/ El establo de Pegaso: octubre 2009

sábado, 31 de octubre de 2009

Tres poemas de Hugo Mujica

A dos manos



Esta entrada es a dos manos, porque aunque escrita por mi, se la debo a Luz, una lectora del blog que en uno de sus comentarios anotó algunos de los poetas que le gustaban, entre ellos Hugo Mugica, al que yo no conocía. Pues me ha encantado, Luz, y ya he leído unas cuantas cosas. De momento, hay van tres poemas, una entrevista en vídeo y un enlace a su web.

Bajo los techos

Bajo los techos
se oyen respirar los sueños
en el callar de la noche;

en la calle

un niño,
sin sombra ni rumbo,

recorre el vacío de dios, paso a paso
desanda su esperanza.



Alba

Quieto,
como no moviéndose
para que la sangre no rebase
la boca
Quieto,
como sintiendo un pájaro
herido
en la palma de la mano
sin cerrar la mano
sin abrir los ojos.
hay una fe que es absoluta:
una fe sin esperanza.


Hay perros que mueren de la muerte de su amo

Hay perros
que mueren de la muerte de su amo
cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo
que no se agitan,
tiemblan.
Y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
de un torso de mármol,
son los que lloran cuando creen
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche.
Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
donde morir de carne,
pero no llora como quien lo hace
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño.


Entrevista en Audioteca de Escritores de Buenos Aires



Hugo Mujica, Buenos Aires en 1942

viernes, 30 de octubre de 2009

Alicia de Jan Svankmajer

Un viaje a las profundidades de la mente infantil



Jan Svankmajer (Praga, 1934) escultor, artista gráfico, poeta surrealista y cineasta. Este autor es conocido sobre todo por sus películas de animación en las que mezcla muñecos, actores reales, máquinas, figuras de arcilla y otros muchos elementos utilizando la técnica de stop-motion. Marcadas por el surrealismo y el absurdo, muchas de sus creaciones están inspiradas en obras de autores literarios como Edgar Allan Poe o Wolfgang Goethe.

Aqui van dos fragmentos de su particular visión de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll.

Algo sobre Alicia (1988)
Después de leer el cuento de Lewis Carroll, Alicia se queda dormida en su cuarto rodeada de sus juguetes, y en sueños viaja al País de las Maravillas.








"La animación de los objetos reales, la metamorfosis de sus funciones en el ambiente real, en combinación con el ser humano, crea una irracionalidad concreta, madre de la subversión. La animación es como una magia y el animador, un mago".
Jan Svankmajer




Jan Svankmajer, un amante de la experimentación.

jueves, 29 de octubre de 2009

Marosa Di Giorgio poemas




Mi alma es un vampiro grueso

Mi alma es un vampiro grueso, granate, aterciopelado. Se alimenta de muchas especies y de sólo una. La busca en la noche, la encuentra, y se la bebe, gota a gota, rubí por rubí.
Mi alma tiene miedo y tiene audacia. Es una muñeca grande, con rizos, vestido celeste.
Un picaflor le trabaja el sexo.
Ella brama y llora.
Y el pájaro no se detiene.

Cuando nací había muchísimos higos

Cuando nací había muchísimos higos. No puede ser, me diran, si era invierno y hacía frío.
Sin embargo fue así; estaban en todos los árboles, áun los que no eran higueras, y en medio de las flores. Oscuros, celestes o rosados; algunos desde el origen, traían adherida una violeta o una mosca. O en el punto central entresacaban una perla (nunca lla dieron del todo). O se desprendían girando como astros envueltos en anillos de colores, hasta que casi exánimes tornaban al lugar.
Se sentía un aroma a almíbar y azucenas.
Yo, en medio de mi primer lloro, pues era a los pocos minutos de nacer, dije a mi madre: Hay higos.
Y mi madre miró sonriendo a mi Rosa abuela, y le dijo: Mira lo que dice.
Y mi abuela se aproximó, demasiado, con los ojos bajos, la sonrisa fija, y una tremenda corona de higos negros, gruesos y atormentados.


A veces, en el trecho de huerta...

A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar
a la alcoba, se me aparecían los ángeles.
Alguno, quedaba allí de pie, en el aire, como un gallo
blanco -oh, su alarido-, como una llamarada de azucenas
blancas como la nieve o color rosa.
A veces, por los senderos de la huerta, algún ángel me
seguía casi rozándome; su sonrisa y su traje, cotidianos;
se parecía a algún pariente, a algún vecino (pero, aquel
plumaje gris, siniestro, cayéndole por la espalda
hasta los suelos...). Otros eran como mariposas negras
pintadas a la lámpara, a los techos, hasta que un día
se daban vuelta y les ardía el envés del ala, el pelo,
un número increíble.
Otros eran diminutos como moscas y violetas e iban
todo el día de aquí para allá y ésos no nos infundían miedo,
hasta les dejábamos un vasito de miel en el altar.


Dos poemas en audio de La palabra virtual.



Los hongos nacen en silencio...

Poema en audio: Los hongos nacen en silencio... de Marosa Di Giorgio por Marosa Di Giorgio

Los hongos nacen en silencio; algunos nacen en silencio; otros con un breve alarido, un leve trueno. Unos son blancos, otros rosados, ése es gris y parece una paloma, la estatua a una paloma, la estatua a una paloma; otros son dorados o morados. Cada uno trae -y eso es lo terrible- la inicial del muerto de donde procede. Yo no me atrevo a devorarlos; esa carne levísima es pariente nuestra. Pero, aparece en la tarde el comprador de hongos y empieza la siega. Mi madre da permiso. Él elige como un águila. Ese blanco como el azúcar, uno rosado, uno gris. Mamá no se da cuenta que vende a su raza.


A veces los caballos se reúnen...

Poema en audio: A veces los caballos se reúnen... de Marosa Di Giorgio por Marosa Di Giorgio

Marosa di Giorgio (1932, Salto – 2004, Montevideo)

miércoles, 28 de octubre de 2009

Washington Delgado


Baile de Energía de Íñigo Quilez


Última danza

Ven a danzar aunque la hora
sea precisamente inapropiada.
Ven a danzar y que ardan las ventanas
de este dorado imperio.

Que ardan las alcobas, los salones,
los delicados muebles del palacio,
las damas, las doncellas y los pajes
de soñada belleza.



Muerto del mar

Vivo en lo que siempre vive:
el árbol, el gusano, la estrella.

Soy el muerto del mar:
mi muerte no da una flor sobre la tierra.

Por las aguas se extiende:
cada minuto alguien
en ella bebe o se mira en ella.


****

Aquí soy un hombre. Tomad
y comed de mi zapato que es también
mi cuerpo, que es también mi sangre
y mi sueño más puro y mi guitarra.


Washington Delgado (Cuzco, 1927 –Lima, 2003)

martes, 27 de octubre de 2009

Cintio Vitier poemas


Foto: Lisbeth Salas-Soto



Allí donde la vida es la palabra ya en desuso,
la palabra del detritus y el silencio
que olfatean los perros, que desuella la luz
sentenciosa y delirante como ultrajada madre;
allí donde maduro el arlequín
disfrazado de tiempo y de mendigo
mira al caballo que resbala en la calle húmeda, sonríe
vagamente al nacimiento de un sonido
que es el sol de los ancianos,
yo miraba el arco de la medialuna y repetía:
voy a morir como la flor.

El mar a lo lejos aún suspira
fatigosamente incorporándose y cayendo en la penumbra.
Y el rosa desabrido que levanta
una página delgada y polvorienta en la memoria,
velado y hosco el mediodía, remolino de su bestia pura,
las tardes de redes y de viento como flor de espacio,
aún me imponen la dulzura de sentir
la palabra del escándalo saliendo de las últimas bujías
que batallan con la respiración del tiempo entre las rocas.

«Voy a oír como la flor», y contemplaba
las desérticas mujeres que barren y resisten
hasta que sus ojos alcanzan el esplendor de la luna
y un carruaje silencioso rompe ante sus labios la ciudad
remota

@@@@@@@@@@@@@@@

Estalla la ola en arrecife
que sale de la noche como deslumbrante sílaba
de la palabra que me apresa. El tiempo
de la flor está pasando
en el hogar cerrado, en la mansión vacía
de memoria.

¿Qué palabras,
qué vírgenes de sueño y de sonido
resistirían el contacto de una gota de este mar
o el soplo del espacio despertado? ¿Qué argumento
―aun aquél, ilegible, con que el hombre
quema la eternidad de su deseo en una calle
fabulosa, mordida por la nada― y el escándalo en sus ojos
le deslumbra la historia?

Mi soledad entretejida
por el iris fugaz del imposible
con la gloria de las bestias absolutas en el agua y en el viento,
abre el frío desierto de los nombres.

Afuera está el tesoro, vivas alas de olvido,
fauces totales de la lejanía.

El tiempo
de la flor está pasando; la ola estalla,
otra vez, en lo oscuro.


PRELUDIOS, poemas de Cintio Vitier publicados en Adamar, revista de creación.


Otro

Nunca estoy conmigo. Otro.

El otro, por dentro, afuera,
entre, despertando olvido.

Voy y vengo, descompuesto,
juguete de imán profundo, niño.

Otro. Nunca estamos juntos.


LA HOJA

Cómo suenas y resuenas
hoja callada

Cómo vuelas y viajas hoja inmóvil
Cómo vives -inerte

Hoja Delfos
Hoja oreja
Hoja iris
Hoja gnomon
Hoja lira
Hoja noche
Hoja rehén
Hoja ardiendo
Hoja helada
Hoja pacto
Hoja puente
Hoja rehén
Hoja indivisa
Hoja fragmento
Hoja rendida
Hoja invencible
Hoja de espada
Hoja de sed
Hoja luto
Hoja sol
Hoja extinta

Cómo atormentas

La Hoja y Las Palabras, publicado en la Revista de poesía La isla Infinita

Cintio Vitier (Cayo Hueso, Florida,1921-La Habana, 1 de octubre de 2009) fue miembro de la redacción de la revista Orígenes, dirigida por José Lezama Lima y José Rodríguez Feo, y colaboró también en otras muchas revistas literarias cubanas, como Espuela de Plata.

sábado, 24 de octubre de 2009

Anuari de Teresa Wilms Montt




I

Apareciste Anuarí, cuando yo con mis ojos ciegos y las manos tendidas te buscaba.
Apareciste, y hubo en mi alma un estallido de vida. Se abrieron todas mis flores interiores,
y cantó el ave de los días festivos.
Me amaste, Anuarí, y alcanzé la Gloria suspendida en tus brazos.
Desapareciste, y quedé sola, los ojos naúfragos en noche de lágrimas.
Bondadosa ha vuelto tu sombra, entre ella y el sepulcro espera una hora mi alma.

XV

Estoy enferma. Mi mano, ardiente, resbala
en triste desmayo sobre los libros donde me
refugio, para aturdirme y olvidar.
No trato de abrirlos, es inútil: los adivino.
¡Qué pueden decirme que sustraiga mi pensamiento
de tu recuerdo? Sólo lograrian dejar
una negra mancha de tinta en mis pupilas luminosas
de tu imagen. Mi dolor se hace agónico;
mi tristeza se despedaza como las túnicas
de los mártires desgarradas por las fieras del
circo.
Me pesan las sienes como si las oprimieran
los dedos de un coloso, y como losas funerarias
caen mis párpados.
¡Anuari, Anuari!
Las penas hacen pesada mi sangre, como
si circulara por mis venas lava fria.
Estoy enferma. A mi alrededor canta la vida,
impiadosa, cruel, en su inconsciencia de
diosa eternamente joven y alegre.
Ese desordenado bullicio me hace pensar
en la profanación de cadáveres por un saltimbanqui
ebrio.
La vibración del dolor ha destruido la orquestación
divina, que, en lirica unión con
todas mis cuerdas intimas, amenizaba las fiestas de mi alma.
Estoy tan triste, como una paloma a quien
sorprende la tormenta, sola y fuera del nido


Anuarí, de Teresa Wilms Montt. Poemario editado en 1918 con prólogo de Ramón del Valle-Inclán. La introducción es Luzmaría Jiménez Faro. Editado por Torremozas.





Teresa, la película

La directora Tatiana Gaviola ha realizado Teresa, un film basado en la vida de Teresa Wilms Montt, encarnada en la ficción por la actriz Francisca Lewin.



Teresa Wilms Montt (Viña del Mar, 8 de septiembre de 1893 - París, 24 de diciembre de 1921) fue una escritora chilena, transgresora y rebelde con una vida intensa y apasionante. Frecuentó tertulias y ateneos, se adscribió a los ideales anarquistas y a la masonería; fue apartada de sus hijas y enclaustrada en un convento por su marido, de donde escapó con la ayuda de Vicente Huidobro. Viajó a Buenos Aires, Nueva York, Barcelona, París y Madrid, lugares donde participó de la vida bohemia, causando sensación entre los hombres que la conocieron.
En España tuvo relación con Azorín, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Pío Baroja, Julio Romero de Torres, quien la retrató y, sobre todo, Enrique Gómez Carrillo y Ramón del Valle-Inclán. Se suicidó a los 28 años en París.





Este es mi diario
En sus páginas se esponja la ancha flor de
la muerte diluyéndose en savia ultraterrena y
abre el loto del amor, con la magia de una
extraña pupila clara frente a los horizontes.
Es mi diario. soy yo desconcertantemente
desnuda, rebelde contra todo lo establecido,
grande entre lo pequeño, pequeña ante el infinito..
soy yo ...

El libro Lo que no se ha dicho fue publicado por Editorial Nacimiento en 1922, e incluye Páginas de mi diario; Con las manos juntas; Los tres cantos; Del diario de Sylvia y Anuari. Puede leerse en formato PDF en Memoria Chilena

Alejandro Lattapier




Dime,
cual derrumbe de alas en los arrabales,
cual marejada en la alcoba sesgo de peonías.
Apoyada en la verja convocadas las horas,
dime,
como océanos a tus albos derroteros,
dime,
qué fardos pregonan el milagro de tus frisos:
fatigadas ceremonias de almohada a medianoche.
- Oculta grieta dime:-
en el run run de idiotas ángeles cuando los columpios…
en el tubérculo de luz en el corazón del jardín.
Dime.

Alejandro Lattapier (Valparaíso, 1983)

Dos poemas de Adonis


Pintura de Joan Artigues



Estación de los estados espirituales


I
—El tiempo es arcilla y el cielo, herrumbre. ¿Qué hacer?
—Volverse trueno, agua, objeto vivo.
—¿Y cuando las distancias estén vacías hasta de sombra?
—Llenarlas con un ojo que cubra los puntos cardinales,
llenarlas con fantasmas sacados del rostro
y las caderas
que cuiden del sueño y de la memoria de los árboles.
—¿Y cuando este mundo no te sea favorable?
—Me recrearé en mis ojos para duplicar en ellos en universo:
veré dos veces el cielo,
y la tierra dos veces.
—Sólo yo
seré único.
—¿Y cuando no tengas más amigos que las piedras?
—Gritaré: ¡Molusco! ¡Yo soy tu parte de blanda!
Y orientaré mis cuernos al sol.


Clima de los brotes

Por aquí pasó Ícaro.
Acampó bajo las hojas lívidas,
inhaló el aroma del fuego
en las alcobas del verdor, en los brotes suaves.
Agitó, sacudió el tronco, buscó refugio,
plegó sobre sí las alas cual tienda de campaña.
Embriagóse luego y echó a volar?

Pero no se abrasó —aún no— Ícaro.


Adonis, seudónimo de Ali Ahamad Saíd Ésber (Qasabín, Siria, 1930)

martes, 20 de octubre de 2009

De la serie peroratas de Mayte Bayón

Mayte Bayón prepara una creación escénica sobre las PERORATAS que presentará el 9 de diciembre en el teatro Xesc Forteza, en los encuentros de compositores que cada año organiza ACA. De momento, ahí van dos de la serie.





Apretar, arrebujar el lugar recóndito donde suceden las milagros, la

cadencia prodigiosa de los hechos.

Amortajar el dolor y olvidarlo en una habitación oscura.

Lluvia que cae somnolienta, que resguarda los ojos penetrantes del

abismo, la sima barroca donde yacen los secretos, allí donde el

tormento late.




Suave vientecillo de sombra, tintineo de hojas y de trinos, rincón que

ampara y abre una puerta de penumbra.

Estar ahí sin merecer nada, saborear el aleteo, el suceder discreto de

las sutilísimas horas, tiempo prodigioso que separa y ahuyenta las

rencillas, que discurre en lo oscuro iluminando.

Permanecer sin soñar, sin apenas sentir, más que el murmullo que

vive y que resbala.

Danza Manza

domingo, 18 de octubre de 2009

Charles Baudelaire

El albatros y dos poemas más




EL ALBATROS

A veces, por distraerse, suelen los marineros
cazar albatros, grandes aves del mar,
que siguen, como indolentes compañeros de viaje,
al barco que navega por los abismos amargos.

Apenas los arrojan sobre la cubierta,
estos reyes del azul torpes y avergonzados,
arrastran penosamente las alas
grandes alas blancas semejantes a remos.

¡Qué torpe y débil este viajero alado!
antes tan bello, ¡qué grotesco y que feo!
Uno le provoca quemándole en el pico con la pipa,
otro, cojeando, imita su vuelo inválido.

El Poeta es semejante al príncipe de las nubes
que domina la tempestad y se ríe del arquero;
desterrado en el suelo, en medio de las burlas,
sus alas de gigante le impiden caminar.

De Las Flores del Mal

L'Albatros

Souvent, pour s'amuser, les hommes d'équipage
Prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,
Qui suivent, indolents compagnons de voyage,
Le navire glissant sur les gouffres amers.

A peine les ont-ils déposés sur les planches,
Que ces rois de l'azur, maladroits et honteux,
Laissent piteusement leurs grandes ailes blanches
Comme des avirons traîner à côté d'eux.

Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule!
Lui, naguère si beau, qu'il est comique et laid!
L'un agace son bec avec un brûle-gueule,
L'autre mime, en boitant, l'infirme qui volait!

Le Poète est semblable au prince des nuées
Qui hante la tempête et se rit de l'archer;
Exilé sur le sol au milieu des huées,
Ses ailes de géant l'empêchent de marcher.




El extranjero

-¿Qué amas más, di, hombre enigmático? ¿A tu padre,
a tu madre, a tu hermana, a tu hermano?
-No tengo ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano.
-¿A tus amigos?
-Utiliza una palabra cuyo sentido desconozco.
-¿A tu patria?
-Ignoro la latitud en que se encuentra.
-¿A la belleza?
-La amaría de buena gana, diosa e inmortal.
-¿A el oro?
-Lo aborrezco tanto como usted aborrece a Dios.
-¿Entonces qué amas, extraordinario extranjero?
-Amo las nubes... las nubes que pasan... allá... allá lejos
las maravillosas nubes.

De Spleen de París

L'étranger por Leo Ferré



L'étranger

- Qui aimes-tu le mieux, homme enigmatique, dis? ton père, ta mère, ta soeur ou ton frère?
- Je n'ai ni père, ni mère, ni soeur, ni frère.
- Tes amis?
-Vous vous servez là d'une parole dont le sens m'est resté jusqu'à ce jour inconnu.
- Ta patrie?
- J'ignore sous quelle latitude elle est située.
- La beauté?
- Je l'aimerais volontiers, déesse et immortelle.
- L'or?
- Je le hais comme vous haïssez Dieu.
- Eh! qu'aimes-tu donc, extraordinaire étranger?
- J'aime les nuages... les nuages qui passent... là-bas... là-bas... les merveilleux nuages


Elevación

Por encima de lagos, por encima de valles,
De montañas y bosques, de nubes, de mares
Más allá del sol, más allá del éter,
Más allá del confín de las esferas estrelladas,

Te desplazas, mi espíritu, con toda agilidad
Y como un nadador que se desvanece en la ola,
Alegremente surcas la inmensidad profunda
Con voluptuosidad indecible y viril.

Vuela lejos de estas miasmas mórbidas,
Sube a purificarte al aire superior
Y apura, como un licor puro y divino
La luz brillante que inunda los límpidos espacios.

Detrás de los tedios y los hondos pesares
Que cargan con su peso la existencia brumosa,
¡Dichoso aquel que puede con ala vigorosa
Lanzarse hacia los campos luminosos y calmos!

Aquel cuyas ideas, cual si fueran alondras,
Levantan hacia el cielo matutino su vuelo
-¡Que planea sobre la ida, y comprende sin esfuerzo,
el lenguaje de las flores y de las cosas mudas!


Élévation


Au-dessus des étangs, au-dessus des vallées,
Des montagnes, des bois, des nuages, des mers,
Par delà le soleil, par delà les éthers,
Par delà les confins des sphères étoilées,

Mon esprit, tu te meus avec agilité,
Et, comme un bon nageur qui se pâme dans l'onde,
Tu sillonnes gaiement l'immensité profonde
Avec une indicible et mâle volupté.

Envole-toi bien loin de ces miasmes morbides;
Va te purifier dans l'air supérieur,
Et bois, comme une pure et divine liqueur,
Le feu clair qui remplit les espaces limpides.

Derrière les ennuis et les vastes chagrins
Qui chargent de leur poids l'existence brumeuse,
Heureux celui qui peut d'une aile vigoureuse
S'élancer vers les champs lumineux et sereins;

Celui dont les pensers, comme des alouettes,
Vers les cieux le matin prennent un libre essor,
— Qui plane sur la vie, et comprend sans effort
Le langage des fleurs et des choses muettes!

Charles Baudelaire (1821-1867)



Hace años conseguí en una librería de viejo un ejemplar de Les fleurs du mal, ilustrado con unas maravillosas acuarelas de LABOCCETTA. A este libro pertenece la portada y esta última imagen.

viernes, 16 de octubre de 2009

Tres poemas de Marguerite Yourcenar



El poema del yugo

Las mujeres de mi país llevan sobre los hombros un yugo;
Su corazón pesado y lento oscila entre esos dos polos;
A cada paso, dos grandes baldes de leche chocan
Uno con otro contra sus rodillas;
El alma materna de las vacas, la espuma del pasto masticado,
Brotan en olas nauseosas dulces.

Soy igual que la sirvienta de la granja;
A lo largo del dolor me avanzo de un paso firme;
El balde del lado izquierdo está lleno de sangre;
Puedes beber y saciarte de ese pujante jugo.
El balde del lado derecho está lleno de hielo;
Puedes inclinarte y contemplar tu rostro laso.
Así voy entre mi destino y mi suerte,
Entre mi sangre caliente y líquida y mi amor límpido muerto.
Y cuando esté segura que ni espejo ni bebida
Pueden ya distraer o sosegar tu corazón salvaje,
No quebraré el espejo resignado,
No volcaré el balde donde sangró toda mi vida.
Iré llevando mi balde de sangre en la noche negra
Allí donde están los muertos que en él a beber vendrán.
Iré donde están las olas con mi balde de hielo;
El breve gemido de la orilla será menos dulce que mi llanto;
Un rostro pálido grande se asomará a la duna
Y ese espejo, que ya no quieres, reflejará la faz calma de la luna.


Erótico

Tú la avispa y yo la rosa;
Tú el mar, yo la escollera;
En la creciente radiosa
Tú el Fénix, yo la hoguera.
Tú el Narciso y yo la fuente,
En mis ojos tú brillando;
Tú el río y yo el puente;
Yo la onda en mí nadando.
Y tú el sol y la sal
Y en los labios el caudal
Del rumor meciendo el juego.
Yo el pájaro y el cielo
Azul cruzando su vuelo,
Como el alma atiza el fuego.


Hospes comesque

Cuerpo llevando el alma, siempre vanamente
Vuelvo a pensar en ti y te vuelvo a olvidar;
Corazón infinito en el cáliz naciente;
Boca que busca el nuevo verbo de besar.

Mares de navegar, fuentes para beber;
Trigo y vino ritual en la mesa mezclados;
Refugio de dulzura el vago adormecer;
Tierra que se despliega en los pasos alados.

Aire que me llenas de espacio y de equilibrio;
Nervios por donde viaja el cóncavo delirio;
Mirada interrumpida en el vasto universo.

Cuerpo, compañero, juntos nos moriremos.
No puedo no querer la sombra que tenemos,
No apresar con ella el resplandor de un verso.

Marguerite Yourcenar (Bruselas,1903 - Estados Unidos, 1987)

Traducción de Silvia Barón-Supervielle

martes, 13 de octubre de 2009

donde la siesta del fauno de Enrique Fierro




donde la siesta del fauno
la siesta del fauno donde la luz de Austin
la luz de Austin donde pecho palpitante
pecho palpitante donde los tristes trópicos
los tristes trópicos donde la nieve blanca
la nieve blanca donde caballo muerto
caballo muerto donde tarde secreta
tarde secreta donde mi prima Gladys
mi prima Gladys donde los días crueles
los días crueles donde deslices varios
deslices varios donde amores y espanto
amores y espanto donde la Vía Láctea
la Vía Láctea donde la piel que toco
la piel que toco donde no fuiste nadie
no fuiste nadie donde te dije todo
te dije todo donde los propios ojos
los propios ojos donde nada se sabe
nada se sabe donde fisura y corte
fisura y corte donde la letanía
la letanía donde nunca llegaste
nunca llegaste donde los pocos muchos
los pocos muchos donde Montevideo
Montevideo donde la cabellera
la cabellera donde la pesadilla
la pesadilla donde fosa común
fosa común donde todo es mentira
todo es mentira donde blanco y celeste
blanco y celeste donde vino y se fue
vino y se fue donde carta perdida
carta perdida donde insecto de la nada
insecto de la nada donde dos orquestas
dos orquestas donde la siesta del fauno

Enrique Fierro (Montevideo, 1942),

viernes, 9 de octubre de 2009

Herta Müller



La Academia Sueca otorga el Nobel a Herta Műller por «dibujar los paisajes del desamparo con la concentración de la poesía y la objetividad de la prosa». Aunque había oído hablar de esta autora, la verdad es que nunca había leído nada suyo. Y lo que tienen los premios, comienzas a buscar información, en este caso algún texto para hacerte una idea. En el Cultural.es encontré varios fragmentos traducidos al castellano por Juan José del Solar. Transcribo uno que pertenece a El hombre es un gran faisán en el mundo.


EL BACHE

En torno al monumento a los caídos han crecido rosas. Forman un matorral tan espeso que asfixian la hierba. Son flores blancas y menudas, enrolladas como papel. Y crujen. Estás amaneciendo. Pronto será de día.

Cada mañana, cuando recorre en solitario la carretera que lleva al molino, Windisch cuenta qué día es. Frente al monumento a los caídos cuenta los años. Detrás de él, junto al primer álamo donde su bicicleta cae siempre en el mismo bache, cuenta los días. Por la tarde, cuando cierra el molino, Windisch vuelve a contar los días y los años.

Ve de lejos las pequeñas rosas blancas, el monumento a los caídos y el álamo. Y los días de niebla tienen el blanco de las rosas y el blanco de la piedra muy pegados a él cuando pasa pedaleando por en medio. La cara se le humedece y él pedalea hasta llegar. Dos veces se quedó en pura espina el matorral de rosas, y la mala hierba, debajo, parecía aherrumbrada. Dos veces se quedó el álamo tan pelado que su madera estuvo a punto de resquebrajarse. Dos veces hubo nieve en los caminos.

Windisch cuenta dos años frente al monumento a los caídos, y doscientos veintiún días en el bache, junto al álamo.

Cada día, al ser remecido por el bache, Windisch piensa: “El final está aquí”. Desde que se propuso emigrar ve el final en todos los rincones del pueblo. Y el tiempo detenido para los que quieren quedarse. Y Windisch ve que el guardián nocturno se quedará ahí hasta más allá del final.

Y tras haber contado doscientos veintiún días y ser remecido por el bache, Windisch se apea por primera vez. Apoya la bicicleta contra el álamo, sus pasos resuenan. Del jardín de la iglesia alzan el vuelo unas palomas silvestres. Son grises como la luz. Sólo el ruido permite diferenciarlas.

Windisch se santigua. El picaporte está húmedo. Se le pega en la mano. La puerta de la iglesia está cerrada con llave. San Antonio está al otro lado de la pared. Tiene un lirio blanco y un libro marrón en la mano. Lo han encerrado.

Windisch siente frío. Mira a lo lejos. Donde acaba la carretera, las olas de hierba se quiebran sobre el pueblo. Allí al final camina un hombre. El hombre es un hilo negro que se interna entre las plantas. Las olas de hierba lo levantan por encima del suelo.

Pertenece a El hombre es un gran faisán en el mundo. Editado por Siruela, 1992. La traducción es Juan José del Solar y el texto está tomado de El Cultural.es

miércoles, 7 de octubre de 2009

Henri Michaux




La pereza

El alma adora nadar.
Para nadar es preciso extenderse sobre el vientre. El alma se disloca y huye. Huye nadando. (Si vuestra alma huye cuando os encontráis de pie, o sentados, o con las rodillas o los codos doblados, para cada posición corporal diferente el alma partirá con un modo de andar y una forma también diferentes; esto lo estableceré más tarde).
Se habla a menudo de volar. No es eso. Lo que hace el alma es nadar. Nada como las serpientes y las anguilas; nunca de otro modo.
Numerosas personas tienen así un alma que adora nadar. Se las denomina vulgarmente perezosas. Cuando el alma a través del vientre abandona el cuerpo para nadar, se produce una liberación tal de no sé qué; es como un abandono, como un goce, como una relajación tan íntima...
El alma va a nadar en la caja de la escalera o en la calle, según la timidez o la audacia del hombre, pues siempre guarda un hilo entre ella y él, y si este hilo se rompiese (es a menudo muy delgado aunque se precisaría una fuerza espantosa para romperlo) sería terrible para ambos (tanto para ella como para él).
Cuando se encuentra pues el alma nadando a lo lejos, gracias a este simple hilo que liga al hombre con el alma, se derraman volúmenes y volúmenes de una especie de materia espiritual, como el barro, como el mercurio o como el gas -goce sin fin.
Por eso el perezoso vuélvese cerril. No cambiará nunca. Por eso es también que la pereza es la madre de todos los vicios. ¿Hay acaso algo más egoísta que la pereza?
La pereza tiene también fundamentos que el orgullo no posee.
Pero siempre la gente se encarniza con los perezosos.
Cuando están recostados los golpean, les echan agua fría sobre la cabeza; no les queda otra cosa que apresurarse a hacer regresar su alma. Os miran entonces con esa mirada de odio tan conocida y que observamos particularmente en los niños..

Henri Michaux, Mis propiedades (1930)

La paresse

L'âme adore nager.
Pour nager on s'étend sur le ventre. L'âme se déboîte et s'en va. Elle s'en va en nageant. (Si votre âme s'en va quand vous êtes debout, ou assis, ou les genoux ployés, ou les coudes, pour chaque position corporelle différente l'âme partira avec une démarche et une forme différentes c'est ce que j'établirai plus tard.)
On parle souvent de voler. Ce n'est pas ça. C'est nager qu'elle fait. Et elle nage comme les serpents et les anguilles, jamais autrement.
Quantité de personnes ont ainsi une âme qui adore nager. On les appelle vulgairement des paresseux. Quand l'âme quitte le corps par le ventre pour nager, il se produit une telle libération de je ne sais quoi, c'est un abandon, une jouissance, un relâchement si intime.
L'âme s'en va nager dans la cage de l'escalier ou dans la rue suivant la timidité ou l'audace de l'homme, car toujours elle garde un fil d'elle à lui, et si ce fil se rompait (il est parfois très ténu, mais c'est une force effroyable qu'il faudrait pour rompre le fil), ce serait terrible pour eux (pour elle et pour lui).
Quand donc elle se trouve occupée à nager au loin, par ce simple fil qui lie l'homme à l'âme s'écoulent des volumes et des volumes d'une sorte de matière spirituelle, comme de la boue, comme du mercure, ou comme un gaz - jouissance sans fin.
C'est pourquoi le paresseux est indécrottable. Il ne changera jamais. C'est pourquoi aussi la paresse est la mère de tous les vices. Car qu'est-ce qui est plus égoïste que la paresse ?
Elle a des fondements que l'orgueil n'a pas.
Mais les gens s'acharnent sur les paresseux.
Tandis qu'ils sont couchés, on les frappe, on leur jette de l'eau fraîche sur la tête, ils doivent vivement ramener leur âme. Ils vous regardent alors avec ce regard de haine, que l'on connaît bien, et qui se voit surtout chez les enfants.

Henri Michaux, Mes propriétés (1930)




Príncipe de la noche

Prícipe de la noche, del doble, de la glándula de estrellas,
de la sede de la Muerte,
de la columna inútil, de la pregunta suprema.

Príncipe de la corona rota
del reino dividido,de la mano de madera.

Príncipe petrificado vestido de pantera.
Prínipe perdido.

Prince de la nuit

Prince de la nuit, du double, de la glande
aux étoiles,
du siège de la Mort,
de la colonne inutile, de l'interrogation suprême.

Prince de la couronne rompue
du règne divisé, de la main de bois.

Prince pétrifié à la robe de panthère.
Prince perdu.

Henri Michaux (Bélgica,1899, París,1984)

lunes, 5 de octubre de 2009

A Mercedes Sosa In Memoriam

Zamba para no morir





Romperá la tarde mi voz
hasta el eco de ayer
voy quedándome sólo al final
muerto de sed, harto de andar
pero sigo creciendo en el sol, vivo

era el tiempo viejo la flor
la madera frutal
luego el hacha se puso a golpear
verse caer, sólo rodar
pero el árbol reverdecerá, nuevo


Al quemarse en el cielo la luz del día, me voy
con el cuero asombrado me iré
ronco al gritar que volveré
repartida en el aire al gritar, siempre

Mi razón no pide piedad
se dispone a partir
no me asusta la muerte ritual
sólo dormir, verme borrar
una historia me recordará, vivo

veo el campo, el fruto, la miel
y estas ganas de amar
no me puede el olvido vencer
hoy como ayer, siempre llegar
en el hijo se puede volver, nuevo

(San Miguel de Tucumán, 9 de julio de 1935 – Buenos Aires, 4 de octubre de 2009)

domingo, 4 de octubre de 2009

Día Mundial de los Animales




Yma Sumac canta Birds, un tema grabado en los años 50.



Esta cantante peruana poseía unas extraordinarias facultades vocales que desarrolló desde niña cuando trataba de imitar el canto de los pájaros. Yma Sumac ha sido -que se tenga constancia- la única interprete que ha conseguido la triple coloratura, que es el trino de las aves.



OINDI


Soy las garras del Águila y el Ángel
¡ Gran Espíritu ven a mí !
Atravesando el espacio saturado de códigos
OINDI
Con mis alas custodio la casa de los dioses.
Danzo con la cobra.
Me interno en la noche con el cuervo
y regreso al alba con el lobo.
A través de mis ojos
son todos los animales de la tierra.
Elevo su espíritu hacia el Gran Espíritu
para que sean oídas sus súplicas en la casa del aire.

Planeo con tu soplo en la geometría del cielo
dibujando con la estrella de mar
los espacios sagrados que recuerdan al Alma.
Creando con el tigre las dunas del desierto,
con la ballena blanca los glaciares.
Y el mar viene a mí,
y el bosque viene a mí,
y la gran llanura viene a mí...

Y elevo con mis alas los paisajes
para que visiten los sueños de los seres que habitan la tierra.
Y a través de mis ojos son todos los lugares
porque desgarro la línea donde comienzan los límites.

¡ Gran Espíritu ven a mí !
a danzar con la cobra.
OINDI