra de una firma?

Maurice Riordan (Cork, 1953) del libro Floods

Eratóstenes y la circunferencia de la Tierra

"Eratóstenes fue un científico griego, nacido en el año 280 A.C., que averiguó la circunferencia de la tierra, con un sencillo pero ingenioso método que actualmente recibe su nombre.
Teniendo en cuenta, que durante el solsticio de verano, el sol caía en horizontal sobre un pozo situado en la ciudad de Siena (Asuán) Colocó un palo, verticalmente sobre la tierra, en la ciudad de Alejandría en el mismo día. Al comprobar, que existía una ligera inclinación de la sombra, decidió medir la distancia entre las dos ciudades. Teniendo en cuenta que el grado de inclinación de la sombra era de 7,5 grados, y la distancia entre las dos ciudades era de 840 kmts. Al dividir los 360 grados de la circunferencia entre los 7,5 grados y multiplicarlos por los 840 kmts, el resultado sería una medición aproximada de la circunferencia de la Tierra.
La precisión del método, a la vez que rudimentario, es impresionante". Texto de Atando Ciencia

domingo, 6 de abril de 2014

Máquinas de Michael Donaghy


Máquinas

Querida, ten presente la forma en que se parecen:
Esta pavana al clavicémbalo de Purcell
Y la bici de doce velocidades del corredor.

La maquinaria de la gracia siempre es simple.
Este trapezoide cromado, una rueda conectada
a los engranajes concéntricos,
Qué Ptolomeo soñaba y Schwinn ha perfeccionado,
Ha pasado. El ciclista, no el ciclo, conduciendo.
Y tocando, los acordes de Purcell en sentido opuesto.

Así que en esta conversación, o pulsación, si estuviera allí,
debería manejar sin esfuerzo los artilugios del amor,
como en el cielo de Dante, fundiéndose en el aire.

Si no es así, desde luego, he caído. Tanta es la casualidad,
La agilidad, el deseo que los amantes,
Como los ciclistas y clavecinistas saben que

Sólo moviéndose se pueden equilibrar,
Sólo mediante el equilibrio del movimiento.




Machines

Dearest, note how these two are alike:
This harpsicord pavane by Purcell
And the racer’s twelve-speed bike.

The machinery of grace is always simple.
This chrome trapezoid, one wheel connected
To another of concentric gears,
Which Ptolemy dreamt of and Schwinn perfected,
Is gone. The cyclist, not the cycle, steers.
And in the playing, Purcell’s chords are played away.

So this talk, or touch if I were there,
Should work its effortless gadgetry of love,
Like Dante’s heaven, and melt into the air.

If it doesn’t, of course, I’ve fallen. So much is chance,
So much agility, desire, and feverish care,
As bicyclists and harpsicordists prove

Who only by moving can balance,
Only by balancing move.

Michael Donaghy (New York 1954 – 2004) Poemas escogidos

viernes, 28 de marzo de 2014

Las estrellas de nuevo como una triste balada de Sirkka Turkka

Photo: Pertti Nisonen

Las estrellas de nuevo como una triste balada, y por las noches
los perros afinan sus violines rotos.
No dejo que la pena se acerque,
no permito que se aproxime.
Mil metros de nieve sobre mi corazón.
Murmuro para mis adentros, en la calle
canto en voz alta.
A veces me veo, de paso, con un sombrero, pasto
del viento, con alguna idea torcida.
Hablo de la muerte, cuando me refiero a la vida. Ando con los papeles
desordenados, no tengo ninguna teoría, sólo un perro que blasfema.
Cuando pido alcohol, me ofrecen helado,
Puede que sea un español, la raya del pelo
baja, me delata:
Puede que no parezca de aquí.
Sudo, tratando de hablar, mientras
Tiemblo.
más que mi muerte, lamento mi nacimiento.
Y todo lo que pido
son mil metros de nieve sobre de mi corazón.

Sirkka Turkka. Helsinski, 1939 del poemario Mies joka rakasti vaimoaan liikaa "El hombre que amó demasiado a su mujer",1979.


Versión original y en inglés del poema

Tähdet ovat taas kuin itkuinen balladi, ja aina iltaisin
koirat virittävät haljenneita viulujaan.
En anna surun tulla,
en päästä sitä lähelle.
Tuhat metriä lunta sydämen päälle.
Mutisen paljon itsekseni, kadulla
laulan ääneen.
Näen itseni joskus ohimennen, päässä hattu, oikea tuulen
ruoka, ja jokin ajatus kallellaan.
Puhun kuolemasta, kun tarkoitan elämää. Kuljen paperit
sekaisin, en omista yhtään teoriaa, vain kiroilevan koiran.
Kun pyydän viinaa, minulle tarjoillaan jäätelöä,
taidan sittenkin olla espanjalainen, tukanraja
tällä tavoin alhaalla, todellakaan:
en taida olla täältä päin.
Hikoilen ja yritän puhua, välillä taas
tärisen.
Melkein enemmän kuin kuolemaa, suren syntymääni.
Ja kaikki mitä pyydän
on tuhat metriä lunta sydämen päälle.

************

Stars are again like a teary ballad, and at nights
dogs tune their cloven violins.
I do not let sorrow come,
I do not let it near.
A thousand feet of snow over my heart.
I mumble a lot to myself, in the street
I sing aloud.
Sometimes I see myself in passing, with a hat, perfect food
for winds, with some thought or other aslant.
I talk about death, when I mean life. I walk with my papers
in a mess, I don’t own a single theory, only a swearing dog.
When I ask for liquor, I’m offered ice-cream,
I may be a Spaniard, with my hairline
low like this, indeed:
I may not be from these parts.
I sweat, trying to talk, once and a while
I tremble.
Almost more than for my death, I mourn for my birth.
And all I ask for
is a thousand feet of snow over my heart.

sábado, 22 de marzo de 2014

Ginebra de Philip Levine

Ginebra


La primera vez que bebí ginebra
pensé que debía ser tónico para el cabello.
Mi hermano birló la botella
a un tipo cuyo padre tuvo
un almacén que vendía bebidas alcohólicas
en aquella época antigua, honorable
en la que estas cosas eran consideradas
una droga. Tres de nosotros nos pasamos
la botella, cada trago aumentaba
nuestra incredulidad. ¿La gente paga
por esto? La gente debe conseguirla
de la misma forma que teníamos que conseguir
las mujeres que nunca tuvimos cerca.
(En realidad eran las niñas, pero
no importa, lo importante
era su impenetrabilidad).
Leo, el tercer pirado del grupo,
sugirió a mi hermano que tenía que haber
birlado whisky o brandy canadiense ,
pero Eddie defendió su elección
en base a las expresiones
"Casa de la Ginebra" y "Carril de la ginebra",
que indicaban la superioridad
de la ginebra en el mundo de la bebida,
un mundo en el que estábamos entrando sin
saber lo difícil
que podría ser la salida. Tal vez la felicidad
llegaría con la bebida
sólo después de un cierto período
de aprendizaje. Eddie la comparó
a la autoflagelación del hombre santo
para experimentar la plenitud de la fe.
(Estaba muy instruido para ser un chaval
de catorce años educado en la escuela pública)
Así que hicimos hueco y pasó la botella
una segunda y luego una tercera vez ,
en silencio cada uno de nosotros esperaba
alguna transformación . "Uno se acostumbra
a ella ", dijo Leo. " No le sacas
el gusto, pero te acostumbras a él"
Ahora sé que las neuronas
se fueron muriendo sin propósito terrenal,
que tres muchachos se estaban volviendo
cada vez más desespiritualizados
incluso cuando tenían en sí mismos
estos espíritus, pero entonces pensé
que estaba en el último reparto del mundo
con las estrellas de cine, que poco tiempo después
me estaría afeitando porque
el pelo brotaría
por la pradera plana
de mi pecho y se hundiría, incluso
en la ingle, que primero las niñas
y después las mujeres se sentirían atraídas
por mis encantos. Sorprendentemente, más tarde
sucedió algo de esto, pero
primero había que vaciar la botella,
y tres chicos
tenían que vaciarse de todo
lo que habían tomado tan dolorosamente
y por el medio aún más doloroso
de inclinarse por turnos sobre
la taza del inodoro
para cumplir su penitencia. A continuación
liar los cigarrillos, la inutilidad
de los programas garantizados
ejercicio, las mentiras elaboradas
de conquista que nadie se creía,
formas de tortura sexual y
de rechazo inimaginables. A continuación
nuestro cumpleaños decimoquinto,
acné, desodorantes, ladillas, ungüentos,
cortes de pelo masculinos, la solicitud de registro,
las victorias militares y políticas
de Dwight Eisenhower, que nos trajo a
Richard Nixon con la esposa y el perro.
Cualquier maravilla intentamos con la ginebra.

Philip Levine(Detroit, 10 de enero de 1928)

Philip Levine recita su poema "Gin"




Gin

The first time I drank gin
I thought it must be hair tonic.
My brother swiped the bottle
from a guy whose father owned
a drug store that sold booze
in those ancient, honorable days
when we acknowledged the stuff
was a drug. Three of us passed
the bottle around, each tasting
with disbelief. People paid
for this? People had to have
it, the way we had to have
the women we never got near.
(Actually they were girls, but
never mind, the important fact
was their impenetrability. )
Leo, the third foolish partner,
suggested my brother should have
swiped Canadian whiskey or brandy,
but Eddie defended his choice
on the grounds of the expressions
"gin house" and "gin lane," both
of which indicated the preeminence
of gin in the world of drinking,
a world we were entering without
understanding how difficult
exit might be. Maybe the bliss
that came with drinking came
only after a certain period
of apprenticeship. Eddie likened
it to the holy man's self-flagellation
to experience the fullness of faith.
(He was very well read for a kid
of fourteen in the public schools. )
So we dug in and passed the bottle
around a second time and then a third,
in the silence each of us expecting
some transformation. "You get used
to it," Leo said. "You don't
like it but you get used to it."
I know now that brain cells
were dying for no earthly purpose,
that three boys were becoming
increasingly despiritualized
even as they took into themselves
these spirits, but I thought then
I was at last sharing the world
with the movie stars, that before
long I would be shaving because
I needed to, that hair would
sprout across the flat prairie
of my chest and plunge even
to my groin, that first girls
and then women would be drawn
to my qualities. Amazingly, later
some of this took place, but
first the bottle had to be
emptied, and then the three boys
had to empty themselves of all
they had so painfully taken in
and by means even more painful
as they bowed by turns over
the eye of the toilet bowl
to discharge their shame. Ahead
lay cigarettes, the futility
of guaranteed programs of
exercise, the elaborate lies
of conquest no one believed,
forms of sexual torture and
rejection undreamed of. Ahead
lay our fifteenth birthdays,
acne, deodorants, crabs, salves,
butch haircuts, draft registration,
the military and political victories
of Dwight Eisenhower, who brought us
Richard Nixon with wife and dog.
Any wonder we tried gin.

Versión original
Philip Levine

domingo, 16 de marzo de 2014

Balada de la naranja y la uva de Muriel Rukeyser



Balada de la naranja y la uva

Después de terminar tu trabajo
de acabar tu jornada
de haber leído tu lectura
y escrito lo tuyo -
bajas a la calle hasta el puesto de perritos calientes,
a una manzana de aquí en la otra acera.
Una tarde sofocante en el Este de Harlem, en el siglo XX.

La mayoría de las ventanas están tapiadas,
las ratas huyen de un saco -
saliendo de un garaje de mala muerte
un Cadillac largo y brillante;
junto a la puerta de cristal del centro de drogadictos,
un hombre a quien le gustaría romperte la espalda.
Pero también hay una mujer morena con una niña vestida de rosa.

Salchichas, salchichas chisporrotean en la plancha
en la que se inclina el vendedor de perritos calientes
- en el mostrador no había nada más
que las dos máquinas de siempre,
la de zumo de uva, vacía, y la de naranja, vacía,
y yo frente a él entre los dos aparatos.
Un muchacho negro llega, mira los perritos calientes, y sigue su camino.

Miro al hombre que está de pie y echa
como de costumbre
el líquido de color púrpura brillante donde dice NARANJA
el de color anaranjado donde dice UVA,
el zumo de uva en la máquina de NARANJA
y el zumo de naranja en la de la UVA.
Sólo una palabra grande y clara, inconfundible, en cada máquina.

Le pregunto: ¿Cómo podemos seguir leyendo
y encontrar sentido a lo que leemos? -
¿Cómo pueden escribir y creer lo que escriben,
los jóvenes de la acera de enfrente,
si usted echa uva en NARANJA
y naranja donde dice UVA -?
(¿Cómo vamos a creer lo que leemos y escribimos y oímos, lo que decimos y lo que hacemos?)

Mira a las dos máquinas y sonríe
se encoge de hombros sonríe y sigue echando.
Podría ser violencia y no violencia
podria ser hombre y mujer blanco y negro
podria ser guerra y paz o cualquier
sistema binario, amor y odio, enemigo, amigo.
Sí y no, ser y no ser, lo que hacemos y lo que no hacemos.

En una esquina en el este de Harlem
basura, lectura, una gran sonrisa, violación,
olvido, una calle de crimen,
miseria, esperanza marchita,
un hombre sigue echando uva en NARANJA
y naranja donde dice UVA,
echando naranja en UVA y uva en NARANJA siempre.




Ballad of Orange and Grape


After you finish your work
after you do your day
after you've read your reading
after you've written your say —
you go down the street to the hot dog stand,
one block down and across the way.
On a blistering afternoon in East Harlem in the twentieth century.

Most of the windows are boarded up,
the rats run out of a sack —
sticking out of the crummy garage
one shiny long Cadillac;
at the glass door of the drug-addiction center,
a man who'd like to break your back.
But here's a brown woman with a little girl dressed in rose and pink, too.

Frankfurters, frankfurters sizzle on the steel
where the hot-dog-man leans —
nothing else on the counter
but the usual two machines,
the grape one, empty, and the orange one, empty,
I face him in between.
A black boy comes along, looks at the hot dogs, goes on walking.

I watch the man as he stands and pours
in the familiar shape
bright purple in the one marked ORANGE
orange in the one marked GRAPE,
the grape drink in the machine marked ORANGE
and orange drink in the GRAPE.
Just the one word large and clear, unmistakable, on each machine.

I ask him: How can we go on reading
and make sense out of what we read? —
How can they write and believe what they're writing,
the young ones across the street,
while you go on pouring grape into ORANGE
and orange into the one marked GRAPE —?
(How are we going to believe what we read and what we write and we hear and we say and we do?)

He looks at the two machines and he smiles
and he shrugs and smiles and pours again.
It could be violence and nonviolence
it could be white and black women and men
it could be war and peace or any
binary system, love and hate, enemy, friend.
Yes and no, be and not-be, what we do and what we don't do.

On a corner in East Harlem
garbage, reading, a deep smile, rape,
forgetfulness, a hot street of murder,
misery, withered hope,
a man keeps pouring grape into ORANGE
and orange into the one marked GRAPE,
pouring orange into GRAPE and grape into ORANGE forever.


Muriel Rukeyser (1913–1980)

viernes, 14 de marzo de 2014

El número Pi de Wislawa Szymborska

14 de marzo, dia de la aproximación a Pi

Número irracional que pertenece a los números reales y se representa por 3,14 en su forma más sencilla



El número Pi, poema de Wislawa Szymborska

El admirable número Pi
tres coma uno cuatro uno.
Las cifras que siguen son también preliminares
cinco nueve dos porque jamás acaba.
No puede abarcarlo seis cinco tres cinco la mirada,
ocho nueve ni el cálculo
siete nueve ni la imaginación,
ni siquiera tres dos tres ocho un chiste, es decir, una comparación
cuatro seis con cualquier otra cosa
dos seis cuatro tres de este mundo.
La serpiente más larga de la tierra suma equis metros y se acaba.
Y lo mismo las serpientes míticas aunque tardan más.
El séquito de digitos del número Pi
llega al final de la página y no se detiene,
sigue, recorre la mesa, el aire,
una pared, una hoja, un nido de pájaros, las nubes, hasta llegar
directo al cielo,
perderse en la insondable hinchazón del cielo.
¡Qué breve la cola de un cometa, cual la de un ratón!
¡Qué endeble el rayo de un astro si se curva en la insignificancia
del espacio!
Mientras aqui dos tres quince trescientos diecinueve
mi número de teléfono la talla de tu camisa
el año mil novecientos sesenta y tres sexto piso
el número de habitantes sesenta y cinco céntimos
dos pulgadas de cintura una charada y un mensaje cifrado
que dice vuela mi ruiseñor y canta
y también se ruega guardar silencio,
y se extinguirán cielo y tierra,
pero el número Pi no, jamás,
seguirá su camino con su nada despreciable cinco
con su en absoluto vulgar ocho
con su ni por asomo postrero siete,
empujando, ¡ay!, empujando a durar
a la perezosa eternidad.

Wislawa Szymborska (Prowent, 1923 - Cracovia, 2012)

sábado, 1 de marzo de 2014

Las puertas no ajustan




Las malas hierbas sospechan que has dejado la casa,
los geranios lo saben,
y la sal, que no es pura, absorbe la tristeza.
El delator cloruro de magnesio
intuye tiempo de tormenta
y se apelmaza.
Siento humedad en los nudillos de los dedos,
las lágrimas han desplazado unos milímetros las jambas
y las puertas no ajustan.
Pero oculto a la madera que ha sido cortada,
no quiero despertarla, todavía crece.
Tal vez la meza,
tal vez la arrulle
con la nana antigua de las olas.