/ El establo de Pegaso

martes, 30 de septiembre de 2014

Cuando el mar de Aral recogió las olas, el cuervo ya estaba allí


Cuando el mar de Aral recogió las olas,
el cuervo ya estaba allí

Aral no es el mar Muerto.
Aral está muerto.
el ciclo del agua ha varado
en un cementerio de naves fantasmas.
El mar de Aral es el desierto de Aral.
Un espejismo de clepsidra sin tiempo,
entre Kazajistán y Uzbekistán.
Un reloj de arena sin ánima
acortando en cada grano la longitud de su costa.
El mar de Aral ya no es un mar de islas,
hay que cambiar los atlas.

Elena Soto

Dos imágenes de la NASA muestran el mar de Aral el 25 de agosto de 2000 y el 19 de agosto 2014

Este verano de 2014, el que antaño fuera un extenso lago está agonizando. De sus más de 68.000 kilómetros cuadrados en los años 60 -era el cuarto más grande del mundo-, apenas mantiene un 10 por ciento. Por primera vez en la historia moderna, la cuenca oriental del Mar de Aral Sur se ha secado completamente.

El documental Aral, el mar perdido de Isabel Coixet, producido por la fundación We Are Water trata sobre el desastre ecológico de este mar que hoy es un inmenso desierto con esqueletos de barcos varados en su arena.

Aral, el mar perdido

jueves, 25 de septiembre de 2014

Planetarium de Adrienne Rich

Inspirado en Caroline Herschel (1750-1848),
astrónoma, hermana de William, y en otras…




un monstruo con apariencia de mujer
son frecuentes en el cielo
una mujer «en la nieve
entre  relojes e instrumentos
o midiendo el suelo con varas»

descubriendo a sus 98 años
ocho cometas
Sobre ella, que gobernó la luna
como sobre nosotras
levita en el  cielo nocturno
viajando muy lejos con lentes brillantes
Galaxias de mujeres, cumpliendo
penitencia por su impetuosidad
nervios gélidos
en esos espacios de la mente

Un ojo
«viril, preciso y absolutamente seguro»
desde las oscuras telarañas de Uranusbor
encuentra la NOVA
cada impulso de la luz estalla
desde el centro
volando como nuestra vida
Tycho susurra al fin
«Que no parezca que he vivido en vano»
Lo que vemos,  vemos
la visión está cambiando
la luz que marchita una montaña
y le permite a un hombre vivir
Los latidos del pulsar
el corazón exudando por el cuerpo
El impulso de radio
que viaja desde Taurus
Estoy bombardeada pero aun así me yergo
He permanecido de pie toda la vida en medio
de la trayectoria directa de una serie de señales
el más transmitido precisamente el más
intraducible lenguaje en el universo
Soy una nube galáctica tan profunda tan intrincada
que una onda de luz tardaría 15
años en llegar hasta  mí. Y ha sucedido.
Soy un instrumento con forma
de mujer intentando traducir pulsaciones
a imágenes para aligerar el cuerpo
 y reconstruir la mente.

Adrienne Rich “Planetarium” de The Fact of a Doorframe: Selected Poems 1950-2001.

Planetarium



Thinking of Caroline Herschel (1750—1848)
astronomer, sister of William; and others.
A woman in the shape of a monster
a monster in the shape of a woman
the skies are full of them
a woman      ‘in the snow
among the Clocks and instruments
or measuring the ground with poles’
 
in her 98 years to discover
8 comets
she whom the moon ruled
like us
levitating into the night sky
riding the polished lenses
Galaxies of women, there
doing penance for impetuousness
ribs chilled
in those spaces    of the mind
An eye,
          ‘virile, precise and absolutely certain’
          from the mad webs of Uranusborg
                                                            encountering the NOVA
every impulse of light exploding
from the core
as life flies out of us
             Tycho whispering at last
             ‘Let me not seem to have lived in vain’
What we see, we see
and seeing is changing
the light that shrivels a mountain
and leaves a man alive
Heartbeat of the pulsar
heart sweating through my body
The radio impulse
pouring in from Taurus
         I am bombarded yet         I stand
I have been standing all my life in the
direct path of a battery of signals
the most accurately transmitted most
untranslatable language in the universe
I am a galactic cloud so deep      so invo-
luted that a light wave could take 15
years to travel through me       And has
taken      I am an instrument in the shape
of a woman trying to translate pulsations
into images    for the relief of the body
and the reconstruction of the mind.
Adrienne Rich, “Planetarium” from The Fact of a Doorframe: Selected Poems 1950-2001.




Carta de la astrónoma Caroline Herschel (1.750-1.848), hermana del astrónomo  William Herschel.

“William está lejos, y yo me estoy ocupando de los cielos. He descubierto ocho nuevos cometas y tres nebulosas nunca antes vistas por el hombre, y estoy preparando un índice a las observaciones de Flamsteed, junto con un catálogo de 560 estrellas omitidas en el Britsh Catalogue, más una lista de erratas de esa publicación. William dice que se me dan bien los números, así que me encargo de las reducciones y los cálculos necesarios. También hago el programa de observación de cada noche, porque dice que mi intuición me ayuda a mover el telescopio para descubrir un cúmulo de estrellas tras otro. Le he ayudado a pulir los espejos y lentes de nuestro nuevo telescopio. Es el mayor que existe. ¿Puedes imaginarte la emoción de apuntarlo a algún nuevo rincón de los cielos para ver algo que nunca antes ha sido visto desde la Tierra? Realmente me gusta que esté ocupado en la Royal Society y su club, porque cuando termino mis otras tareas puedo pasar la noche barriendo los cielos. A veces, cuando estoy sola en la oscuridad, y el universo revela otro secreto más, digo los nombres de mis antiguas, perdidas y olvidadas hermanas en los libros que registran nuestra ciencia –Aglaonice de Tesalia, Hypatia, Hildegarda, Catalina Hevelius, María Agnesi–, como si las mismas estrellas pudieran recordar. ¿Sabías que Hildegarda propuso un universo heliocéntrico trescientos años antes que Copérnico? ¿Que escribió sobre la gravitación universal quinientos años antes que Newton? Pero, ¿quién la escuchó? Sólo era una sirvienta, una mujer. ¿En qué edad nos encontramos, si aquella era la edad oscura? Y lo es también para mi nombre, que igualmente será olvidado, si no soy acusada de ser una hechicera, como Aganice, y los cristianos no amenazan con arrastrarme hasta la iglesia, con asesinarme, como le hicieron a Hypatia de Alejandría, la elocuente y joven mujer que ideó los instrumentos empleados para medir con precisión la posición y movimiento de los cuerpos celestes. Por mucho que vivamos, la vida es corta, así que trabajo. Y no importa lo importante que el hombre llegue a ser, que no será nunca nada comparado con las estrellas. Hay secretos, querida hermana, y es nuestra tarea revelarlos. Tu nombre, como el mío, es una canción”.

Sobre Planetario y las mujeres
El poema  Planetario”  muestra la existencia de una especie de continuum femenino y la lucha común que une a todas las generaciones de mujeres. Rich explica que el poema fue inspirado por la obra injustamente olvidada de Caroline Herschel, una astrónoma que trabajó junto a su hermano William, pero cuyo nombre permaneció en la oscuridad. El poema es en gran parte sobre el descubrimiento y el conocimiento. Al comienzo del poema  utiliza la vida de Herschel y “sus 98 años para descubrir  8 cometaspara demostrar el tratamiento de la sociedad de logro femenino, pero el descubrimiento hacia el final del poema parece ser un descubrimiento colectivo de género femenino . Las líneas “Lo que vemos, vemos  y la visión está cambiandoencarna la claridad del momento en el que se da cuenta del injusto tratamiento que reciben las mujeres tradicionalmente por parte de los hombres.  Awakening in Adrienne Rich’s “Planetarium”

jueves, 18 de septiembre de 2014

Pequeño poema de polvo cósmico de John Haines


De los restos estrellas moribundas,
esta lluvia de partículas
despojos húmedos con brillo ...

Una ola de átomos apresurándose a volver a casa
colapso del gigante,
huésped inestable que no puede detenerse ...

El corazón del sol enrojece y se expande
Su poderosa aspiración es eterna,
como el soporte de su sustancia
un día será blanco hielo.

En el campo resplandeciente de Orion
grandes cúmulos de estrellas en formación,
tal como vemos todas las noches,
ardiente e incansable hasta el final.

Alejándose del polvo frío
que nunca y siempre existe,
el silencio y los restos se acercan...

Este brazo, esta mano,
mi voz, su cara, este amor.

John Haines (1983)




LITTLE COSMIC DUST POEM


Out of the debris of dying stars,
this rain of particles
that waters the waste with brightness...

The sea-wave of atoms hurrying home,
collapse of the giant,
unstable guest who cannot stay...

The sun's heart reddens and expands,
his mighty aspiration is lasting,
as the shell of his substanace
one day will be white with frost.

In the radiant field of Orion
great hordes of stars are forming,
just as we see every night,
fiery and faithful to the end.

Out of the cold and fleeing dust
that is never and always,
the silence and waste to come...

This arm, this hand,
my voice, your face, this love.

martes, 16 de septiembre de 2014

Tsunami de Roald Hoffmann



Tsunami


Un SOLITÓN
es una singularidad
en una onda
en movimiento, un borde
que se desplaza
sólo en esa dirección.
Filmamos en una ocasión
uno que se movía
indiferente
por una superficie de platino.
Los solitones pasan
imperturbables
unos
a través
de otros.
Tú eres una onda.
No estás de pie, ni
viajas, ni satisfaces
ecuación alguna.
Eres una onda qué no será
sometida
al análisis (de Fourier).
Tú eres una onda; en
tus ojos me
hundo de buena gana.
No somos solitones,
no podemos atravesar
impasibles.



Tsunami

A SOLITON is
a singularity
of wave
motion, an edge
travelling just
that way. We saw
one, once
filmed moving leed-
lessly cross
a platinum surface.
Soliton pass
through
each
other
unperturbed.
You are a wave.
Not standing, nor
travelling, satisfying
no equations.
You are a wave
which will not be (Fourier)
analyzed.
You are a wave, in
your eyes I sink
willingly.
Not solitons,
we can’t pass through
unaltered.

Roald Hoffmann (1937, Polonia). Científico y poeta, en 1981 compartió el premio Nobel de química con el japonés Kenichi Fukui (1918-1998)

sábado, 13 de septiembre de 2014

La Gran Nebulosa de Andrómeda




Llegamos al campamento
había anochecido, en lo alto la cumbre despejada
mirando a más de cinco mil
pies montañas, a muchas millas
del valle y del mar.
En la oscuridad cuajada de estrellas cocinamos
nuestros macarrones y comemos
a la luz de una linterna. Las estrellas se apiñaron
alrededor de la mesa como luciérnagas.
Después de la cena nos acostamos.
La noche está fresca
y despejada. Faltan tres días para que la luna
esté llena. Tendidos en la cama
miramos las estrellas y la
luna pasándonos un pequeño telescopio.
Más tarde en plena noche los caballos tropiezan
cerca del campamento y despierto.
Me inclino y miro
tu hermoso rostro dormido
como una joya a la luz de la luna.
Si tienes suerte y las
Naciones lo permiten, vivirás
mucho más, en el siglo
veintiuno. Levanto el catalejo
y observo a la Gran Nebulosa
de Andrómeda flotando como
una ameba fosforescente
lentamente alrededor del Polo. Por ahí
en ciudades lejanas
los hombres poderosos planean
matarte mientras duermes.

Great Nebula of Andromeda

We get into camp after
dark, high on an open ridge
looking out over five thousand
feet of mountains and mile
beyond mile of valley and sea.
In the star-filled dark we cook
our macaroni and eat
by lantern light. Stars cluster
around our table like fireflies.
After supper we go straight
to bed. The night is windy
and clear. The moon is three days
short of full. We lie in bed
and watch the stars and the turning
moon through our little telescope.
Late at night the horses stumble
around camp and I awake.
I lie on my elbow watching
your beautiful sleeping face
like a jewel in the moonlight.
If you are lucky and the
nations let you, you will live
far into the twenty-first
century. I pick up the glass
and watch the Great Nebula
of Andromeda swim like
a phosphorescent amoeba
slowly around the Pole. Far
away in distant cities
fat-hearted men are planning
to murder you while you sleep.

Kenneth Rexroth “The Lights in the Sky are Stars“, de In Defense of the Earth (1956)

sábado, 19 de julio de 2014

El hombre polilla de Elizabeth Bishop




Aquí, arriba,
las grietas de los edificios se rellenan con pulpa de luz luna machacada.
Toda la sombra del hombre no es mayor que la de su sombrero.
Yace a sus pies como un pedestal circular para una muñeca,
Y él es un alfiler invertido con la punta magnetizada hacia la luna.
No ve la luna; solo observa sus vastas propiedades,
siente su extraña luz sobre las manos, ni caliente ni fría,
de una temperatura imposible de registrar en los termómetros.

Pero cuando el Hombre Polilla
hace sus raras aunque ocasionales visitas a la superficie,
la luna le parece muy distinta. Él emerge
desde una rendija bajo el borde de una de las aceras
y nervioso comienza a escalar las fachadas de los edificios.
Cree que la luna es un pequeño hueco en lo alto del cielo,
lo que corrobora que el cielo como protección
resulta inútil.
Tiembla, pero debe descubrir hasta dónde puede escalar.


Por las fachadas,
arrastrando tras él su sombra como el paño de un fotógrafo
escala con miedo, pensando que esta vez sí logrará
introducir por completo su pequeña cabeza en el hueco redondo
y atravesarlo, arrastrado a través de un tubo de volutas negras en la luz.
(El hombre, inmóvil debajo de él, no se hace demasiadas ilusiones.)
Pero el Hombre Polilla debe hacer lo que más teme, aunque
fracase, por supuesto, y caiga de nuevo asustado sin apenas lastimarse.

Después vuelve
a los pálidos subterráneos de cemento a los que llama
casa. Revolotea,
aletea, y no sube en los trenes silenciosos
con la rapidez que debería. Las puertas se cierran
deprisa.
El Hombre Polilla se sienta siempre en sentido contrario
y el tren arranca inmediatamente, a toda velocidad,
sin cambiar de marchas ni moverse poco a poco.
No puede calcular la velocidad a la que viaja hacia atrás.

Cada noche debe
viajar de túneles artificiales y tener sueños recurrentes.
como las traviesas se repiten bajo el tren, éstos se repiten por debajo
de su mente agitada. No se atreve a mirar por la ventana,
porque el tercer raíl, la intacta corriente de veneno,
pasa a su lado. La mira como a una enfermedad
cuya propensión ha heredado. Debe que llevar
las manos en los bolsillos, como otros deben llevar bufandas.

Si lo alcanzas,
acércale una linterna a los ojos. Sólo son pupila negra,
una noche en sí mismos, cuyo horizonte de vetas se contrae
cuando devuelve la mirada y cierra los ojos.Luego, de los párpados
se desliza una lágrima, su única posesión, como aguijón de abeja. .
Furtivamente la atrapa, y cuando no prestas atención
se la traga. Pero si miras, la entregará,
fresca como surgida de los manantiales subterráneos y tan pura
como para ser bebida.

Elizabeth Bishop “The Man-Moth” from The Complete Poems 1926-1979.

The Man-Moth

The Man Moth from Michael Hyland on Vimeo.

Vídeo basado en el poema "El hombre polilla" dirigido por Sonny Malhotra


Here, above,
cracks in the buildings are filled with battered moonlight.
The whole shadow of Man is only as big as his hat.
It lies at his feet like a circle for a doll to stand on,
and he makes an inverted pin, the point magnetized to the moon.
He does not see the moon; he observes only her vast properties,
feeling the queer light on his hands, neither warm nor cold,
of a temperature impossible to record in thermometers.

But when the Man-Moth
pays his rare, although occasional, visits to the surface,
the moon looks rather different to him. He emerges
from an opening under the edge of one of the sidewalks
and nervously begins to scale the faces of the buildings.
He thinks the moon is a small hole at the top of the sky,
proving the sky quite useless for protection.
He trembles, but must investigate as high as he can climb.

Up the façades,
his shadow dragging like a photographer’s cloth behind him
he climbs fearfully, thinking that this time he will manage
to push his small head through that round clean opening
and be forced through, as from a tube, in black scrolls on the light.
(Man, standing below him, has no such illusions.)
But what the Man-Moth fears most he must do, although
he fails, of course, and falls back scared but quite unhurt.

Then he returns
to the pale subways of cement he calls his home. He flits,
he flutters, and cannot get aboard the silent trains
fast enough to suit him. The doors close swiftly.
The Man-Moth always seats himself facing the wrong way
and the train starts at once at its full, terrible speed,
without a shift in gears or a gradation of any sort.
He cannot tell the rate at which he travels backwards.

Each night he must
be carried through artificial tunnels and dream recurrent dreams.
Just as the ties recur beneath his train, these underlie
his rushing brain. He does not dare look out the window,
for the third rail, the unbroken draught of poison,
runs there beside him. He regards it as a disease
he has inherited the susceptibility to. He has to keep
his hands in his pockets, as others must wear mufflers.

If you catch him,
hold up a flashlight to his eye. It’s all dark pupil,
an entire night itself, whose haired horizon tightens
as he stares back, and closes up the eye. Then from the lids
one tear, his only possession, like the bee’s sting, slips.
Slyly he palms it, and if you’re not paying attention
he’ll swallow it. However, if you watch, he’ll hand it over,
cool as from underground springs and pure enough to drink.


Elizabeth Bishop, “The Man-Moth” from The Complete Poems 1926-1979.

'Man-Moth Merz' from phil archer on Vimeo.


Animation by Suzie Hanna, soundtrack by Phil Archer. Based on a poem by Elizabeth Bishop,

sábado, 24 de mayo de 2014

Muerte de un naturalista de Seamus Heaney

Muerte de un naturalista


Durante todo el año la laguna de lino supuraba en el corazón
del pueblo; verde y de flor pesada
el lino se pudrió allí, lastrado por enormes terrones.
se abrasaba cada día bajo un sol de justicia.
Gorjeo delicado de burbujas, moscardones azules
tejían una sólida gasa de sonido entorno al olor.
Había libélulas, mariposas moteadas,
pero lo mejor de todo era esa baba tibia y densa
de las huevas de rana que crecían como agua coagulada
a la sombra de las orillas. Aquí cada primavera
me gustaba llenar tarros de mermelada con los gelatinosos
granos y los alineaba en los alféizares de casa,
y en la escuela sobre las repisas, y esperaba y miraba
hasta que aquellos puntos crecían y estallaban en ágiles
renacuajos nadadores. La señorita Walls nos contaba
que a papá rana se le llamaba rana toro
cómo croaba, y como mamá rana
depositaba cientos de pequeños huevecillos que eran las
huevas de rana. También se podía predecir el tiempo por las ranas,
pues eran de color amarillo con el sol y marrones
con la lluvia.
Pero un día abrasador cuando los campos apestaban
por el estiércol de vaca en la hierba, las ranas enfadadas
invadieron la laguna del lino; atravesé agazapado entre los matorrales
y al son de un áspero croar que no había oído
antes.
El aire comenzó a espesarse con el coro de bajos.
Justo al pie de la charca las ranas panzudas estaban
alerta
sobre la hierba; sus cuellos flojos se hinchaban como velas.
Algunas saltaban; los chapoteos eran obscenas amenazas.
Otras estaban quietas
inmóviles como granadas de lodo, sus cabezas chatas pedorreaban.
Enfermo de asco, me di la vuelta y corrí. Los grandes reyes del limo
se habían reunido para vengarse y sabía
que si metía la mano las huevas la agarrarían.



Death of a Naturalist

All year the flax-dam festered in the heart
Of the townland; green and heavy headed
Flax had rotted there, weighted down by huge sods.
Daily it sweltered in the punishing sun.
Bubbles gargled delicately, bluebottles
Wove a strong gauze of sound around the smell.
There were dragon-flies, spotted butterflies,
But best of all was the warm thick slobber
Of frogspawn that grew like clotted water
In the shade of the banks. Here, every spring
I would fill jampotfuls of the jellied
Specks to range on window-sills at home,
On shelves at school, and wait and watch until
The fattening dots burst into nimble-
Swimming tadpoles. Miss Walls would tell us how
The daddy frog was called a bullfrog
And how he croaked and how the mammy frog
Laid hundreds of little eggs and this was
Frogspawn. You could tell the weather by frogs too
For they were yellow in the sun and brown
In rain.
Then one hot day when fields were rank
With cowdung in the grass the angry frogs
Invaded the flax-dam; I ducked through hedges
To a coarse croaking that I had not heard
Before. The air was thick with a bass chorus.
Right down the dam gross-bellied frogs were cocked
On sods; their loose necks pulsed like sails. Some hopped:
The slap and plop were obscene threats. Some sat
Poised like mud grenades, their blunt heads farting.
I sickened, turned, and ran. The great slime kings
Were gathered there for vengeance and I knew
That if I dipped my hand the spawn would clutch it.


Personal helicón

Cuando era niño no podían apartarme de los pozos
y de las viejas bombas de agua con canjilones y poleas.
Amaba el vacío oscuro, el cielo atrapado, los olores
a maleza, a hongos, a musgo húmedo.

Había uno en una fábrica de ladrillos con un tablero de madera podrida.
Me gustaba el choque sonoro cuando un cubo
caía en picado hasta el final de la cuerda,
tan hondo que no se veía ningún reflejo.

Había otro, poco profundo, cubierto con una piedra,
que florecía como un acuario.
Si arrancabas las largas raíces del lodo blando,
Una cara blanca se movía sobre el fondo.

Otros tenían eco, te devolvían tu propia voz,
con una nueva música más clara. Y había uno
que me asustaba, porque allí, saliendo de los helechos
y las altas hierbas gigantescas, una rata abofeteó mi reflejo.

Ahora ya, escarbar en las raíces, manosear el lodo
y mirarse asombrado, como Narciso, en una fuente,
no es propio de un adulto. Escribo poesías
para verme a mí mismo, para que la oscuridad me responda con el eco.


Personal Helicon
As a child, they could not keep me from wells
And old pumps with buckets and windlasses.
I loved the dark drop, the trapped sky, the smells
Of waterweed, fungus and dank moss.

One, in a brickyard, with a rotted board top.
I savoured the rich crash when a bucket
Plummeted down at the end of a rope.
So deep you saw no reflection in it.

A shallow one under a dry stone ditch
Fructified like any aquarium.
When you dragged out long roots from the soft mulch
A white face hovered over the bottom.

Others had echoes, gave back your own call
With a clean new music in it. And one
Was scaresome, for there, out of ferns and tall
Foxgloves, a rat slapped across my reflection.

Now, to pry into roots, to finger slime,
To stare, big-eyed Narcissus, into some spring
Is beneath all adult dignity. I rhyme
To see myself, to set the darkness echoing.

"Personal Helicon" Seamus Heaney, de Death of a Naturalist, 1966.