
Quiero escribir algo sobre Dieguín y no sé muy bien qué decir de tantas cosas que se podrían contar. A veces, cuando piensas que la vida es injusta, aparece en tu camino un ser que lo simplifica todo y te enseña que un abrazo para demostrarte el cariño o una carcajada para transmitirte felicidad son de las cosas más preciosas que puedes llevarte de este mundo. Los verdaderos maestros nunca pretenden serlo, lo son y ya está. Quizá vinieron a este mundo para eso, y lo enseñan con el ejemplo. Buscando el agua para disfrutar de ella, tocando la arena como si fuera un tesoro, ¿acaso no lo es?, poniendo en todo algún sentido más de los cinco, que a la mayoría se nos supone, para ser felices en cada momento.
Me encantaba cuando me abrazaba, me miraba con esos ojos pícaros y me daba unos besos. Yo creo que en el fondo sabía que era una pava, un poco cardo borriquero y me quería enseñar lo que me estaba perdiendo. A todos los que se nos cruzó en el camino nos tocó de alguna forma y a los que han tenido el privilegio de tenerlo cerca creo que les ha cambiado la vida. Mari Luz me dijo “Mi ángel se fue”, pero yo pienso que se marchó, así a hurtadillas, para ver desde una rendija como eres feliz con todo lo que te ha enseñado durante estos años. Y si no ya se lo chivara Pepe, que me parece que lo ha dejado bien enseñado,
Ra, Ra, Ra ¡Cómo te vacilaba!, casi tanto como te quería, probándote y luego venga el besín. ¡Un figura con las emociones!. Siempre me acuerdo de la historia del mimo en el Puerto de Pollença, al que nadie le daba ni bola. Se acercó Dieguín entusiasmado, comenzó a hacer gestos con él y se le formó corro. “Dejadme al niño, dejadme al niño” decía.
Quería poner la foto del mimo, que me encanta, pero como tengo el ordenador en construcción y el escáner no me va, he colgado una de la Cala San Vicente que también me gusta mucho porque en ella Dieguín tiene esa cara de felicidad que se le quedaba cuando estaba cerca del mar.
Para Mari Luz y Raúl con todo mi amor, sintiendo el espíritu de los seres libres que están en todas partes.
En una hoja en blanco puede romper el mar
dejando sal y caracolas
cuando las letras no aciertan a contar.
Los espíritus libres son del agua y del viento
del fuego y del polvo de la tierra.
Nos mojan y nos dan de beber
azotan el rostro y son brisa
nos queman y nos dan la luz
son la materia que da sentido a nuestras huellas
que construye las paredes de la casa
y se van
los llama la mar para dar fuerza a cada ola,
los necesita el viento para esparcir la semilla
los busca la hoguera y la vela
los requiere la tierra.
También
le recuerda LuciaY
CasandraY
Alba