La Tercera Orilla del Río
A terceira margem do rio
Hueco de palo que dice
Soy madera, orilla
Buena, profunda, triste
Trazo certero.
De orilla a orilla el río ríe
Silencioso, serio
Nuestro padre no dice, dice
Trazo certero
Agua de la palabra
Agua parada pura
Agua de la palabra
Agua de rosa dura
Proa de la palabra
Duro silencio, nuestro padre
Margen de la palabra
Entre las dos oscuras
Márgenes de la palabra
Clara luz madura
Rosa de la palabra
Puro silencio nuestro padre
De orilla a orilla el río ríe
Entre los árboles de la vida
El río ríe
Sobre la traza de la canoa
El río vió, vi
Lo que nadie jamás olvida
Oí, oí, oí
La voz de las aguas
Ala de la palabra
Ala parada ahora
Casa de la palabra
Donde el silencio habita
Brasa de la palabra
La hora clara, nuestro padre
Hora de la palabra
Cuando nada se dice
Fuera de la palabra
Cuando de lo más íntimo aflora
Tronco de la palabra
Río, trazo enorme nuestro padre.
@2@2@2@2@2@
Oco de pau que diz
Eu sou madeira, beira
Boa, da vau, triste
Risca certeira
Meio a meio o rio ri
Silencioso serio
Nosso pai não diz, diz
Risca terceira
Agua da palavra
Agua parada pura
Agua da palavra
Agua de rosa dura
Proa da palabra
Duro silencio, nosso pai
Margem da palabra
Entre as escuras duas
Margens da palabra
Clareira luz madura
Rosa da palabra
Puro silencio nosso pai
Meio a meio o río ri
Por entre as arvores da vida
O río ri
Por sob a risca da canoa
O río viu, vi
O que ninguém jamais olvida
Ouvi, ouvi, ouvi
A voz das aguas
Asa da palabra
Asa parada agora
Casa da palabra
Onde o silencio mora
Brasa da palabra
A hora clara, nosso pai
Hora da palavra
Quando não se diz nada
Fora da palabra
Quando mais dentro aflora
Tora da palavra
Rio, pau enorme nosso pai
De Caetano Veloso y Milton Nascimento
La tercera orilla del río pequeño cuento de Guimarães Rosa del año 1961. Caetano Veloso compuso un bellisimo tema basado en él.
LA TERCERA ORILLA DEL RIO (Joao Guimaraes Rosa)
Nuestro padre era un hombre cumplidor, ordenado, positivo y fue así desde jovencito y niño, por lo que testimoniaron las diversas personas sensatas, cuando indagué la información. De lo que yo mismo recuerdo, él no parecía más extravagante ni más triste que los otros, conocidos nuestros. Solamente quieto. Era nuestra madre la que mandaba y quien a diario regañaba a mi hermana, a mi hermano y a mí. Pero ocurrió que, cierto día, nuestro padre mandó que se le hiciera una canoa…… Era en serio.
Encargó la canoa, una especial, de cedro rojo, pequeña, sólo con la tablilla de popa, para que cupiera justo el remero. Tuvo que ser fabricada toda ella, elegida fuerte y arqueada en rígido, apropiada para durar en el agua unos veinte o trienta años. Nuestra madre mucho renegó contra la idea. ¿Sería posible que él, que no se ocupaba de esas artes, se iba a proponer ahora pesquerías y cacerías? Nuestro padre nada decía. Nuestra casa, en ese tiempo, estaba aún más cercana al río, cosa de menos de cuarto de legua: el río por ahí se extendía grande, hondo, callado siempre. Ancho, de no poder verse la otra orilla.
Y no puedo olvidarme del día en que la canoa quedó lista…… Sin alegría, sin inquietud, nuestro padre se caló el sombrero y decidió un adios. No dijo otras palabras, ni se llevó provisiones y ropas, ni nos hizo ninguna recomendación. Nuestra madre, pensé que iba a gritar, pero persistió, solamente alba de tan pálida, mordió el labio y bramó: -”¡Vete, puedes quedarte, no vuelvas más!” Nuestro padre contuvo la respuesta. Me miró, manso, haciendo ademán de que lo acompañara, sólo algunos pasos.
Temí la ira de nuestra madre, pero, de golpe, mañoso, obedecí. El rumbo de aquello me animaba, me asaltaba una idea y pregunté: -”Padre, ¿puedo ir con usted en esa canoa?” Volvió a mirarme y me dio la bendición, con un gesto me mandó de regreso. Hice como que vine, pero di la vuelta en la gruta del monte para saber. Nuestro padre entró en la canoa, la desamarró para remar. Y la canoa salió alejándose, lo mismo su sombra, como un yacaré, extendida larga…… Nuestro padre no regresó. No iba a ninguna parte. Sólo ejercitaba la invención de permanecer en aquellos espacios del río, de medio a medio, siempre en la canoa, para no salir de ella nunca más. Lo extraño de esa verdad espantó a la gente. Aquello que no había, acontecía. Los parientes, vecinos y conocidos nuestros, se reunieron, y juntos se aconsejaron.
Nuestra madre, avergonzada, se portó con mucha cordura; por eso todos atribuyeron a nuestro padre el motivo del que no querían hablar: locura. Unos consideraban que podría tratarse del cumplimiento de alguna promesa o que, nuestro padre, tal vez, por escrúpulo de alguna enfermedad, como ser lepra, despertaba para otra suerte de vida, cerca y lejos de su familia…… Las voces de las noticias eran dadas por ciertas personas -pasantes, moradores de las riberas, incluso en la lejanía del otro lado- diciendo que nuestro padre nunca surgía a buscar tierra, en ningún punto o rincón, ni de día, ni de noche, del modo como cursaba el río, libre, solitario. Entonces, nuestra madre y los parientes nuestros concluyeron: que las provisiones que estuvieran escondidas en la canoa se gastarían; y, él, o desembarcaba y se alejaba yéndose para siempre, lo que por lo menos se correspondía con lo correcto, o se arrepentía, de una vez, y volvía a casa…… Eso era un engaño.
Yo mismo cumplía con llevarle, cada día, un tanto de comida hurtada: idea que tuve, ya en la primera noche, cuando nuestra gente probó con prender fogatas a la orilla del río, mientras que a su claridad, se rezaba y se llamaba. Después, seguido, aparecí con pilocillo, pan de maíz, penca de plátanos. Avisté a nuestro padre, al fin de una hora, muy tardada de transcurrir: así solo, él allá a lo lejos, sentado en el fondo de la canoa, detenida en el liso del río. Me vio, no remó hacia acá, no hizo señas. Le enseñé la comida, la deposité en una cueva de piedras en la barranca, a salvo de alimañas, de lluvia y rocío.
Eso, hice y rehice siempre, mucho tiempo. Sorpresa que más tarde tuve: nuestra madre sabía de esa agencia, disimulaba no saberla; ella misma dejaba, facilitadas, sobras de cosas, para que yo las consiguiese. Nuestra madre no se manifestaba mucho…… Hizo venir a nuestro tío, su hermano, para ayudar en la hacienda y en los negocios. Hizo venir al maestro para nosotros, los niños. Encomendó al cura que un día se paramentase, en la orilla, para conjurar y rogar a nuestro padre que desistiera de la entristecedora porfía. Otra vez, por disposición de ella, para amedrentar, vinieron los dos soldados.
Todo lo cual no valió de nada. Nuestro padre pasaba a lo largo, entrevisto o desleído, cruzando en la canoa, sin dejar que se acercase nadie a la mano o a la voz. Incluso cuando estuvieron, no hace mucho, dos hombres del periódico, que trajeron lancha y pretendían retratarlo, no vencieron: nuestro padre desaparecía por el otro lado, aproaba la canoa en el brezal, de leguas, que hay, por entre juncos y matorrales, y él solo conocía, a palmos, su oscuridad…… Tuvimos que acostumbrarnos a aquello. A las penas, que aquello trajo, uno nunca se acostumbró, es verdad. Lo sé por mí, que lo quería, y lo que no quería, sólo con nuestro padre lo hallaba; esto tironeaba mis pensamientos para atrás. Lo duro era no entender, de ninguna manera, cómo él aguantaba. De día y de noche, con sol o aguaceros, calor, escarcha, y en los teribles fríos de la mitad del año, sin protección, sólo con el sombrero viejo en la cabeza, por todas las semanas, y meses, y los años -sin tener en cuenta su irse del vivir.
No bajaba en ninguna de las orillas, ni en las islas y los bajíos del río, nunca más pisó suelo o pasto. Claro, que al menos, para dormir, su poco, él debería amarrar la canoa en alguna punta de la isla, en lo escondido. Pero ni prendía fueguito en la playa, ni disponía de luz fabricada, nunca más raspó un cerillo. Lo que comía era casi; aun de lo que uno depositaba entre las raíces de la ceiba o en la gruta de la barranca, él recogía poco, ni lo suficiente. ¿No se enfermaba? Y la constante fuerza de los brazos, para mantener derecha a la canoa, resistente, aún en la demasía de las arroyadas, en el subir de las aguas, ahí cuando, en la embestida de la enorme corriente del río, todo arrolla el peligroso, aquellos cuerpos de animales muertos y troncos de árboles bajando -en espanto, en encuentro. Y jamás habló palabra con persona alguna. Nosotros, tampoco, hablamos más de él. Sólo pensábamos. No, nuestro padre no podía borrársenos, y si, por un rato, uno hacía como que olvidaba, era apenas para despertarse de nuevo, de repente, con la memoria, al provocarse otros sobresaltos…… Se casó mi hermana; nuestra madre no quiso fiesta.
Pensábamos en él, cuando se comía una comida más sabrosa; también, abrigados de noche, en el desamparo de esas noches de mucha lluvia, fría, fuerte, y nuestro padre, sólo con la mano y un guaje para ir vaciando la canoa del agua del temporal. A veces, algún conocido nuestro encontraba que me iba pareciendo más anuestro padre. Pero yo sabía que él ahora se había vuelto greñudo, barbón, con uñas grandes, enfremo y flaco, negro por el sol y por los pelos, con aspecto de bicho, casi desnudo, aunque disponía de piezas de ropa que de cuando en cuando se le proporcionaban…… Y no quería saber de nosotros: ¿no nos tenía afecto? Justamente por afecto, por respeto, las veces que me alababan a causa de alguna buena acción mía, yo siempre decía: -”Fue papá el que un día me enseñó a hacerlo así…”, lo que no era cierto, exacto, era mentira, por verdad. ¿Si él no se acordaba, ni quería saber más de nosotros, por qué, entonces, no subía o bajaba el río, hacia otros parajes, lejos, en lo no encontrable? Sólo él sabía.
Pero mi hermana tuvo un niño, ella porfió en que quería mostrarle el nieto. Fuimos todos al barranco, fue un lindo día, mi hermana con vestido blanco, el del casamiento; levantaba en los brazos a la criaturita, el marido sostuvo, para protegerlos, la sombrilla. Nosotros llamamos , esperamos. Nuestro padre no apareció. Mi hermana lloró, todos lloramos, allí, abrazados. Mi hermana se mudó, con el marido, lejos. Mi hermana se decidió y se fue, para una ciudad. Los tiempos cambiaban en la lenta prisa del tiempo.
Nuestra madre acabó yéndose también, para siempre a residir con mi hermana. Había envejecido. Yo me quedé aquí, el único. Nunca podría casarme. Yo permanecí, con los bagajes de la vida. Nuestro padre me necesitaba, lo sé -en su vagar por el río por el yermo- sin dar razón de su actitud. Cuando yo quise saber, y, resuelto, indagué, me dijeron lo que se decía: nuestro padre, alguna vez, había revelado la explicación al hombre que le preparó la canoa. Pero, ahora, ese hombre ya había muerto, nadie que supiese, que hiciese memoria de nada. Sólo las falsas habladurías, sin sentido, como ocurrió, en el comienzo, con las primeras crecientes del río, con lluvias que no escampaban, todos temieron el fin del mundo, decían: que nuestro padre había sido elegido como Noé, y que, por lo tanto, con la canoa se había anticipado; pues ahora medio lo recuerdo, mi padre, no podía condenarlo.
Y apuntaban ya en mí las primeras canas…… Soy hombre de tristes palabras. ¿De qué tenía yo tanta, tanta culpa? Si mi padre siempre ponía ausencia: y el río -río- río, el río -ponía perpetuidad. Yo sufría ya el comienzo de la vejez -esta vida era sólo demorarse. Yo mismo tenía achaques, ansias, cansancios, torpezas del reumatismo. ¿Y él? ¿Por qué? Debía padecer demasiado. Por más aventejado, no iba día más, día menos, a flaquear en su vigor, a dejar que la canoa se volcase o que flotase sin pulso, en el andar del río, para despeñarse, horas abajo en el estruendo y en la caída de la cascada brava con hervor y muerte. Apretaba el corazón. Él estaba allá, sin mi tranquilidad. Soy el culpable de lo que no sé, el dolor abierto, en mi fuero. Sabría, si las cosas fuesen distintas.
Y fui madurando una idea…… Sin vísperas. ¿Soy loco? No. En nuestra casa la palabra loco no se usaba, nunca más se usó, todos esos años, nunca a nadie se acusó de loco. Nadie es loco. O, entonces, todos. Lo fui, porque fui allá. Con un pañuelo, para hacer más visible la señal. Estaba en mis cabales. Esperé. Por fin él apareció, ahí y allá, el bulto. Estaba ahí, sentado en la popa, estaba allí, al grito. Llamé, unas cuantas veces. Y hablé, lo que me urgía, jurando y declarando, tuve que reforzar la voz: -”Padre, usted está viejo, ya cumplió lo suyo… Ahora, regrese, no debería… regrese y yo, ahora mismo, cuando quiera, los dos de acuerdo, ¡yo tomo su lugar, el de usted, en la canoa…!” Y, así diciendo, mi corazón latió en firme compás…… Él me escuchó.
Se levantó. Manejó el remo, en el agua, con la proa hacia acá, conforme. Y yo temblé, hondo, de repente: porque antes, él había erguido el brazo y hecho un saludo -el primero, después de tantos años transcurridos. Yo no podía… Con pavor, erizados los cabellos, corrí, huí, me arranqué de ahí en un proceder desatinado. Porque me pareció que él venía: de la parte del más allá. Y estoy pidiendo, pidiendo, pidiendo un perdón…… Sufrí el severo frío de los miedos, enfermé. Sé que nadie supo más de él. ¿Soy hombre, después de este perjurio? Soy el que no fue, el que va a callar. Sé que ahora es tarde, y temo concluir mi vida en la mezquindad del mundo.
Pero entonces, al menos, que, en el capítulo de la muerte, me agarren y me depositen también en una simple canoa, en el agua, que no cesa, de extendidas orillas: y, yo, río abajo, río afuera, río adentro -el río.
viernes, 10 de julio de 2009
jueves, 9 de julio de 2009
Javier Egea, dos poemas
Córam Pópulo

I
Lo que puedo contaros
es todo lo que sé desde el dolor
y eso nunca se inventa.
Porque llegar aquí fue una larga sentina,
un extraño viaje,
una curva de sangre sobre el río,
mientras todo era un grito
y ya se perfilaba resuelto en latigazos
el crepúsculo.
Las historias se cuentan con los ojos del frío
y algún sabor a sal y paso a paso
lengua
y camino porque
la sangre se nos va despacio,
sin borbotón apenas,
desmadejadamente por los labios.
Las historias se cuentan una vez y se pierden.
De "Troppo mare"

Raro de luna I
Il y a des gens quelque part qui n´en peuvent plus de silence
(Hay en algún lugar personas que no soportan ya el silencio)
Louis Aragon
(Hay en algún lugar personas que no soportan ya el silencio)
Louis Aragon
Allí
donde las islas
donde floten los párpados aquellos
las negras islas
las definitivas arenas secretas allí
cuando se agota el brillo de los abordajes
allí mientras llaman las sirenas últimas
pequeña perla negra
donde las islas negras
allí
donde quizá los cofres aquellos entonces entrevistos
No No era este el lugar
Para ti siempre quise
avenidas sin látigo
plazas sin gentes pálidas que se desploman
chapoteando caen mientras que sangran y por siempre caen
del verdín de las gárgolas y de las cicatrices
sobre reinos vastísimos de laberintos y de topos
caen
Quizá fuera posible
quizá pensé que al menos esa lluvia de los ojos de patio
algún día tomar las islas negras a embestidas
para tu cuerpo
para las cruces en el mapa de fuego
No No era este el lugar
ni su aventura alquilada
definitivamente para ti
Pero oigo las andanadas secas contra muros y sueños
todo enmudece frente a las altas sienes sin alba
todos los brazos cierran sus mundos presentidos
en el punto de mira de la noche tirita su silencio
y mis ojos ahora perdidos
-ropa olvidada en perchas ya sin luna-
entre los siete por siete metros de estampida
buscan tus otros ojos perdidos
tus otros bosques sin galope
Al entrar
siete por siete pozos por siete olas por siete labios despoblados
y a las charnelas
a su desvencijado saludo
respondo siempre habito este palacio
por los reinos del frío del frío
voy a las grutas del 2.º B
nadie con esa llave
nadie con esos ojos al entrar
siete por siete mares por siete soledades
¿Cómo contar ahora que la muerte se llama 2.º B
cómo decir 2.º B sin abismarse
por la tiniebla de porteros eléctricos y solos
cómo decir a nadie yo soy el enamorado del 2.º B
quién saca la basura del 2.º B
dónde se prende la luz del 2.º B
cómo vivir
cuando su nombre pálido te cerca?
Hay noches que no ofrecen
sino palomas ciegas en sus escaparates
Hay en algún lugar personas que no soportan ya el silencio
Soledades al filo de la pólvora
soledades que tienen chaqueta en su respaldo
soledades con banqueros al fondo
soledades de las torres
las desmoronadas torres
soledades canallas bogando las venas y los albañales
No No era este el lugar ningún lugar nunca más un lugar
Javier Egea (Granada, 1952-1999)
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Javier Egea
viernes, 3 de julio de 2009
Ramón Gómez de la Serna, Automoribundia
Fragmentos de Automoribundia


El nacimiento y el nombre Ramón
Nací o me nacieron –que no sé cómo hay que decirlo– el día 3 de julio de 1888, a las siete y veinte minutos de la tarde, en Madrid, en la calle de las Rejas número 5, piso segundo.
¿Para qué ocultar la fecha de mi nacimiento? En otros conatos de autobiografía he mentido, pero ahora, al hacer la autobiografía definitiva, no quiero comenzar mintiendo, porque no quiero que se dude algún día de todo lo dicho. Quede desmentido el que nací el año 1891, resultando equivocados todos los horóscopos que me han hecho. ¡Y lo siento, porque eran optimistas los del 3 de julio de ese año!
Pero ¿para qué ocultar la verdad ante muertos que viven? –los muertos son muertos que han muerto al fin–. Antes creía que alguien podía vivir siempre, pero dentro de cien años todos calvos y, además, sin cuero cabelludo.
Yo nací para llamarme Ramón, y hasta podría decir que tengo la cara redonda y carillena de Ramón, digna de esa gran O sobre la que carga el nombre, y que es exaltada por su acento que sólo la imprenta me escamotea porque las mayúsculas no suelen estar acentuadas.
Decálogo del clavador de clavos
Tengo que confesarlo porque va llegando en mi vida la hora de las grandes confesiones. Soy un terrible e impenitente clavador de clavos.
Los clavos me apasionan y tengo siempre una gran caja con compartimientos llena de clavos de todas clases y tamaños.
Hasta que el recién mudado no clava sus primeros clavos los carros de mudanza podrían venir otra vez por él y llevarle con rumbo desconocido a él y sus muebles.
La autoridad del dueño de su guarida consiste en clavar los clavos sin consultar y no escatimar su uso ni su abuso.
A lo más preguntar a la mujer si el cuadro está demasiado bajo o demasiado alto y como última indicación si está torcido o derecho.
Yo he sido un clavador de clavos interminable y como no sólo he colgado cuadros de las paredes, sino que he clavado estampas en innumerable superposición, conozco bien las leyes de la clavazón y puedo resumirlas en un decálogo que sirva de advertencia al buen clavador:
1° No penséis en los vecinos cuando claváis un clavo porque lo clavaréis torcido.
2° No calculéis el daño que os harías en los nudillos si se os escapa el martillo porque os daréis el martillazo.
3° No tengáis clavos en la mano izquierda mientras clavéis un clavo con la derecha porque os los clavaréis.
4° Contad con que la fuerza del martillo viene de atrás y no de frente a vosotros. La inteligencia del martillo es occipital.
5° Saber bien a qué se destina cada clavo, si para una percha, para un cuadro, para una jaula, para una librería.
6° Si alguien os ayuda, procurar que sea él el que reciba los golpes perdidos.
7° No olvidéis el martillo en lo alto de la escalera porque recibiréis el más tremendo capón de la Providencia cuando se os caiga encima.
8° Subid siempre a lo alto con el clavo que vais a clavar, con el martillo y con varios clavos de repuesto en el bolsillo para no estar subiendo y bajando, pues por cada clavo que logréis clavar se os escaparán cuatro o cinco.
9° Hay que ser implacable con el clavo, con la pared y con el martillo.
10° Clavo torcido clavo nocivo, inseguro y con remordimientos de conciencia.
Capítulo LXXXIX
El escritor que es sólo escritor no tiene más remedio que utilizar la noche para su labor, porque puede poner en fila de utilización catorce o diez y seis horas seguidas, y en esas horas de portal cerrado nadie le llama, le distrae o le irrita. Yo llevo muchos años de nocturnidad en que no están exceptuados ni los sábados ni los domingos. En España me acostaba a las siete de la mañana, pero en América hay que trabajar más para poder subsistir y me acuesto a las nueve o a las diez de la mañana. A las tres de la tarde –con toda fijeza, haya dormido poco o mucho– amanezco a la vida, un poco deslumbrado por su luz pero animoso y despierto.
Me gusta vivir en la noche porque los vivos son iguales a los muertos en el sueño. (Muchas veces hemos estado muertos en sueños y Dios ha tenido la consideración de resucitarnos.)
Mi vigilia es la de estar despierto y en guardia, evitando que la muerte se lleve a los que duermen con las ventanas abiertas a mi alrededor. ¡No me lo agradecerán lo bastante, pero la muerte alarmada huye al ver un testigo sempiterno!
En la noche de Buenos Aires mis únicos hermanos con la luz encendida son los ascensores.
Fragmentos de un diario íntimo
Después de todo, si morimos de eso no morimos de lo otro.
Dios castiga con la muerte a los buenos y a los malos para no equivocarse.
Lo malo es oír el canto del pájaro que murió hace mucho.
El Arte es morir por el Arte aun sin haber acabado de hacer Arte.
¿Un cura en el ascensor? Yo me bajo. Me confesaría.
El peine entorna los ojos al peinarnos.
La mano es el guante de la sangre.
Ramón Gómez de la Serna, Automoribundia, Buenos Aires, 1948


El nacimiento y el nombre Ramón
Nací o me nacieron –que no sé cómo hay que decirlo– el día 3 de julio de 1888, a las siete y veinte minutos de la tarde, en Madrid, en la calle de las Rejas número 5, piso segundo.
¿Para qué ocultar la fecha de mi nacimiento? En otros conatos de autobiografía he mentido, pero ahora, al hacer la autobiografía definitiva, no quiero comenzar mintiendo, porque no quiero que se dude algún día de todo lo dicho. Quede desmentido el que nací el año 1891, resultando equivocados todos los horóscopos que me han hecho. ¡Y lo siento, porque eran optimistas los del 3 de julio de ese año!
Pero ¿para qué ocultar la verdad ante muertos que viven? –los muertos son muertos que han muerto al fin–. Antes creía que alguien podía vivir siempre, pero dentro de cien años todos calvos y, además, sin cuero cabelludo.
Yo nací para llamarme Ramón, y hasta podría decir que tengo la cara redonda y carillena de Ramón, digna de esa gran O sobre la que carga el nombre, y que es exaltada por su acento que sólo la imprenta me escamotea porque las mayúsculas no suelen estar acentuadas.
Decálogo del clavador de clavos
Tengo que confesarlo porque va llegando en mi vida la hora de las grandes confesiones. Soy un terrible e impenitente clavador de clavos.
Los clavos me apasionan y tengo siempre una gran caja con compartimientos llena de clavos de todas clases y tamaños.
Hasta que el recién mudado no clava sus primeros clavos los carros de mudanza podrían venir otra vez por él y llevarle con rumbo desconocido a él y sus muebles.
La autoridad del dueño de su guarida consiste en clavar los clavos sin consultar y no escatimar su uso ni su abuso.
A lo más preguntar a la mujer si el cuadro está demasiado bajo o demasiado alto y como última indicación si está torcido o derecho.
Yo he sido un clavador de clavos interminable y como no sólo he colgado cuadros de las paredes, sino que he clavado estampas en innumerable superposición, conozco bien las leyes de la clavazón y puedo resumirlas en un decálogo que sirva de advertencia al buen clavador:
1° No penséis en los vecinos cuando claváis un clavo porque lo clavaréis torcido.
2° No calculéis el daño que os harías en los nudillos si se os escapa el martillo porque os daréis el martillazo.
3° No tengáis clavos en la mano izquierda mientras clavéis un clavo con la derecha porque os los clavaréis.
4° Contad con que la fuerza del martillo viene de atrás y no de frente a vosotros. La inteligencia del martillo es occipital.
5° Saber bien a qué se destina cada clavo, si para una percha, para un cuadro, para una jaula, para una librería.
6° Si alguien os ayuda, procurar que sea él el que reciba los golpes perdidos.
7° No olvidéis el martillo en lo alto de la escalera porque recibiréis el más tremendo capón de la Providencia cuando se os caiga encima.
8° Subid siempre a lo alto con el clavo que vais a clavar, con el martillo y con varios clavos de repuesto en el bolsillo para no estar subiendo y bajando, pues por cada clavo que logréis clavar se os escaparán cuatro o cinco.
9° Hay que ser implacable con el clavo, con la pared y con el martillo.
10° Clavo torcido clavo nocivo, inseguro y con remordimientos de conciencia.
Capítulo LXXXIX
El escritor que es sólo escritor no tiene más remedio que utilizar la noche para su labor, porque puede poner en fila de utilización catorce o diez y seis horas seguidas, y en esas horas de portal cerrado nadie le llama, le distrae o le irrita. Yo llevo muchos años de nocturnidad en que no están exceptuados ni los sábados ni los domingos. En España me acostaba a las siete de la mañana, pero en América hay que trabajar más para poder subsistir y me acuesto a las nueve o a las diez de la mañana. A las tres de la tarde –con toda fijeza, haya dormido poco o mucho– amanezco a la vida, un poco deslumbrado por su luz pero animoso y despierto.
Me gusta vivir en la noche porque los vivos son iguales a los muertos en el sueño. (Muchas veces hemos estado muertos en sueños y Dios ha tenido la consideración de resucitarnos.)
Mi vigilia es la de estar despierto y en guardia, evitando que la muerte se lleve a los que duermen con las ventanas abiertas a mi alrededor. ¡No me lo agradecerán lo bastante, pero la muerte alarmada huye al ver un testigo sempiterno!
En la noche de Buenos Aires mis únicos hermanos con la luz encendida son los ascensores.
Fragmentos de un diario íntimo
Después de todo, si morimos de eso no morimos de lo otro.
Dios castiga con la muerte a los buenos y a los malos para no equivocarse.
Lo malo es oír el canto del pájaro que murió hace mucho.
El Arte es morir por el Arte aun sin haber acabado de hacer Arte.
¿Un cura en el ascensor? Yo me bajo. Me confesaría.
El peine entorna los ojos al peinarnos.
La mano es el guante de la sangre.
Ramón Gómez de la Serna, Automoribundia, Buenos Aires, 1948
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Ramon Gomez de la Serna
martes, 30 de junio de 2009
42 segundos, el sueño del último día y la poetisa china Li Qingzhao
Chris Milk y Li Qingzhao
"Last day dream" (El sueño del último día) de Chris Milk es un corto que formó parte del Festival de cine "Sueños de 42 segundos" de Pekín. En un abrir y cerrar de ojos se ven imágenes de diferentes instantes de una vida, que, en ocasiones, se remontan a la primera infancia. Las percepciones sensoriales son tan nítidas que parecen fundirse. Un regalo en forma de flashback, -parece ser el último- que nos hace la vida cuando nos despedimos de ella.
La poesía china, con sus imágenes de instantes, me recuerda esos momentos mínimos de plenitud, que se nos escurren de las manos cuando los estamos viviendo, pero que con el paso del tiempo se vuelven cada vez más preciosos.
Haciendo, algo así como apología de la evocación, voy a unir El sueño del último día de Chris Milk con el poema de Li Qingzhao Arroyo de lavar la seda.

El arroyo de lavar la seda
El Festival de Comida fría,
Un tranquilo y pacífico día de primavera.
Del brasero de jade se eleva la voluta de humo
del incienso cuando se apaga.
Y regresan los sueños
a la colina con forma de almohada
que oculta mi pelo con adornos florales.
Las golondrinas de mar no han regresado;
y la gente se divierte
compitiendo con el juego de las hierbas verdes.
Las flores de ciruelo se han marchitado, cuelgan las de los sauces
Al caer el crepúsculo, brillantes gotas de lluvia
humedecen el columpio en el jardín.
Li Qingzhao (1084-1151)
To the Tune of RINSING SILK STREAM
The Cold Food Festival,
a quiet and peaceful spring day.
From the jade burner rises the up-curling smoke
of the dying incense.
Dreams cam back to me as I slumbered
on the hill-shaped pillow which concealed
my hairpins with flowery ornaments.
Sea swallows have not returned;
people amuse themselves with the game
of vying green herbs.
Plum blooms are withered, willows bear catkins;
Twilight falls, light drops of rain
Wet the swing in the garden.
Poemas de Li Qingzhao en inglés y chino
"Last day dream" (El sueño del último día) de Chris Milk es un corto que formó parte del Festival de cine "Sueños de 42 segundos" de Pekín. En un abrir y cerrar de ojos se ven imágenes de diferentes instantes de una vida, que, en ocasiones, se remontan a la primera infancia. Las percepciones sensoriales son tan nítidas que parecen fundirse. Un regalo en forma de flashback, -parece ser el último- que nos hace la vida cuando nos despedimos de ella.
La poesía china, con sus imágenes de instantes, me recuerda esos momentos mínimos de plenitud, que se nos escurren de las manos cuando los estamos viviendo, pero que con el paso del tiempo se vuelven cada vez más preciosos.
Haciendo, algo así como apología de la evocación, voy a unir El sueño del último día de Chris Milk con el poema de Li Qingzhao Arroyo de lavar la seda.
Last Day Dream [HD] from Chris Milk on Vimeo.
El arroyo de lavar la seda
El Festival de Comida fría,
Un tranquilo y pacífico día de primavera.
Del brasero de jade se eleva la voluta de humo
del incienso cuando se apaga.
Y regresan los sueños
a la colina con forma de almohada
que oculta mi pelo con adornos florales.
Las golondrinas de mar no han regresado;
y la gente se divierte
compitiendo con el juego de las hierbas verdes.
Las flores de ciruelo se han marchitado, cuelgan las de los sauces
Al caer el crepúsculo, brillantes gotas de lluvia
humedecen el columpio en el jardín.
Li Qingzhao (1084-1151)
To the Tune of RINSING SILK STREAM
The Cold Food Festival,
a quiet and peaceful spring day.
From the jade burner rises the up-curling smoke
of the dying incense.
Dreams cam back to me as I slumbered
on the hill-shaped pillow which concealed
my hairpins with flowery ornaments.
Sea swallows have not returned;
people amuse themselves with the game
of vying green herbs.
Plum blooms are withered, willows bear catkins;
Twilight falls, light drops of rain
Wet the swing in the garden.
Poemas de Li Qingzhao en inglés y chino
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Li Qingzhao
miércoles, 24 de junio de 2009
Aserrín, aserrán: los castaños de San Juan
Uno de los recuerdos mágicos de mi infancia, de esos que me gustaría volver a vivir en los segundos recopilatorios que dicen que tenemos antes de dejar este mundo, es el de caminar en otoño por los sotos de castaños. El olor de la tierra, los colores, el sonido del viento… Me temo que incendios, talas y enfermedades como el chanco van a acabar definitivamente dejando estos parajes en el rincón de la memoria de los que tuvimos la suerte de poderlos disfrutar.

Aserrín, aserrán: los castaños de San Juan
Tomado del blog La crónica verde
El río Oza en Santiago de Peñalba. Uno de mis lugares mágicos.

Castaño de Santiago de Peñalba en el Valle del Silencio (Bierzo)
Aserrín, aserrán: los castaños de San Juan
Miles de fuegos purificadores han iluminado esta noche, la más corta del año, toda España. En la comarca de El Bierzo (León), las hogueras de San Juan se alimentan de la tragedia. Están mayoritariamente hechas con los cadáveres de decenas de viejos castaños, muertos por miles debido a dos enfermedades incurables, el chancro y la tinta.
Tomado del blog La crónica verde
El río Oza en Santiago de Peñalba. Uno de mis lugares mágicos.
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Bierzo
martes, 23 de junio de 2009
Rituales de fuego y agua para recibir el solsticio
Hogueras, queimadas, plantas mágicas en la noche de San Juan, Sant Joan por estas tierras.
De momento cuelgo el ritual de la queimada del año pasado pero, como hay que sustituir lo viejo por lo nuevo, mañana colgaré el de esta noche. Ya hemos quemado lo viejo y he sustituido el de 2008 por este de 2009 recién horneado. Al final del post transcribo el texto del conxuro en gallego y traducido al castellano para todos los que os animéis con el ritual.
Hogueras mágicas, baños purificadores, hierbas sanadoras o que atraen el amor, objetos con poderes adivinatorios o bailes de celebración; detrás de todos estos ritos una coincidencia; el solsticio de verano. Desde el 21 hasta el 24 de junio el sol permanece como parado en el cielo, es el solsticio estival en el Hemisferio Norte. Los días son los más largos del año, y a partir aqui las horas de luz comienzan a cortarse. Para los pueblos primitivos este día el sol iniciaba su ciclo decreciente que concluiría en el solsticio de invierno con la celebración de la navidad.
Las civilizaciones antiguasregidas por el ritmo de las estaciones, y los equinoccios y solsticios marcaban sus celebraciones religiosas. Para los griegos eran sinónimo de puertas; al de verano se le denominaba la puerta de los hombres y al de invierno la de los dioses. Etimológicamente el nombre de Juan se relaciona con la palabra latina Janua (puerta) y no deja de ser curioso que en el santoral cristiano los dos santos de nombre Juan, el Bautista y el Evangelista, se celebren en fechas cercanas a los solsticios.
En la antigua Grecia este día se dedicaba al dios Apolo. Se encendían grandes hogueras purificadoras y los romanos dedicaron esta fiesta a la diosa de la guerra Minerva. Tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas. Ya en esta época se atribuían propiedades medicinales a las hierbas recogidas en estos días.
Con el paso del tiempo esta fiesta se fue cristianizando, pero la mayoría de su rituales arrancan de tradiciones muy antiguas, como la costumbre mediterránea de sacar a la plaza las pertenencias viejas y prenderles fuego. En algunos lugares se añadía hierbas aromáticas a la pira, para que atrajeran salud y prosperidad; la costumbre de saltarla tres veces para tener un buen año o guardar las cenizas del fuego para curar las enfermedades de la piel.
Una de las tradiciones más curiosas celebradas durante esta noche de San Juan es la que se celebra en s'Hort des Correu, en Manacor, donde hay un Sauce Mimbrero de propiedades curativas al que acuden desde diferentes lugares de Mallorca. A este árbol se le atribuye el poder de curar las hernias de los niños menores de 14 años. Así antes del amanecer se frota el vientre de la persona afectada con la savia del mimbrero y se pasa entre las ramas. Curiosamente, existen numerosos ritos sanadores relacionados con la curación de la hernia en diferentes lugares de la península. Así en Aragón y Cataluña la costumbre es pasar a los afectados por la hendidura de un roble, en lo que se conoce como el paso del herniado.
Otra tradición muy arraigada durante la noche de San Juan es la del poder de las hierbas, utilizadas para todos los fines, desde el amor a la protección, pasando por la prosperidad, la salud o la belleza. En muchos lugares se recogen diferentes hierbas la víspera y se dejan en agua toda la noche al descubierto para que tomen el rocio. Este agua adquiere, entonces, propiedades mágicas, curativas y cosméticas, y pueden también curar envidias. En otros lugares se adornan de puertas, ventanas y fuentes para atraer el amor, la riqueza o la protección. También está extendida la costumbre de quemarlas y dependiendo de las zonas se emplean unas u otras.
En Galicia se prepara un manojo de plantas silvestres. Nunca me ha quedado muy claro las que son porque hablan de nueve y al final acaban siendo trece o catorce (Artemisa, bieiteiro, espadaña, fiuncho, helechos, hierba de Santa María, malvarrosa, malvavisco, orégano, trovisco, verbena, rosas silvestres, que se maceran en agua, puesta al rocío de la Noche de San Juan y luego hay que lavarse con ella al despertar el día 24, para protegerse de cualquier mal.
En Mallorca se cuenta que esta noche aparece la hierba de los ojos, que se ilumina con una luz especial y tiene el poder de curar la ceguera.
Otro simbolismo es el del agua, el baño purificador, en el mar, los ríos, las fuentes o las batallas de agua por las calles. En este sentido existen diversas tradiciones por toda la geografía española que atribuyen a las aguas poderes de todo tipo : sanación, prosperidad, belleza o la fertilidad.
Conxuro de la queimada en la noche de San Juan
Mouchos, coruxas, sapos e bruxas.
Demos, trasgos e dianhos,
espritos das nevoadas veigas.
Corvos, pintigas e meigas,
feitizos das mencinheiras.
Pobres canhotas furadas,
fogar dos vermes e alimanhas.
Lume das Santas Companhas,
mal de ollo, negros meigallos,
cheiro dos mortos, tronos e raios.
Oubeo do can, pregon da morte,
foucinho do satiro e pe do coello.
Pecadora lingua da mala muller
Casada cun home vello.
Averno de Satan e Belcebu,
lume dos cadavres ardentes,
corpos mutilados dos indecentes,
peidos dos infernales cus,
muxido da mar embravescida.
Barriga inutil da muller solteira,
falar dos gatos que andan a xaneira,
guedella porca de cabra mal parida.
Con este fol levantarei
as chamas deste lume
que asemella ao do inferno,
e fuxiran as bruxas acabalo das suas escobas,
indose bañar na praia das areas gordas.
¡Oide, oide! os ruxidos
que dan as que non poden
deixar de queimarse no agoardente
quedando asi purificadas.
E cando este brebaxe baixe po las nosas gorxas,
quedaremos libres dos males
da nosa ialma
e de todo embruxamento.
Forzas do ar, terra, mar e lume,
a vos fago esta chamada:
si e verdade que tendes mais poder que a humana xente,
eiqui e agora, facede cos espritos
dos amigos que estan fora,
participen con nos desta queimada.
Versión en español
Buhos, lechuzas, sapos y brujas,
demonios, trasgos y diablos,
espíritus de las nevadas vegas.
Cuervos, salamandras y meigas,
hechizos de las curanderas.
Podridas cañas agujereadas,
hogar de gusanos y de alimañas.
lumbre de las Santa Compaña,
mal de ojo, negros hechizos,
olor de los muertos, truenos y rayos.
Aullido del perro, anuncio de la muerte;
hocico del sátiro y pie del conejo.
Pecadora lengua de la mala mujer casada con un hombre viejo.
Averno de Satán y Belcebú, fuego de los cadáveres ardientes,
cuerpos mutilados de los indecentes
pedos de los infernales culos,
mugido de la mar embravecida.
Barriga inútil de la mujer soltera,
maullar de los gatos en celo,
guedeja sucia de cabra mal parida.
Con este cazo levantaré las llamas de este fuego
que se asemeja al del infierno,
y huirán las brujas a caballo de sus escobas,
yéndose a bañar a la playa de las arenas gordas.
¡Oíd, oíd! los rugidos que dan las que no pueden dejar de quemarse en el aguardiente
quedando así purificadas.
Y cuando este brebaje baje por nuestras gargantas,
quedaremos libres de los males de nuestra alma y de todo embrujamiento.
Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego,
a vosotros hago esta llamada:
si es verdad que tenéis más poder que la humana gente,
aquí y ahora, haced que los espíritus de los amigos que están fuera,
participen con nosotros de esta queimada.
De momento cuelgo el ritual de la queimada del año pasado pero, como hay que sustituir lo viejo por lo nuevo, mañana colgaré el de esta noche. Ya hemos quemado lo viejo y he sustituido el de 2008 por este de 2009 recién horneado. Al final del post transcribo el texto del conxuro en gallego y traducido al castellano para todos los que os animéis con el ritual.
Hogueras mágicas, baños purificadores, hierbas sanadoras o que atraen el amor, objetos con poderes adivinatorios o bailes de celebración; detrás de todos estos ritos una coincidencia; el solsticio de verano. Desde el 21 hasta el 24 de junio el sol permanece como parado en el cielo, es el solsticio estival en el Hemisferio Norte. Los días son los más largos del año, y a partir aqui las horas de luz comienzan a cortarse. Para los pueblos primitivos este día el sol iniciaba su ciclo decreciente que concluiría en el solsticio de invierno con la celebración de la navidad.
Las civilizaciones antiguasregidas por el ritmo de las estaciones, y los equinoccios y solsticios marcaban sus celebraciones religiosas. Para los griegos eran sinónimo de puertas; al de verano se le denominaba la puerta de los hombres y al de invierno la de los dioses. Etimológicamente el nombre de Juan se relaciona con la palabra latina Janua (puerta) y no deja de ser curioso que en el santoral cristiano los dos santos de nombre Juan, el Bautista y el Evangelista, se celebren en fechas cercanas a los solsticios.
En la antigua Grecia este día se dedicaba al dios Apolo. Se encendían grandes hogueras purificadoras y los romanos dedicaron esta fiesta a la diosa de la guerra Minerva. Tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas. Ya en esta época se atribuían propiedades medicinales a las hierbas recogidas en estos días.
Con el paso del tiempo esta fiesta se fue cristianizando, pero la mayoría de su rituales arrancan de tradiciones muy antiguas, como la costumbre mediterránea de sacar a la plaza las pertenencias viejas y prenderles fuego. En algunos lugares se añadía hierbas aromáticas a la pira, para que atrajeran salud y prosperidad; la costumbre de saltarla tres veces para tener un buen año o guardar las cenizas del fuego para curar las enfermedades de la piel.
Una de las tradiciones más curiosas celebradas durante esta noche de San Juan es la que se celebra en s'Hort des Correu, en Manacor, donde hay un Sauce Mimbrero de propiedades curativas al que acuden desde diferentes lugares de Mallorca. A este árbol se le atribuye el poder de curar las hernias de los niños menores de 14 años. Así antes del amanecer se frota el vientre de la persona afectada con la savia del mimbrero y se pasa entre las ramas. Curiosamente, existen numerosos ritos sanadores relacionados con la curación de la hernia en diferentes lugares de la península. Así en Aragón y Cataluña la costumbre es pasar a los afectados por la hendidura de un roble, en lo que se conoce como el paso del herniado.
Otra tradición muy arraigada durante la noche de San Juan es la del poder de las hierbas, utilizadas para todos los fines, desde el amor a la protección, pasando por la prosperidad, la salud o la belleza. En muchos lugares se recogen diferentes hierbas la víspera y se dejan en agua toda la noche al descubierto para que tomen el rocio. Este agua adquiere, entonces, propiedades mágicas, curativas y cosméticas, y pueden también curar envidias. En otros lugares se adornan de puertas, ventanas y fuentes para atraer el amor, la riqueza o la protección. También está extendida la costumbre de quemarlas y dependiendo de las zonas se emplean unas u otras.
En Galicia se prepara un manojo de plantas silvestres. Nunca me ha quedado muy claro las que son porque hablan de nueve y al final acaban siendo trece o catorce (Artemisa, bieiteiro, espadaña, fiuncho, helechos, hierba de Santa María, malvarrosa, malvavisco, orégano, trovisco, verbena, rosas silvestres, que se maceran en agua, puesta al rocío de la Noche de San Juan y luego hay que lavarse con ella al despertar el día 24, para protegerse de cualquier mal.
En Mallorca se cuenta que esta noche aparece la hierba de los ojos, que se ilumina con una luz especial y tiene el poder de curar la ceguera.
Otro simbolismo es el del agua, el baño purificador, en el mar, los ríos, las fuentes o las batallas de agua por las calles. En este sentido existen diversas tradiciones por toda la geografía española que atribuyen a las aguas poderes de todo tipo : sanación, prosperidad, belleza o la fertilidad.
Conxuro de la queimada en la noche de San Juan
Mouchos, coruxas, sapos e bruxas.
Demos, trasgos e dianhos,
espritos das nevoadas veigas.
Corvos, pintigas e meigas,
feitizos das mencinheiras.
Pobres canhotas furadas,
fogar dos vermes e alimanhas.
Lume das Santas Companhas,
mal de ollo, negros meigallos,
cheiro dos mortos, tronos e raios.
Oubeo do can, pregon da morte,
foucinho do satiro e pe do coello.
Pecadora lingua da mala muller
Casada cun home vello.
Averno de Satan e Belcebu,
lume dos cadavres ardentes,
corpos mutilados dos indecentes,
peidos dos infernales cus,
muxido da mar embravescida.
Barriga inutil da muller solteira,
falar dos gatos que andan a xaneira,
guedella porca de cabra mal parida.
Con este fol levantarei
as chamas deste lume
que asemella ao do inferno,
e fuxiran as bruxas acabalo das suas escobas,
indose bañar na praia das areas gordas.
¡Oide, oide! os ruxidos
que dan as que non poden
deixar de queimarse no agoardente
quedando asi purificadas.
E cando este brebaxe baixe po las nosas gorxas,
quedaremos libres dos males
da nosa ialma
e de todo embruxamento.
Forzas do ar, terra, mar e lume,
a vos fago esta chamada:
si e verdade que tendes mais poder que a humana xente,
eiqui e agora, facede cos espritos
dos amigos que estan fora,
participen con nos desta queimada.
Versión en español
Buhos, lechuzas, sapos y brujas,
demonios, trasgos y diablos,
espíritus de las nevadas vegas.
Cuervos, salamandras y meigas,
hechizos de las curanderas.
Podridas cañas agujereadas,
hogar de gusanos y de alimañas.
lumbre de las Santa Compaña,
mal de ojo, negros hechizos,
olor de los muertos, truenos y rayos.
Aullido del perro, anuncio de la muerte;
hocico del sátiro y pie del conejo.
Pecadora lengua de la mala mujer casada con un hombre viejo.
Averno de Satán y Belcebú, fuego de los cadáveres ardientes,
cuerpos mutilados de los indecentes
pedos de los infernales culos,
mugido de la mar embravecida.
Barriga inútil de la mujer soltera,
maullar de los gatos en celo,
guedeja sucia de cabra mal parida.
Con este cazo levantaré las llamas de este fuego
que se asemeja al del infierno,
y huirán las brujas a caballo de sus escobas,
yéndose a bañar a la playa de las arenas gordas.
¡Oíd, oíd! los rugidos que dan las que no pueden dejar de quemarse en el aguardiente
quedando así purificadas.
Y cuando este brebaje baje por nuestras gargantas,
quedaremos libres de los males de nuestra alma y de todo embrujamiento.
Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego,
a vosotros hago esta llamada:
si es verdad que tenéis más poder que la humana gente,
aquí y ahora, haced que los espíritus de los amigos que están fuera,
participen con nosotros de esta queimada.
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Rituales de San Juan
domingo, 21 de junio de 2009
Ernesto Cardenal

retrato de Margaret Randall
He leido en la web del Festival Internacional de Poesía de Medellín el poema inédito Elegía a Cristina Downing de Ernesto Cardenal.
Elegía a Cristina Downing
Cristina prima de mi mamá
era quinceañera entonces
delgadita de cintura
canillas flacas recuerdo
y yo tenía siete años
era la era
de Doña Carmela Noguera
escribió Joaquín Pasos
(Doña Carmela la
de veladas de escuela
donde colegiala
se lució Cristina)
y era la era de Greta Garbo
Lindbergh Baby Ruth Chaplin
novia de los poetas vanguardistas
no siguió siendo quinceañera
ni yo niño tampoco
los últimos años
entre cuatro paredes
no recordaba nada
ni siquiera quién era
Baby Ruth el de los jonrones
era cuando yo era niño
tal vez no sabés quién es
hace mucho que murió
La Dickinson decía:
si ya no estoy viva
al de corbata roja
dale por mí una miga
murió Merton
morirán las estrellas sin calor
frías como el alrededor de ellas
y Eliot: “todos caen en lo negro”
Los hoyos negros también desaparecen
En mi taller de poesía
de niños con cáncer
un niño escribió
de niños deshauciados
esperando su turno
Todos en el cosmos
esperamos turno
Huérfanos en el mundo mecanicista
a merced del accidente y el azar
el Ford al que subo
puede ser el de la muerte
¿Qué es la vida
hecha de partículas
partículas elementales
que no están vivas?
“el mundo es como es”
decimos todos
la mecánica cuántica ha comprobado
que no es como es
o no trabajarían las computadoras
Igual que envejecemos
deberíamos desenvejecer
no hay simetría
esta asimetría del tiempo
¿de dónde vino?
¿de dónde venimos nosotros
hijos del tiempo
en medio de belleza perecedera
ansiando belleza perdurable?
Si hay Dios somos inmortales
y si no hay no somos
no hay de otra
no hay otra alternativa
que ser eterno
o eternamente no ser
o eternidad o nada no hay otra cosa
sólo el tiempito que estuvimos vivos
tan sólo esos días ya pasados
y no habrá nunca jamás nada más
más nada por siempre jamás
no ser por toda la eternidad
Un día la conciencia
se volvió a sí misma
conciencia de sí
y desgraciadamente
de su muerte
Único animal que sabe que va a morir
Tuvo que haber conciencia
que conociera el universo
Y al conocer el universo
conoció que moríamos
La aparición de la conciencia
fue otra existencia biológica
El no sólo conocer sino conocerse
no sólo saber sino saber que sabe
La certeza de la muerte
como fruto de ese avance
Los animales conocen
pero no a sí mismos
conocerse a uno mismo
fue conocer que morimos
La conciencia un peligro para la especie
Poder sobrevivir la certeza de la muerte
y a pesar de ella no habernos extinguido
Cazador-recolector
en la selva negra
sin médicos
el menor malestar
aterrorizaba
y entre leones
indefenso y desnudo
una comida ambulante
cortaba las frutillas
mirando a todos lados
temeroso de la muerte
mirando las bellas estrellas
sin entenderlas
¿qué serán ellas?
Cazadores-recolectores
concientes de ser concientes
concientes de la muerte
moría el ciervo herido
y el matador sabía
que él también moriría
Allá arriba entre las ramas
no había muerte
el mono está en el presente
intensamente
sin nada de pasado
ni de futuro
Ni hay muerte para los niños
¡quién fuera niño siempre!
cuando yo tenía cuatro años
maté un chocoyo con un coco
y di gritos por lo que hice
(así supe de la muerte)
En la selva negra
donde todo puede pasar
la muerte es la única
certeza que tenemos
Desde que hay humanidad ha habido
religiones
¿supersticiones si querés?
o es que tal vez
fue fe
Así no nos extinguimos
sabiendo que moríamos
Hay Dios o el universo es absurdo
Y si no hay morimos para siempre
En este sentido sería la trascendencia
una adaptación de la evolución en la mente
o mecanismo de defensa de nuestra especie
ante el efecto paralizante de la conciencia
de la muerte
Así sobrevivimos
Religiones o supersticiones
siempre fue fe
en la inmortalidad
Llegará un día
en que no habrá astronomía
y el cielo estará vacío
las galaxias se separan
y van quedando solas
sin ninguna otra a la vista
y en cada galaxia aislada
las estrellas apagándose
y cuando se apague la última
todo será tinieblas
(esto no es ciencia-ficción)
Si así es la cosa Cristina Downing
en este cosmos no hay salvación
Salvo
un prodigio biológico
-la Encarnación-
Una evolución biológica
que acabe en Dios
Somos un solo Cuerpo
el de uno resucitado
de entre los muertos
La humanidad es una
orgánicamente una
si resucita uno
resucitan todos
“Si no ha resucitado estamos jodidos”
1 Corintios 15, 17
La evolución tiene dirección
que es la unión del universo:
el Amor de una humanidad sin soledad
incompatible con la muerte total
Todo determinado y por eso se dice:
“Para que se cumplan las Escrituras”
No fue profetizado porque sucedería
sino sucede porque fue profetizado
Resucitan todos
los que son uno
en un pasado futuro presente
Cristina Downing
¡P r e s e n t e!
O será tal vez como nacer otra vez:
una vida nueva en un nuevo universo
Las Escrituras dicen
tenía que morir
para resucitar
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