/ El establo de Pegaso

sábado, 14 de mayo de 2011

Ted Hughes



La oca

El oso blanco, con el vaho de SUS fauces,
abarca todo el norte.
La oca salvaje escucha

e l s u r , e l s u r –

estira el cuello, sobrevuela los glaciares.

Y en lo alto, muy alto
hace girar al globo entre sus alas.

Caza con sus iguales de estrella a estrella.
Mira al sol, muy bajo, detrás del mundo.

Cae entre los dedos de la luz, con el pecho albaricoque:
sobresalto de granjas dormidas al alba verdiclara,
soplo de iceberg.

Todo diciembre vagabundea día y noche
apremiando a la hilvanada tribu, lejos
del fusil del arador y de las trampas oceánicas.

Nostálgica husmea

la primera flor de las auroras boreales

y vuela sobre el llanto del cordero. embiste el aire,
hace girar el globo,

quedan abajo amaneceres -una brújula
canta: norte, norte.
norte, norte.
Vadea a golpes de ala el incendio de la tarde.

Y por fin se empapan sus ojos
en la música de la ballena
en el estrépito
de los témpanos desgajados
la lujuria de los lobos
el alboroto de las morsas.

Ted Hughes (Yorkshire, 1930-1998, Devonshire (Inglaterra)

Versión de Ulalume González de León

martes, 10 de mayo de 2011

Ícaros caídos renaciendo en el Estrómboli



Escupo tu corazón
insípido
como el canto monótono de las cigarras
sabe a calima,
a atardecer bochornoso de verano.
Escupo pedazos de dónde dice Platón que habita el alma
aunque tal vez sólo habite la memoria.
Y así está bien.
Los recuerdos
nubes impalpables en el flujo del cambio
ahora lobos,
ahora ángeles transformando las alas en olas gigantes,
ahora Ícaros caídos renaciendo en el Estrómboli.
Vacío mi pecho de tu corazón
y adorno el hueco con geranios escarlata
un exquisito rincón para las libélulas
una cuna de sangre
para aprender los primeros pasos,
las primeras palabras vacilantes.

Elena Soto

miércoles, 4 de mayo de 2011

Malcolm Lowry

Anguilas



Las anguilas parecen desovar en las oscuras aguas profundas:
Nunca nadie las ha visto;
Nadie ha visto sus huevos, sólo más tarde
crecen las larvas, como cuchillos, transparentes.
Jóvenes anguilas que en alta mar se convierten en anguilas de cristal
moviéndose sólo durante el día hacia las costas lejanas.
Pero nadie lo sabe, nadie las ha visto retroceder
al hacer frente incluso al Niágara.
Nadan de nuevo por la noche hacia la gran tumba
en los abismos de las Hébridas.
Su forma es como su vida y como la ola
que rompe sobre ellas es su muerte.
La voluntad de la anguila es su destino.
Ninguna anguila regresa de ese mar oscuro.


Eels

Eels seem to spawn in the deep dark water:
Nobody has seen them apparently;
No one has seen their eggs, only later
The larva rise, knife-like, transparently.
Open sea young eels turn into glass eels
Moving only by day to thr far shores.
But nobody knows it, nobody reels
Them in as they breast even Niagaras.
Them they swim back by night to their great grave
In the abysses of the Hebrides.
Their shape is like their life and like the wave
That breaks over them is the death of these.
The will of the eel is its destiny.
No eel ever comes back from that dark sea.


El murciélago herido

... Un atardecer de verano, caluroso
y en el camino polvoriento un murciélago,
con el ala herida y las manos pequeñas,
un encuentro que hubiera sorprendido al joven Esquilo,
la boca roja indefensa, como un ratón o un gato,
un zumbido, como un timbre, eléctrico,
crepitar patético en el camino.
Se aferró a una pequeña rama, y lo puse a la sombra
con compasión, pero con terror ciego
pidiendo que la muerte no viniera demasiado pronto
a cuidar de mí de esa manera.

The wounded bat

…On a summer’s afternoon, hot
and in the dusty path a bat,
with injured membrane and little hands,
a meeting that would have knocked young Aeschylus flat,
its red mouth helpless, like a mouse or cat,
a buzzing, like a buzzer, electric,
pathetic crepitation in the path.
She hooked to the twig, I laid her in the shade
With compassion, yet with blind terror
Praying that not too soon
Death might care to do for me as much.

Malcolm Lowry (versiones caseras)

sábado, 30 de abril de 2011

Katherine Mansfield



Cuando era un pájaro

Subí al árbol Karaka
y llegué hasta un nido hecho de hojas
suaves como plumas.
Tarareé una canción que siguió la melodía por sí misma
y aunque no tenía palabras, el final era triste.
Había margaritas en la hierba bajo el árbol.
Para probarlas les dije:
"Os morderé la cabeza para darles a mis pequeños
de comer. "
Pero no creyeron que fuera un pájaro;
y continuaron abiertas.
El cielo era como un nido azul con plumas blancas
y el sol el ave madre que lo mantenía cálido.
Eso era lo que decía mi canción; aunque no tuviera palabras.
Mi hermanito llegó, empujando su carretilla.
Transformé mi vestido en las alas y permanecí inmóvil.
Y cuando se acercó dije: "Dulce, dulce!"
Por un momento pareció asustado;
Luego dijo: "Bah, no eres un pájaro, puedo verte
las piernas".
Pero las margaritas ya no me importaban,
Y hermanito ya no me importaba;
Me sentía como un pájaro.

Versión propia


When I was a Bird

I climbed up the karaka tree
Into a nest all made of leaves
But soft as feathers.
I made up a song that went on singing all by itself
And hadn't any words, but got sad at the end.
There were daisies in the grass under the tree.
I said just to try them:
"I'll bite off your heads and give them to my little
children to eat."
But they didn't believe I was a bird;
They stayed quite open.
The sky was like a blue nest with white feathers
And the sun was the mother bird keeping it warm.
That's what my song said: though it hadn't any words.
Little Brother came up the patch, wheeling his barrow.
I made my dress into wings and kept very quiet.
Then when he was quite near I said: "Sweet, sweet!"
For a moment he looked quite startled;
Then he said: "Pooh, you're not a bird; I can see
your legs."
But the daisies didn't really matter,
And Little Brother didn't really matter;
I felt just like a bird.

Katherine Mansfield (Nueva Zelanda, 1888 - Francia, 1923)

jueves, 28 de abril de 2011

Derek Walcott

Las uvas del mar



Esa vela que se apoya en la luz,
cansada de las islas
una goleta batiendo en el Caribe

podría ser Ulises
de regreso a su hogar en el Egeo;
ese padre y marido

anhelante bajo las uvas nudosas y agrias, es
como el adúltero que escuchar el nombre de Nausicá
en cada graznido de gaviota.

No da la paz a nadie. La antigua guerra
entre la obsesión y la responsabilidad
nunca terminará y siempre ha sido la misma

para el viajero errante del mar o el que permanece en la costa
y que se desliza en sus sandalias para regresar al hogar,
ahora que Troya exhaló su última llama,

y la roca del gigante ciego dividió el mar
y desde el fondo llegan en grandes olas los hexámetros
para acabar en espuma exhausta.

Los clásicos pueden consolar. Pero no es suficiente.

Las uvas del mar de Collected Poems 1948-1984
versión casera







Sea Grapes

That sail which leans on light,
tired of islands
a schooner beating up the Caribbean

for home, could be Odysseus,
home bound on the Aegean;
that father and husband’s


Longing, under gnarled sour grapes, is
like the adulterer hearing Nausicaa’s name
in every gull’s outcry.

This brings nobody peace. The ancient war
between obsession and responsibility
will never finish and has been the same

for the sea wanderer or the one on shore
now wriggling on his sandals to walk home,
since Try sighed its last flame,

and the blind giant’s boulder heaved the trough
from whose groundswell the great hexameters come
to the conclusions of exhausted surf.

The classics can console. But not enough.


El mar del verano, la carretera de asfalto caliente en declive...

El mar del verano, la carretera de asfalto caliente en declive, esta
hierba, estas chozas que me hicieron,
jungla y cuchilla siembran hierba brillando tenuemente junto a la cuneta,
el filo del arte;
las cochinillas bullen en el bosque sagrado,
nada puede hacerlas salir con fuego, están en la sangre;
sus bocas rosas, como querubes, cantan de la lenta ciencia
del morir -todo cabezas, con, en cada oreja, un ala diáfana.
Arriba, en la Reserva Forestal, antes de que las ramas irrumpan en el mar,
miré por la ventana móvil y herbosa y pensé «pinos»
o coníferas de algún tipo. Pensé, deben de sufrir
en este calor tropical con su idea infantil de Rusia.
Entonces, de pronto, de sus troncos pudriéndose, signos perturbadores
de la fe que traicioné, o la fe que me traicionó-
mariposas amarillas alzándose en la carretera a Valencia
balbuciendo «sí« ante la resurrección: «sí, sí es nuestra respuesta»,
El Nunc Dimittis de su coro verdadero.
¿Dónde está mi libro de himnos de niño, los poemas ribeteados
con hoja de oro, el cielo que adoro sin fe en el cielo,
mientras el Verbo, apenado, se volvió hacia la poesía?
¡Ah, pan de vida que sólo el amor sabe leudar!
Ah, Joseph, aunque ningún hombre muera jamás en su propio país,
la hierba agradecida brotará espesa de su corazón.

Derek Walcott (Santa Lucía, 1930). Versión de Vicente Araguas en Huerga y Fierro Editores

miércoles, 27 de abril de 2011

John Berger



Distancia

Has llenado el termo con café
envuelto nuestras huellas
por si tuviéramos que lanzarlas a las fauces
de la indemostrable
nieve eterna.

Juntos, martilleando como carpinteros,
hemos enseñado a la distancia
cómo construir un tejado
con los árboles
que separan nuestra carrera.

En el silencio que dejamos atrás
no oímos ya la lejana
pregunta de la casa del verano:
¿Y adónde iremos
mañana?

Al atardecer temen los perros enjaezados
que el bosque no tenga fin.
Y cada noche en la nieve
los tranquilizamos
con nuestras sorpresivas risas.

Distance

You have filled the thermos with coffee
packed our footprints if needed
to throw into the jaws
of the untestifying
eternal snow.

Together as carpenters with hammers
we have taught the distance
how to build a roof
from the trees
we run between.

In the silence behind
we no more hear the faraway
question of the summer house:
And tomorrow where
shall we go?

At dusk the harnessed dogs fear
there is no end to the forest.
And each night in the snow
we calm them
with our surprising laughter.


Poema del libro Páginas de la herida

John Berger (Londres en 1926)

viernes, 15 de abril de 2011

Liverpool José María Millares



Liverpool

Sobre vuestros curtidos rostros de paloma endurecida,
sobre vuestras sonrisas de sal y vino agrio, ya sobre los duros cristales de la niebla,
está mi alma, están mis ojos, amigos,
y sobre el último dolor de la tierra,
y sobre el último dolor de mis manos, tanteando el duro cemento de una puerta vacía,
y sobre la última agonía de las aguas está flotando mi corazón, señores, mi corazón.
Por favor, abridme paso, dejadme cruzar este túnel de plomo,
que quiero ser el primero en llegar con mi sangre a los muelles de Liverpool.
Amigos, vosotros que os perfiláis como aletas de pescado
sobre las últimas esquinas de los buques;
vosotros que de cada rincón saltáis de una bodega a otra
como sapos de azufre ardiendo, como tristes pezuñas de lagarto,
para husmear el rojo carbón de las calderas,
para darle vida al hierro como al alba le dais su fruto,
para darle aliento al agua que se aleja para siempre de la tierra,
del polvo que tanto amáis tras unos ojos,
decidme que puedo soñar en vuestros rostros de ceniza
y en vuestras sucias calles de alquitrán, y en vuestros hogares de nata corrompida,
y echar la raíz de mi sangre como un ancla sobre vuestras jurisdicciones marítimas,
porque además de ser un hombre como vosotros, soy un poeta,
y un poeta es un corazón más sobre la niebla del mundo.
Por favor, abridme paso, que quiero ser el primero en saludar con mi sangre vuestras sonrisas de azufre,
vuestras mujeres de estopa. Por favor, abridme paso.

De Liverpool, 1949. José María Millares (Las Palmas de Gran Canaria,1921 - 2009)



En 2008, la editorial Calambur reeditó Liverpool