/ El establo de Pegaso

viernes, 28 de enero de 2011

Gary Snyder


Danger on Peaks
(Peligro en las cumbres)




Cayendo desde la altura, cogidos de la mano

¿Qué fue eso?
una tormenta de cristales
y ondulantes llamas

un día claro en el cielo lejano

antes de quemarse,
se cogen de las manos.

Seremos
dos peregrinos buceando

hasta el fondo


Falling from a Height, Holding Hands

What was that?
storms of flying glass
& billowing flames

a clear day to the far sky—

better than burning,
hold hands.

We will be
two peregrines diving

all the way down.

Amanecer atómico

El primer día que subí al Monte Saint Helens fue 13 de agosto 1945.

El lago Soirit estaba alejado de las ciudades del valle y la noticia llegó tarde. Aunque la primera bomba atómica fue lanzada sobre Hiroshima el, 6 de agosto y la segunda cayó sobre Nagasaki el 9 de agosto las fotografías no aparecen en el Portland Oregonian hasta el 12 de agosto. Los periódicos debieron llegar a Spirit Lake el 13. Temprano, la mañana del 14, me acerqué al albergue para ver el tablón de anuncios. "Las fotos aéreas de una ciudad destruida llenaban páginas enteras del periódico, sólo en Hiroshima el cálculo era de 150.000 muertos, se citaba a un científico estadounidense diciendo "en setenta años nada crecerá de nuevo.". El sol de la mañana en mis hombros, el olor del bosque de abetos y la sombra de los grandes árboles, los pies en los mocasines sintiendo la tierra, y mi corazón siendo uno con la cumbre nevada de la montaña a mi espalda. Horrorizado, culpando a los científicos y los políticos y los gobiernos del mundo, me hice un voto a mí mismo, algo así como: "Por la pureza y la belleza y la permanencia del Monte St. Helens. Voy a luchar durante toda mi vida contra este poder destructivo y cruel y los que intenten usarlo"

Atomic Dawn

The day I first climbed Mt. St. Helens was August 13, 1945.

Soirit Lake was far from the cities of the valley and news came slow. Though the first atomic bomb was dropped on Hiroshima August 6 and the second dropped on Nagasaki August 9, photographs didn't appear in the Portland Oregonian until August 12. Those papers must have been driven in to Spirit Lake on the 13th. Early in the morning of the 14th I walked over to the lodge to check the bulletin board. There were whole pages of the paper pinned up: photos of a blasted city from the air, the estimate of 150,000 dead in Hiroshima alone, the American scientist quoted saying "nothing will grow there again for seventy years." The morning sun on my shoulders, the fir forest smell and the big tree shadows; feet in thin mocassins feeling the ground, and my heart still one with the snowpeak mountain at my back. Horrified, blaming scientists and politicians and the governments of the world, I swore a vow to myself, something like, "By the purity and the beauty and permanence of Mt. St. Helens, I will fight against this cruel destructive power and those who would seek to use it, for all my life."

Gary Snyder (San Francisco,1930. Poemas de Danger on Peaks, Shoemaker & Hoard, 2004.

Danger on Peaks comienza con el bombardeo de Hiroshima, en 1945, cuando ascendió por primera vez al Monte Saint Helens, y termina con la destrucción de los antiguos Budas gigantes esculpidos en los acantilados de Bamiyán y el ataque del 11S a las Torres Gemelas, en 2001.


Gary Snyder fotografiado por Dan Chung


domingo, 23 de enero de 2011

Gwendolyn Brooks



Nosotros los más enrollados

La pandilla de los siete jugadores de Billar en el Golden Shovel

Somos los más enrollados. Nosotros
Abandonamos la escuela. Nosotros

Trasnochamos. Nosotros
Golpeamos duro. Nosotros

Cantamos el pecado. Nosotros
destilamos ginebra. Nosotros

Hacemos jazz en junio. Nosotros
morimos pronto.

We Real Cool

The Pool Players.
Seven at the Golden Shovel.

We real cool. We
Left school. We

Lurk late. We
Strike straight. We

Sing sin. We
Thin gin. We

Jazz June. We
Die soon.



La Loca

No voy a cantar una canción de mayo
Una canción debe ser alegre
Esperaré hasta noviembre
Y cantaré una canción gris.

Voy a esperar hasta noviembre
Ese es mi momento
Saldré en la oscuridad helada
Y cantaré profundamente.

Y todos los duendes
Me mirarán dicendo:
"¿Es esa la loca
que no pudo cantar en mayo?"


The Crazy Woman
I shall not sing a May song
A may song should be gay
I’ll wait until November
And sing a song of gray.

I’ll wait until November
That is the time for me
I’ll go out in the frosty dark
And sing most terribly.

And all the little people
Will stare at me and say,
“That is the Crazy Woman
Who would not sing in May”

Los Comedores de Judías

Se alimentan sobre todo de judías, esta pareja de viejos amarillentos.
La cena es un hecho casual.
Un sencillo plato en una mesa lisa y desvencijada,
Cubiertos de estaño.

Dos personas básicamente buenas.
Dos que ya han vivido lo suyo,
aunque lleven las mismas ropa
Y conserven las cosas viejas.

Y recordar ...
Recordar, entre parpadeos y punzadas,
Inclinados sobre las judías en su cuarto alquilado
lleno de facturas y recibos y muñecas y ropas,
hebras de tabaco, jarrones y trastos dejados de lado.


The Bean Eaters

They eat beans mostly, this old yellow pair.
Dinner is a casual affair.
Plain chipware on a plain and creaking wood,
Tin flatware.

Two who are Mostly Good.
Two who have lived their day,
But keep on putting on their clothes
And putting things away.

And remembering . . .
Remembering, with twinklings and twinges,
As they lean over the beans in their rented back room that
is full of beads and receipts and dolls and cloths,
tobacco crumbs, vases and fringes.

Gwendolyn Tamika Elizabeth Brooks (1917, Topeka, Kansas-2000, New York).

sábado, 22 de enero de 2011

Pablo Queralt

Fragmentos de su poemario El Padre



... ¿quién prende el fuego, quién
toma las marcas?


poema del génesis no escrito que recita el padre

en un tiempo sin espacio

ni ilusión


reconstruímos un momento

donde se entrecruzan

muchos momentos

y el árbol imaginado no es más el árbol


tal vez mármol

piedra…


****

Todos esos puntos

pueden unir

la figura de mi padre

camina por el césped

corta los yuyos, pone gamexane

lee las huellas, los caminos
que llevan las hormigas

vuelve con un ramillete de jazmines

del país
y un fajo de tomillo

ese su lenguaje...


****

En este tiempo de lagartijas
el ojo color de rosa
nos mira pasar
mi padre en bermudas arrastra
la carretilla con yuyos y duendes
que arroja expulsa del edén

Dios ha sido bueno con él

lo dejó vivir 83 años

fumando hasta la última mariposa

del aire

que llegaba al azul de lo finito

del aleteo,


para volver al tallo del instante

aéreo.

Agradezco a Pablo Queralt el envío de su libro El Padre al que pertenecen estos fragmentos.

miércoles, 19 de enero de 2011

Vladimir Mayakovski



Portada de libro de Mayakovsky de Rodchenko

AMO

COMÚNMENTE ES ASI
El amor le es dado a cualquiera
pero...
entre el empleo,
el dinero y demás,
día tras día,
endurece el subsuelo del corazón.
Sobre el corazón llevamos el cuerpo,
sobre el cuerpo la camisa,
pero esto es poco.
Sólo el idiota,
maneja puños
y el pecho lo cubre de almidón.
De viejos se arrepienten.
La mujer se maquilla.
El hombre hace ejercicios con sistema Müller,
pero ya es tarde.
La piel multiplica sus arrugas.
El amor florece,
florece,
y después se deshoja.


Mi universidad

¿Sabe francés,
restar,
multiplicar?
¡Declina maravillosamente!
¡Que decline!
Pero, oiga,
¿Acaso usted podría cantar en dúo,
con los edificios?
¿Usted acaso comprende
el idioma de los tranvías?
El hombre, a veces,
apenas sale del cascarón
y ya lleva libros bajo el brazo,
y cuadernos escritos.
Yo,
aprendí el alfabeto en los letreros,
hojeando páginas de estaño y hierro.
Los maestros,
toman la tierra,
la descarnan,
la destrozan,
y enseñan:
-Toda ella
no es más que un globo pequeño, redondo.
Pero yo,
con los codos aprendí geografía.
No en vano he dormido tanto sobre la tierra.
Los historiadores se atormentan con importantes preguntas:
-¿Era o no roja la barba de Barbarosa?
¡Que sea!
No me gusta meterme en las mentiras con telaraña.
Yo conozco de Moscú, cualquiera de sus historias.
Hablan de Dobroliúbov (para que lo odien)¹
pero su apellido está en contra,
protesta la familia.
Yo,
desde niño.
aprendí a odiar a los gordos,
a los que se venden por una comida.
Se sientan,
charlan,
y para gustarle a la dama,
hacen sonar sus pobres ideas
con sus frentes llenas de monedas.
Yo,
dialogaba sólo con los edificios,
y las tomas de agua, eran mis interlocutoras,
con la ventana del oído atento escuchando,
los techos oían lo que les arrojaba al oído.
Y luego,
de noche,
sobre una cosa
o la otra
nos pasábamos charlando,
moviendo la "sinhueso".

Mayakovski (Georgia, 1893 – Moscú, 1930). Traducción de Lila Guerrero.

La Flauta espinazo y otros poemas, Ediciones elaleph.com.

viernes, 14 de enero de 2011

Tres poemas de Ingibjörg Haraldsdóttir

Ingibjörg Haraldsdóttir



Seguridad

Discutíamos asuntos de seguridad:
es prudente ajustarse el cinturón
cruzar con la luz verde
ponerse bufandas y tomar vitaminas
dejar de fumar
de beber
Todo es tan peligroso en estos días
la contaminación horrible (flores marchitas)
y hay muchas cosas que engordan: la nata
oprime el corazón
aumenta la violencia dicen los sociólogos
tristes y llenos de responsabilidad
cuando llegue la noche lo más seguro
es quedarse en casa

Discutíamos los asuntos con franqueza
y precaución
de pronto la noticia:
ha estallado la guerra

Nos quedamos un rato sin decir nada

después apagamos el televisor
y cambiamos de tema diciendo nimiedades


Mujer

Cuando todo está dicho
cuando los problemas del mundo han sido
sopesados, medidos y resueltos
cuando los ojos se han mirado
y las manos han sido estrechadas
con toda solemnidad
llega siempre una mujer
a recoger la mesa
barrer el piso y abrir las ventanas
para ahuyentar el humo de los habanos

No falla

Ingibjörg Haraldsdóttir nació en Reikiavik, Islandia, en 1942. Traducciones realizadas por la autora y tomadas del Festival Internacional de Poesía de Medellín.

En 2002 su poemario Hvar sem ég verd (La cabeza de la mujer) obtuvo el Premio de la Literatura Islandesa.

viernes, 7 de enero de 2011

Nueva York: Oficina y denuncia



A Fernando Vela


Debajo de las multiplicaciones
hay una gota de sangre de pato.
Debajo de las divisiones
hay una gota de sangre de marinero.
Debajo de las sumas, un río de sangre tierna;
un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de New York.
Existen las montañas, lo sé.
Y los anteojos para la sabiduría,
lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo.
He venido para ver la turbia sangre,
la sangre que lleva las máquinas a las cataratas
y el espíritu a la lengua de la cobra.
Todos los días se matan en New York
cuatro millones de patos,
cinco millones de cerdos,
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas,
un millón de corderos
y dos millones de gallos
que dejan los cielos hechos añicos.
Más vale sollozar afilando la navaja
o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías
que resistir en la madrugada
los interminables trenes de leche,
los interminables trenes de sangre,
y los trenes de rosas maniatadas
por los comerciantes de perfumes.
Los patos y las palomas
y los cerdos y los corderos
ponen sus gotas de sangre
debajo de las multiplicaciones;
y los terribles alaridos de las vacas estrujadas
llenan de dolor el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.
Yo denuncio a toda la gente
que ignora la otra mitad,
la mitad irredimible
que levanta sus montes de cemento
donde laten los corazones
de los animalitos que se olvidan
y donde caeremos todos
en la última fiesta de los taladros.
Os escupo en la cara.
La otra mitad me escucha
devorando, cantando, volando en su pureza
como los niños en las porterías
que llevan frágiles palitos
a los huecos donde se oxidan
las antenas de los insectos.
No es el infierno, es la calle.
No es la muerte, es la tienda de frutas.
Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles
en la patita de ese gato quebrada por el automóvil,
y yo oigo el canto de la lombriz
en el corazón de muchas niñas.
óxido, fermento, tierra estremecida.
Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina.
¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre?
No, no; yo denuncio,
yo denuncio la conjura
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva,
y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas
cuando sus gritos llenan el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.

Federico García Lorca. Oficina y denuncia de Poeta en Nueva York.


Nueva York (Oficina y denuncia), dedicado a Fernando Vela, fue publicado en 1931 en la Revista de Occidente, y no se conservaba el manuscrito. Ahora, el hispanista Christopher Maurer ha encontrado por casualidad en la Biblioteca del Congreso de EEUU, en Washington, un autógrafo de Nueva York: Oficina y denuncia con versos distintos a los conocidos por todos. Este primer borrador con correcciones y tachados a lápiz es toda una 'rareza', no sólo porque se creía perdido, sino porque aparecen versos que no figuran en la edición final.




jueves, 6 de enero de 2011

Francisco Ruiz Udiel, in memoriam

A Ruiz Urdiel, in memoriam.




Cada cuatro años nace una poeta suicida


A Sexton, Plath y Pizarnik
Nacidas en 1928, 1932 y 1936


Cada cuatro años la muerte
abre la llave del gas de una cocina,
se fuma un cigarrillo en el sofá y espera.

Otras veces enciende el motor de un automóvil
dentro del garaje
y canta Chair in the Sky,
un poco de jazz no despertará
a las muñecas recién maquilladas, piensa.

Cada cuatro años la muerte toma
anfetaminas para adelgazar,
pero se le pasa un poco la mano
y ya no despierta.

No se pone triste, ni alegre, ni neurótica, no.
pero cada cuatro años
la muerte amanece lúgubre
y observa la tarde roja
desde una ventana.
Alguien trata de invocarme, dice,
y cierra amargamente los ojos.

A mí me da pesar, no sé,
es como si ella quisiera decirnos
o contarnos algo desde su delgado rostro blanco,
como si estuviera cansada de estrangular mujeres.
Yo la conozco muy poco,
pero me consta aborrece
su funéreo oficio.
Últimamente la han visto respirar
cierto aire suicida.

Cada cuatro años a la muerte
se le irritan los ojos,
sabemos que ha llorado, lo sabemos,
pero callamos,
sabemos también que busca algún vientre
y como ella no tiene el privilegio
de la carne materna
aferra entonces sus fríos y delgados dedos
en el primer ombligo que encuentra.

Por eso cada cuatro años algunas niñas
ya vienen muertas.

Francisco Ruiz Udiel Nicaragua, (1977-2011).