/ El establo de Pegaso

jueves, 3 de marzo de 2016

Los vencejos




Los vencejos
Los vencejos no cantan:
lo que saben hacer bien
es dormir en vuelo,
moviéndose siempre más y más alto
casi en su totalidad
su existencia es aérea, posándose
sólo en el nido, para poner los huevos,
criar a sus hijos y regresan
de nuevo a las rutas del aire
para enseñar
el arte del vuelo de alta velocidad
con las alas hacia atrás, en flecha,
y los cuerpos aerodinámicos:
cuando descienden los vencejos
no pueden posarse, se aferran
con sus uñas en forma de gancho
a las paredes y gatean
en lugares protegidos, en los huecos
de los aleros y las torres de las iglesias
donde pueden anidar. Los visitantes del verano
que siempre parecen a punto de salir
cuando finalmente lo hacen
chillan a centenares
que ha llegado la hora,
que les espera el sur,
que el que se retrase
sólo tendrá el frío para explorar
porque los apetitosos insectos
ya no estarán allí.

Charles Tomlinson,  (1927 – 2015) Audio The Complete Poems






Vencejos, “las aves de nunca parar”. Comen, beben, copulan y hasta duermen en el aire. Sólo reposan para incubar y alimentar a los pollos. El resto del año, 24 horas al día, vuelan y duermen a gran altura. Si cayesen al suelo no podrían levantarse. Como indica su nombre científico (Apus significa en griego ‘sin patas’), tienen tan atrofiadas las extremidades inferiores que es como si no existieran. Apenas pequeñas garras para colgarse unos segundos de riscos y paredes.

jueves, 25 de febrero de 2016

Poder de Adrienne Rich



Poder
Vida en los sedimentos de tierra de nuestra historia
Hoy una excavadora sacó a la luz de un flanco de tierra desmoronada
una botella color ámbar perfecta con un remedio
centenario para la fiebre o un tónico para la melancolía
para vivir en esta tierra en los inviernos de este clima.
Hoy leía sobre Marie Curie:
debe haber sabido que enfermaba de radiación
su cuerpo bombardeado durante años por el elemento
que ella misma había purificado.
Parece que negó hasta el final
el origen de las cataratas de los ojos
de la piel agrietada y supurante de las yemas de los dedos
hasta que ya no pudo sostener un tubo de ensayo o un lápiz.
Murió como mujer famosa negando
sus heridas
negando
que sus heridas provenían de la misma fuente que su poder.
Adrienne Rich (1929 – 2012) 

Power - Poem by Adrienne Rich en inglés.

Marie Curie sufrió una anemia perniciosa causada por las largas exposiciones a la radiación. Falleció el 4 de julio de 1934 en la Alta Saboya. Vídeo sobre la radioactividad



martes, 16 de febrero de 2016

Pitágoras toca la lira




¿Cuál es la cosa más sabia? Número.
¿Cuál es la más hermosa? Armonía.
“Sobre el modo de vida pitagórico”

Jámblico (siglo 3 dC)


Pitágoras toca la lira

Pitágoras toca la lira
rodeado de matemáticos.
Cantamos himnos mientras el tañe
las cuerdas:

Descubrimos
la ley del cosmos:
Todo es número!
Proporciones misteriosas!
Desde la manera de vibrar las cuerdas
a las relaciones armónicas
hacen el sonido de la música
como el cielo.
Los granos sagrados brotan
en los campos cercanos.
Todos los animales son parte
de nuestra familia.
En el intervalo entre
la tierra y el firmamento
planetas en círculo y murmullos
en concierto.
Cada uno una nota
en la gran sinfonía
de la creación.
Guardamos
su secreto más íntimo.

La música se elevaba en el aire
como el humo de incienso quemado
para complacer a los dioses que nos miran
tocar y pasar.

Sarah Glaz, profesora de matemáticas en la Universidad de Connecticut y poeta.





Pythagoras plays his lyre
surrounded by mathematicians.
We sing paeans as he strikes
the cords:
We discovered the
law of the cosmos:
All is number!
Mysterious proportions!
The way strings vibrate
to harmonic ratios
makes music sound
like heaven.
The sacred beans sprout
in the nearby elds.
All animals are part
of our family.
In the interval between
earth and the firmament
planets circle and hum
in concert.
Each One a note
in the grand symphony
of all creation.
We guard
its innermost secret.
The music wafts upward
like smoke from burnt incense
pleasing the gods who watch us
play and pass.
Sarah Glaz  “Pythagoras plays his lyre”  publicado en Journal of Humanistic Mathematics


viernes, 15 de enero de 2016

Sirio y la máquina de H. G. Wells

El año luz es una medida de longitud —la distancia que recorre la luz en un año—. Cuando decimos que Sirio está a 8,6 años luz, significa que la luz que proviene de ella ha tardado ese tiempo en llegar a nuestros ojos nosotros. El brillo de las estrellas que vemos nos lleva al pasado del Universo.


Sirio brilla en el cielo a 8,6 años luz

Sirio brilla en el cielo nocturno,
a una distancia de 8,6 años luz,
sus fotones atraviesan el espacio
y mi retina, como la máquina de H. G. Wells,
viaja al firmamento de ocho años atrás,
cuando la estrella de Lehman Brothers todavía no había colapsado,
y Fukushima aún era una ‘isla afortunada’.
El nervio óptico conduce las partículas de luz
desde la constelación del Can Mayor a mi conciencia,
en el trayecto el templo de Bel, en Palmira, ha sido destruido.
Rodeada de miles de destellos
interpreto la noche estrellada
creando un universo sin fisuras,
en el que lo que imagino, existe.
Y encadenando las señales de luz,
casi hasta el infinito,
en una secuencia que va más allá el límite del ojo.
El viento mece la hierba cana, arrastra los vilanos,
tenues filamentos galácticos suspendidos como sílfides
en el límite de lo transparente a la luz ultravioleta.
Contemplo un resplandor que ya fue,
este destello de Sirio
coincide con la violenta explosión de la supernova 2006gy
detectada por el telescopio Chandra X-Ray
y que ocurrió en la constelación de Perseo
unos 240 millones de años antes,
cuando las flores todavía no adornaban la Tierra
y las libélulas gigantes batían sus alas entre los helechos.
Encadenando las señales de luz
tejo una red de conexiones
que se adentra a la deriva hacia el horizonte de partículas
e imagino a estas criaturas cazando a sus presas
al resplandor de las explosiones estelares del Cámbrico.
Perfilo la escena, voy atrás en el tiempo
y veo la semilla algodonosa de la hierba cana
flotando como neblina cósmica ante mis ojos.


En septiembre 2006, el telescopio Chandra de rayos X detectó la explosión estelar más grande observada hasta entonces, la de la Supernova 2006gy, en la constelación de Perseo, alejada aproximadamente 238 millones de años luz. Los fotones de ese cataclismo comenzaron a viajar en el triásico cuando las tierras estaban unidas formando el supercontinente Pangea. El universo que vemos es una máquina del tiempo y con la ayuda de telescopios podemos retroceder hasta su infancia, cuando ni siquiera existía la Vía Láctea.


Esta entrada se publicó originalmente en la sección de Ciencia y Poesía de Tam Tam Press

jueves, 24 de diciembre de 2015

El ojo matemático de Horus


Cuenta la leyenda que Horus se enfrentó a Seth en una cruel lucha en la que su ojo izquierdo quedó destrozado, pero Tot logró recomponerlo. Este nuevo ojo de Horus era el Udyat, «el que está completo» y, además de un amuleto de protección, representa un sistema de cuantificación fraccional de las partes de un todo.
Las fracciones del ojo de Horus eran cada una de las partes en las que éste fue seccionado durante la batalla y se representaban mediante una grafía: la esquina interior era ½, el iris ¼, la ceja 1/8, la esquina exterior 1/16, mientras que los ornamentos debajo del ojo continuaban la secuencia 1/32, 1/64, …

El ojo matemático de Horus


En tu brazo resplandece el Udyat,
el ojo matemático de Horus
que dibuja las fracciones.
En tu brazo, la mirada oblicua
que desmiembra mi cuerpo
juntando de nuevo los pedazos.
Con un cuarto del iris,
un octavo de la ceja,
un sesentaicuatroavo de la lágrima…
Y, aunque cada fracción
siempre es la mitad de la anterior,
la suma nunca alcanza la unidad,
solo se aproxima
porque lo que se despedaza
nunca puede totalmente completarse.
Pero se alegra mi espíritu al saber
que llevas en el brazo el ojo aritmético
con las medidas exactas del ungüento
para que mi corazón pueda sanarse.
Yo ofrendo a la serie geométrica
el humo de mi cigarro fascinado,
volutas áspid con esa ínfima fracción angular
que provoca el aleteo
para que la lágrima de Horus alcance el infinito,
y no acabe en el Nilo,
y no la arrastre el agua.
Si se pierde, te lo advierto,
nunca hallarás fórmula, ni hechizo, ni conjuro
que mida con precisión el trigo y la cebada.


Los egipcios se detuvieron en la sexta división 1/64, pero si continuamos haciendo mitades del trozo que falta nos acercaremos cada vez más a la unidad, aunque no la alcanzaremos jamás. En matemáticas podemos construir una expresión del tipo: “Donde la suma tiende a 1 cuando n tiende a infinito”.

Vídeo “El ojo de Horus en las matemáticas”



Las fracciones y el Ojo de Horus de Javier Fraile Martín

Esta entrada se publicó originalmente en la sección de Ciencia y Poesía de Tam Tam Press

viernes, 20 de noviembre de 2015

Explorador polar de Joseph Brodsky


Explorador polar

Todos los perros huskies devorados. En el diario
ya no le quedan páginas en blanco. La foto sepia de su esposa
se cubre de palabras a modo de cuentas de abalorio,
añadiendo la fecha en cuestión como un lunar en su mejilla.
Con la foto de su hermana, tampoco tuvo piedad.
¡Había alcanzado nuevas latitudes!
Y, como la media de seda de una corista de varietés,
la gangrena va subiéndole hasta el muslo.

A Polar Explorer

All the huskies are eaten. There is no space
left in the diary, And the beads of quick
words scatter over his spouse's sepia-shaded face
adding the date in question like a mole to her lovely cheek.
Next, the snapshot of his sister. He doesn't spare his kin:
what's been reached is the highest possible latitude!
And, like the silk stocking of a burlesque half-nude
queen, it climbs up his thigh: gangrene.


Joseph Brodsky; (Leningrado, 1940- Nueva York, 1996)

Poemas de Joseph Brodsky en poemhunter.com

martes, 3 de noviembre de 2015

Diablos azules en el mar de la Serenidad

Mar de la Serenidad, Mar de las lluvias, Océano de las Tormentas, Mar de las Nubes, Mar de la Crisis… y también bahías, lagos y pantanos; muchos de los nombres vienen de una época en la que se creía que la Luna influía en el humor de la gente. Este poema recorre la cartografía lunar.


Diablos azules en el mar de la Serenidad

Diablos azules en el mar de las Lluvias,
solo con tocar el cristal
el meñique ya siente la tristeza de los perros
bajo los sauces de Babilonia.
Diablos azules en el mar de las Nubes,
en el algodón que quiso ser nieve,
pero olvidó la cadencia de los copos.
Diablos azules en las líneas de la palma,
en el mar de la Humedad,
en el temblor que sostiene
la mano del verdugo de pétalos
cuando la flor inclina la cabeza.
Diablos azules en el océano de las Tormentas,
y al acariciar la porcelana,
al rozar las vetas de la madera,
una fisura, áspera al gusto, estremece.
Lunamoto en el país de las grietas.
Diablos azules en el mar de las Islas,
en los cordones que atas con nudo frágil,
como la vida.
Diablos azules en el mar de la Serenidad,
en el lago de los Sueños,
donde hibernan las fechas con el santo del día,
junto con las botellas rotas de la fiesta.
Diablos azules en el mar de los Vapores,
en la bahía del Medio,
donde, pálidos como huesos, los serenos
velan el aroma de ceniza de patchouli
en el altar de Hécate.
Diablos azules en el mar del Frío
asomando la garra tibia en el almanaque,
celestes como icebergs,
flotando sobre paisajes que vivieron épocas convulsas.
Diablos azules susurrando al menguante giboso
en el mar de la Tranquilidad,
con el canto abatido de los cárabos.
Diablos azules forrajeando en el mar de Néctar
ajustando silabas y mapas al velo del paladar
bahía del Arco Iris, lago del Olvido…
La noches saben a caramelo y mezcal
en el mar de la Crisis.
Diablos azules varados en los muelles del limbo,
inlunados en jergones de azúcar impalpable
esperando que el alba pinte el día
como un payaso triste.

Este poema fue publicado en la sección poesía y ciencia de Tam Tam Press