
El ángel de la milonga
me ha rozado la punta de los dedos
y las yemas
se han abierto al tacto
como flores.
Puedo sentir caer la oscuridad sobre la seda
y a la luz
desgranar el maíz.
El azul marengo del sombrero
me humedece la cara
como esa lluvia fina y tenaz que llaman calabobos.
Mural en Berisso (La Plata) de Susana Velasco y Cristian del Vitto.

