/ El establo de Pegaso

viernes, 25 de abril de 2014

El establo de Pegaso cumple seis años

El 25 de abril de 2008 comencé con el establo de Pegaso. La Antártida, en diferentes versiones, ha sido durante mucho tiempo su imagen de cabecera, en especial la isla de Ross. Por tanto usarla, creo que se merece un poema.

Ilustración de Susana Velasco sobre el nacimiento de Pegaso


A la isla de Ross en la distancia

I

A más de mil millas del Egeo
está el mar de Ross, la cordillera de Edsel,
Cabo Coleck.

Dardanelos y Mac Murdo
y las islas de Naxos y la isla de Coulman
a millones de nudos de distancia.

Laberintos de luz, filamentos de hielo,
tan lejos del mar Jónico,
de Samos de Leucade
en las grutas perdidas de isla Sturge.

Estrechos, cabos, islas, bahías y volcanes
me recuerdan tu cuerpo y la distancia,
que es amor para mí como la Antártida
tan fríamente bella.

II

Y la isla de Ross, espejismo de hielo
entre las aguas,
y las aguas del mar de Ross, espejismos de tierra
en el océano,
y el glaciar de Beardmore, espejismo de lava
austral en las planicies,
y el volcán Erebus y el cabo Evans,
y la isla de Coulman y Mac Murdo.

Y tus piernas en las calas de Ross
y tus labios en la isla de Ross con fuerte viento,
y los surcos trazados en tus manos
en el glaciar de Beardmore
y en el Erebo.

Y la distancia tan cruel que nos separa
en valles silenciosos tras cristales de nieve
cegadores.
Y nos quiebran la voz marmóreos arrecifes,
hirientes angosturas y parajes
de nieves arenosas.

Y la bruma que me oculta
el indicio atrapado entre las rocas,
el rastro casi glaciar de tus cabellos,
la serena huella de tus pasos
que me habla aquí de tu presencia en la isla de Ross,
en las costas del Sur, en cabo Evans.

Un indicio de ti que me haga creer
después de tanto silencio en sortilegios.

Es tan triste cobijarse en la noche polar en las cavernas
tan blancas y profundas
y pensar en el día aquél en que fuimos sin fin
en otros mares
en algas que no llegaron jamás a estas banquisas.

¿Qué quedó amor del oráculo de Delfos
en estas aristas, simas, precipicios sin fin,
en el silencio inquietante de estas calas?

¿A qué Dios ofrendar el petrel de las ventiscas?
¿A qué divinidad sacrificar
las entrañas sagradas del albatros?

A quién aullar si los gemidos se deslizan
remotos en glaciares,
a muchas millas de distancia de la costa,
muriendo finalmente con las focas,
con los lobos de mar, con los rorcuales.

Sin embargo tus piernas continúan en las calas
de Ross, en cabo Evans,
en el cráter activo del Erebo.

¡Qué Ítaca tan inhóspita el Erebo,
que me priva de Circe y de tus brazos,
de las islas del Sol y los hechizos!

Pero aquí, amor, desde Mac Murdo
en bahías brumosas, resguardadas,
en ciudades de hálito de hielo,
tu cuerpo y la mar tan hostil
y la isla de Coulman me acompañan.

III

El nuestro es tan sólo un amor de encrucijadas
consumido, amada, en lugares donde los caminos
se bifurcan
donde las sendas se destrozan y desgarran.

Y ha de ser así, mujer enclave
que encalles en mi cuerpo,
mientras la oscuridad a golpes se desliza.

Y ha de ser así como te acerques
sigilosa a mis calas
como una nave cargada de amaranto
que ansiosa llegara desde Anafi
oscura como el vino, incierta en sus vaivenes
como el nácar.

Estas son algunas de las cabeceras que ha tenido el blog a lo largo de estos seis años.


miércoles, 23 de abril de 2014

Día Internacional del Libro recordando la destrucción de la antigua Biblioteca de Alejandría

Arden los alfabetos




“Pero el mundo al que vuelvo ya no es el de antes. Yo soy un extranjero, como los muertos sin sepultura cuando suben del Aqueronte, y aunque estuviera en mi isla natal, en los jardines de mi infancia, que mi padre me encierra, ¡ay!, aun en ese caso sería un extranjero en la tierra, y ya no hay ningún dios que pueda ligarme al pasado.”

Friedrich Hölderlin “ HIPERIÓN

I
El resplandor del fuego brilla sobre el mástil de las naves fenicias,
la sabiduría se resiste a morir
cae en pavesas sobre las ánforas cargadas de vino y púrpura
filtrándose en la mirra con que ungirán su cuerpo las doncellas.
Hipérbolas y elipses
trazan volutas de humo sobre el cielo de Alejandría
mientras el aroma dulzón del pergamino se extiende por las calles.
Los triángulos de Euclides y el universo de Tolomeo
se aferran a las sandalias de los mercaderes del Sahara.

Arden los alfabetos
y el olor a verbo quemado se mezcla
con el sudor acre de los soldados macedonios,
sazonado con las especias de los mercaderes de Oriente.
Una brisa suave arrastra las deltas hasta el delta del río,
varando a las taus hasta anclarlas en los espigones del puerto.
Arden las palabras y con ellas el Cosmos
su brillo oscurece en la noche los destellos del Faro.
El resplandor del fuego mece con las olas
los paños, las esencias, los mapas de otros mares,
rompe las constelaciones calcinadas junto al cabo de Loquias.
Todo el conocimiento se disuelve en las aguas,
y las cenizas se mezclan con las conchas
en la arena de la isla de Pharos.
Arde Alejandría mientras miro la noche,
mis pupilas reflejan los rescoldos
y
se alejan en las naves que abandonan el puerto.
Todo lo que he visto viaja a la otra orilla,
en ésta sólo quedan los restos de la sombra,
solitarias sigmas perdidas entre el grano.
Bebo cerveza en las tabernas de la antigua Racotis
para olvidar que he perdido los ojos.

II
Cuando humea el corazón después de la catástrofe,
y los recuerdos se exilian
y sabemos que serán enterrados en una tierra extraña
o mecidos por las aguas que nunca han azotado nuestra carne,
sentimos que no hay alfabeto que pueda combinarse
para contar con verdad lo que sabemos.
Guardamos nuestro frágil corazón en la región donde moran
los frágiles corazones de los hombres.
Aguardamos con dicha el toque de trompeta
que despierte las imágenes perdidas,
aguardamos con las cuencas vacías
a que nos sean devueltas las visiones,
mientras llega ese día
bebemos vino dulce y perdemos el sentido con cerveza,
desgarrando nuestro cuerpo con las conchas afiladas de la playa.
Esperando que olvido y cicatrices
nos recuerden que habitamos la tierra.





martes, 22 de abril de 2014

Ecuación de las rayas de la cebra

A Alan Mathison Turing


La tristeza,
singular como las rayas de la cebra,
arruga las fronteras en los mapas.
Embelesa la pupila,
la amolda a la curva suave de las dunas.
Arrastra hasta el pelaje
el trazado sinuoso de los deltas,
la línea de la costa.
El oro de los tigres,
la plata de los gatos,
el azabache del pez ángel
fluye en ecuaciones,
sedimenta en los genes,
se dispersa en desiertos felinos.
Todos los pigmentos de trazos singulares
en pieles del paisaje,
en paisajes de piel.
Tigres imitando los surcos de la arena,
archipiélagos copiando las escamas,
jirafas cartógrafas con mapas de las Cícladas,
Polinesia emergiendo en el lomo del guepardo.

A veces el álgebra fascina al ADN.

En Las bases químicas de la Morfogénesis (1952), Alan Turing propuso el origen y desarrollo de las formas en la naturaleza con modelos matemáticos y las describió mediante ecuaciones diferenciales.

"Esta entrada participa en el I Certamen de Cuentos de Ciencia organizado por el blog Cuantos y cuerdas"

martes, 15 de abril de 2014

La esfera de Eratóstenes poema de Maurice Riordan

La esfera

"¿Para qué perder el tiempo con la palabra?
La geometría ya existía antes de la creación"
(Kepler)



En una época en que —imaginar el mundo
como una esfera suspendida del cielo— significaba
pertenecer a una secta, Eratóstenes calculó
la circunferencia de la Tierra: una cifra que sobreviviría
incendios y destrucciones, recesiones de varios
siglos, y que llegaría a Colón como un rumor
(si no lo hubiese creído nunca habría zarpado).

De algo debió servir que Eratóstenes fuese el Bibliotecario
de Alejandría, que Alejandría estuviese
en el delta del Nilo, que el Nilo fuese en línea recta
hacia el sur por la arena hasta llegar a Siena
donde —había leído el bibliotecario— a mitad del verano
el sol de mediodía no proyecta sombra alguna, sino que hunde su brillo
en el fondo del pozo, incendiándolo como una antorcha
—como si la naturaleza y la historia hubiesen creado
una vasta figura euclidiana, el Museion
(él mismo) en uno de sus puntos: la base
de un cálculo que extendió el mapa más allá
de lo que cualquier emperador pudiera imaginar, y que casi
fue verdad cuando se vio a la Tierra lentamente
girar en el espacio como una esfera de agua.

¿Adoraba Eratóstenes al sol y al río?
¿Temía al duende del pantano, al etéreo genio?
Cuando mirando desde el puerto veía al otro lado
la curvatura del agua, la inclinación del faro, cuando año tras año
al estirar y aceitar sus pergaminos, desdoblaba
sus desgastados teoremas, ¿solamente se preguntaba?
¿O veía en ellos la sombra de una firma?

Maurice Riordan (Cork, 1953) del libro Floods

Eratóstenes y la circunferencia de la Tierra

"Eratóstenes fue un científico griego, nacido en el año 280 A.C., que averiguó la circunferencia de la tierra, con un sencillo pero ingenioso método que actualmente recibe su nombre.
Teniendo en cuenta, que durante el solsticio de verano, el sol caía en horizontal sobre un pozo situado en la ciudad de Siena (Asuán) Colocó un palo, verticalmente sobre la tierra, en la ciudad de Alejandría en el mismo día. Al comprobar, que existía una ligera inclinación de la sombra, decidió medir la distancia entre las dos ciudades. Teniendo en cuenta que el grado de inclinación de la sombra era de 7,5 grados, y la distancia entre las dos ciudades era de 840 kmts. Al dividir los 360 grados de la circunferencia entre los 7,5 grados y multiplicarlos por los 840 kmts, el resultado sería una medición aproximada de la circunferencia de la Tierra.
La precisión del método, a la vez que rudimentario, es impresionante". Texto de Atando Ciencia

domingo, 6 de abril de 2014

Máquinas de Michael Donaghy


Máquinas

Querida, ten presente la forma en que se parecen:
Esta pavana al clavicémbalo de Purcell
Y la bici de doce velocidades del corredor.

La maquinaria de la gracia siempre es simple.
Este trapezoide cromado, una rueda conectada
a los engranajes concéntricos,
Qué Ptolomeo soñaba y Schwinn ha perfeccionado,
Ha pasado. El ciclista, no el ciclo, conduciendo.
Y tocando, los acordes de Purcell en sentido opuesto.

Así que en esta conversación, o pulsación, si estuviera allí,
debería manejar sin esfuerzo los artilugios del amor,
como en el cielo de Dante, fundiéndose en el aire.

Si no es así, desde luego, he caído. Tanta es la casualidad,
La agilidad, el deseo que los amantes,
Como los ciclistas y clavecinistas saben que

Sólo moviéndose se pueden equilibrar,
Sólo mediante el equilibrio del movimiento.




Machines

Dearest, note how these two are alike:
This harpsicord pavane by Purcell
And the racer’s twelve-speed bike.

The machinery of grace is always simple.
This chrome trapezoid, one wheel connected
To another of concentric gears,
Which Ptolemy dreamt of and Schwinn perfected,
Is gone. The cyclist, not the cycle, steers.
And in the playing, Purcell’s chords are played away.

So this talk, or touch if I were there,
Should work its effortless gadgetry of love,
Like Dante’s heaven, and melt into the air.

If it doesn’t, of course, I’ve fallen. So much is chance,
So much agility, desire, and feverish care,
As bicyclists and harpsicordists prove

Who only by moving can balance,
Only by balancing move.

Michael Donaghy (New York 1954 – 2004) Poemas escogidos

viernes, 28 de marzo de 2014

Las estrellas de nuevo como una triste balada de Sirkka Turkka

Photo: Pertti Nisonen

Las estrellas de nuevo como una triste balada, y por las noches
los perros afinan sus violines rotos.
No dejo que la pena se acerque,
no permito que se aproxime.
Mil metros de nieve sobre mi corazón.
Murmuro para mis adentros, en la calle
canto en voz alta.
A veces me veo, de paso, con un sombrero, pasto
del viento, con alguna idea torcida.
Hablo de la muerte, cuando me refiero a la vida. Ando con los papeles
desordenados, no tengo ninguna teoría, sólo un perro que blasfema.
Cuando pido alcohol, me ofrecen helado,
Puede que sea un español, la raya del pelo
baja, me delata:
Puede que no parezca de aquí.
Sudo, tratando de hablar, mientras
Tiemblo.
más que mi muerte, lamento mi nacimiento.
Y todo lo que pido
son mil metros de nieve sobre de mi corazón.

Sirkka Turkka. Helsinski, 1939 del poemario Mies joka rakasti vaimoaan liikaa "El hombre que amó demasiado a su mujer",1979.


Versión original y en inglés del poema

Tähdet ovat taas kuin itkuinen balladi, ja aina iltaisin
koirat virittävät haljenneita viulujaan.
En anna surun tulla,
en päästä sitä lähelle.
Tuhat metriä lunta sydämen päälle.
Mutisen paljon itsekseni, kadulla
laulan ääneen.
Näen itseni joskus ohimennen, päässä hattu, oikea tuulen
ruoka, ja jokin ajatus kallellaan.
Puhun kuolemasta, kun tarkoitan elämää. Kuljen paperit
sekaisin, en omista yhtään teoriaa, vain kiroilevan koiran.
Kun pyydän viinaa, minulle tarjoillaan jäätelöä,
taidan sittenkin olla espanjalainen, tukanraja
tällä tavoin alhaalla, todellakaan:
en taida olla täältä päin.
Hikoilen ja yritän puhua, välillä taas
tärisen.
Melkein enemmän kuin kuolemaa, suren syntymääni.
Ja kaikki mitä pyydän
on tuhat metriä lunta sydämen päälle.

************

Stars are again like a teary ballad, and at nights
dogs tune their cloven violins.
I do not let sorrow come,
I do not let it near.
A thousand feet of snow over my heart.
I mumble a lot to myself, in the street
I sing aloud.
Sometimes I see myself in passing, with a hat, perfect food
for winds, with some thought or other aslant.
I talk about death, when I mean life. I walk with my papers
in a mess, I don’t own a single theory, only a swearing dog.
When I ask for liquor, I’m offered ice-cream,
I may be a Spaniard, with my hairline
low like this, indeed:
I may not be from these parts.
I sweat, trying to talk, once and a while
I tremble.
Almost more than for my death, I mourn for my birth.
And all I ask for
is a thousand feet of snow over my heart.

sábado, 22 de marzo de 2014

Ginebra de Philip Levine

Ginebra


La primera vez que bebí ginebra
pensé que debía ser tónico para el cabello.
Mi hermano birló la botella
a un tipo cuyo padre tuvo
un almacén que vendía bebidas alcohólicas
en aquella época antigua, honorable
en la que estas cosas eran consideradas
una droga. Tres de nosotros nos pasamos
la botella, cada trago aumentaba
nuestra incredulidad. ¿La gente paga
por esto? La gente debe conseguirla
de la misma forma que teníamos que conseguir
las mujeres que nunca tuvimos cerca.
(En realidad eran las niñas, pero
no importa, lo importante
era su impenetrabilidad).
Leo, el tercer pirado del grupo,
sugirió a mi hermano que tenía que haber
birlado whisky o brandy canadiense ,
pero Eddie defendió su elección
en base a las expresiones
"Casa de la Ginebra" y "Carril de la ginebra",
que indicaban la superioridad
de la ginebra en el mundo de la bebida,
un mundo en el que estábamos entrando sin
saber lo difícil
que podría ser la salida. Tal vez la felicidad
llegaría con la bebida
sólo después de un cierto período
de aprendizaje. Eddie la comparó
a la autoflagelación del hombre santo
para experimentar la plenitud de la fe.
(Estaba muy instruido para ser un chaval
de catorce años educado en la escuela pública)
Así que hicimos hueco y pasó la botella
una segunda y luego una tercera vez ,
en silencio cada uno de nosotros esperaba
alguna transformación . "Uno se acostumbra
a ella ", dijo Leo. " No le sacas
el gusto, pero te acostumbras a él"
Ahora sé que las neuronas
se fueron muriendo sin propósito terrenal,
que tres muchachos se estaban volviendo
cada vez más desespiritualizados
incluso cuando tenían en sí mismos
estos espíritus, pero entonces pensé
que estaba en el último reparto del mundo
con las estrellas de cine, que poco tiempo después
me estaría afeitando porque
el pelo brotaría
por la pradera plana
de mi pecho y se hundiría, incluso
en la ingle, que primero las niñas
y después las mujeres se sentirían atraídas
por mis encantos. Sorprendentemente, más tarde
sucedió algo de esto, pero
primero había que vaciar la botella,
y tres chicos
tenían que vaciarse de todo
lo que habían tomado tan dolorosamente
y por el medio aún más doloroso
de inclinarse por turnos sobre
la taza del inodoro
para cumplir su penitencia. A continuación
liar los cigarrillos, la inutilidad
de los programas garantizados
ejercicio, las mentiras elaboradas
de conquista que nadie se creía,
formas de tortura sexual y
de rechazo inimaginables. A continuación
nuestro cumpleaños decimoquinto,
acné, desodorantes, ladillas, ungüentos,
cortes de pelo masculinos, la solicitud de registro,
las victorias militares y políticas
de Dwight Eisenhower, que nos trajo a
Richard Nixon con la esposa y el perro.
Cualquier maravilla intentamos con la ginebra.

Philip Levine(Detroit, 10 de enero de 1928)

Philip Levine recita su poema "Gin"




Gin

The first time I drank gin
I thought it must be hair tonic.
My brother swiped the bottle
from a guy whose father owned
a drug store that sold booze
in those ancient, honorable days
when we acknowledged the stuff
was a drug. Three of us passed
the bottle around, each tasting
with disbelief. People paid
for this? People had to have
it, the way we had to have
the women we never got near.
(Actually they were girls, but
never mind, the important fact
was their impenetrability. )
Leo, the third foolish partner,
suggested my brother should have
swiped Canadian whiskey or brandy,
but Eddie defended his choice
on the grounds of the expressions
"gin house" and "gin lane," both
of which indicated the preeminence
of gin in the world of drinking,
a world we were entering without
understanding how difficult
exit might be. Maybe the bliss
that came with drinking came
only after a certain period
of apprenticeship. Eddie likened
it to the holy man's self-flagellation
to experience the fullness of faith.
(He was very well read for a kid
of fourteen in the public schools. )
So we dug in and passed the bottle
around a second time and then a third,
in the silence each of us expecting
some transformation. "You get used
to it," Leo said. "You don't
like it but you get used to it."
I know now that brain cells
were dying for no earthly purpose,
that three boys were becoming
increasingly despiritualized
even as they took into themselves
these spirits, but I thought then
I was at last sharing the world
with the movie stars, that before
long I would be shaving because
I needed to, that hair would
sprout across the flat prairie
of my chest and plunge even
to my groin, that first girls
and then women would be drawn
to my qualities. Amazingly, later
some of this took place, but
first the bottle had to be
emptied, and then the three boys
had to empty themselves of all
they had so painfully taken in
and by means even more painful
as they bowed by turns over
the eye of the toilet bowl
to discharge their shame. Ahead
lay cigarettes, the futility
of guaranteed programs of
exercise, the elaborate lies
of conquest no one believed,
forms of sexual torture and
rejection undreamed of. Ahead
lay our fifteenth birthdays,
acne, deodorants, crabs, salves,
butch haircuts, draft registration,
the military and political victories
of Dwight Eisenhower, who brought us
Richard Nixon with wife and dog.
Any wonder we tried gin.

Versión original
Philip Levine