/ El establo de Pegaso

sábado, 16 de octubre de 2010

Mystery meat

En Explosió de Cati Bauçà

“.el Sapo no se ahoga
aunque baje hasta el fondo del río de las estrellas,
y la Liebre vive vida eterna
mordisqueando sus hierbas hechizadas.”
TU FU

Mystery meat
La carne misteriosa huele a la carne misteriosa
aunque ésta se oculte en la parte trasera de la casa
aunque se entierre con llaves de vigilia bajo un manto de musgo.
Los ojos de la cabra nunca engañarían a la cría ansiosa que busca el alimento,
ni podría desdecirse la tormenta de haber sido tormenta.
Así es la ley atroz de las espigas
que entregan su fruto
a bocas que nunca han bendecido el grano.
Así es la ley tibia de las madrigueras
que cobijan en silencio los corazones agazapados de cachorros
alumbrados de la carne misteriosa,
por la carne misteriosa.
Un lecho de palabras,
un curso casi fluvial de coincidencias,
una gestación que ignora los tiempos del odio.
Es la ley sagrada de la carne
que no sabe de senderos trazados
y se adentra arrastrándose
atajando ciega los desfiladeros misteriosos
entre hoces y vértebras.
Es la ley.
En vano espera la paloma a que el cuervo le responda a los arrullos,
en vano aguarda el surco a que lo siembren
pero sucede a veces el absurdo
y el cuervo gorjea a la paloma y la cubre con sus alas,
y la carne se entierra, se pudre y resucita.
Y la ley pare seres que huelen a tierra, a cuervo y a paloma.
Se amantan de ubres que no ves
de alimento amasado en días de tormenta.
Es la ley.
Luz ázima que alimenta el éxodo,
trémula y amarga como el pábilo que anuncia tiempos oscuros
y señala con penumbras la morada de la carne.

Recuerda piel la carne misteriosa
acre y oscura como hojas de tejo.

Elena Soto del libro Métricas del alma. Editorial Torremozas

miércoles, 13 de octubre de 2010

Billy Collins

Diseño



Derramo una capa de sal sobre la mesa
y trazo un círculo con mi dedo.
Este es el ciclo de la vida
le digo a nadie.
Esta es la rueda de la fortuna,
el Círculo Ártico.
Este es el anillo de Kerry
y la rosa blanca de Tralee
les digo a los fantasmas de mi familia,
los padres muertos,
la tía que se ahogó,
mis hermanos y hermanas venideros,
mis hijos por venir.
Este es el sol con sus rayos relucientes
y la luna amarga.
Este es el círculo absoluto de la geometría
le digo a la hendidura en la pared,
a los pájaros que cruzan la ventana.
Esta es la rueda que acabo de inventar
para rodar por el resto de mi vida
y lo digo
tocando mi lengua con el dedo.


Design

I pour a coating of salt on the table
and make a circle in it with my finger.
This is the cycle of life
I say to no one.
This is the wheel of fortune,
the Arctic Circle.
This is the ring of Kerry
and the white rose of Tralee
I say to the ghosts of my family,
the dead fathers,
the aunt who drowned,
my unborn brothers and sisters,
my unborn children.
This is the sun with its glittering spokes
and the bitter moon.
This is the absolute circle of geometry
I say to the crack in the wall,
to the birds who cross the window.
This is the wheel I just invented
to roll through the rest of my life
I say
touching my finger to my tongue.

Taducción de Miguel Ángel Zapata

Billy Collins (Nueva York en 1941)

martes, 5 de octubre de 2010

Michael Hartnett



Iglesia rural

El valle los lleva
como la suciedad de los bolsillos en domingo,
a la llanura, a los fértiles prados –
esta gente, cauta y feliz,
reunida como un grupo de baile
junto al muro de la antigua iglesia:
codos amigos, manos amigas,
el adversario evitando al enemigo
en la enloquecida danza sin fin.
caballos solitarios aquí y allá
atados y dormidos –
coches agazapados junto
al arbusto, al seto, al establo
y la burla verde de los árboles
que una vez vieron a Ícaro quemado.
Esta congregación es un caballo solitario
perdida en esta época
tan torpe como un hombre
que baila
con una monja
el día de la boda.


The Country chapel

The glen sweeps them out
like pocket dross each Sunday,
to the plain, to the fat meadows –
this people, sly and happy,
gathered like a set-dance team
by the wall of the old chapel:
friendly elbows, friendly hands,
foe avoiding enemy
in the daft eternal dance.
Lonesome horses here and there
tethered and asleep –
motorcars ahide
by bush by hedge by shed
and green sneers from the trees
that once saw Icarus lamed.
This congregation is a lonely horse
straying in this age
as awkward as a man
dancing with a nun
on a wedding day.

Del poemario A Necklace of Wrens (Un collar de reyezuelos)
Michael Hartnett (Irlanda,1941-1999)




Aquel beso de actor

Besé a mi padre que yacía en la cama
en la sala. Las enfermeras caminaban con suelas de sueño
y los viejos discutían con ellas todo el día.
Siete décadas encerradas en su cabeza
congeladas se iban fundiendo a mares,
el pintor había perdido por completo todo el sentido, excepto su vejez.
Aquel beso de actor llegó muy hondo
devolviéndome ecos que había amado-
‘Fue 29’ ‘fue 41’ ‘84’,
todo en sus ojos caleidoscópicos
(Quería para mí su amargura y su sed,
su manera fría de cerrar una puerta).
Más tarde, después de un trago, cai en la cuenta de
que era nuestro último beso y, por desgracia, el primero.


That Actor Kiss

I kissed my father as he lay in bed
in the ward. Nurses walked on soles of sleep
and old men argued with themselves all day.
The seven decades locked inside his head
congealed into a timeless leaking heap,
the painter lost his sense of all but grey.
That actor kiss fell down a shaft too deep
to send back echoes that I would have prized—
‘29 was’ 41 was ‘84,
all one in his kaleidoscopic eyes
(he willed to me his bitterness and thirst,
his cold ability to close a door).
Later, over a drink, I realised
that was our last kiss and, alas, our first.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Raúl Zurita

El Ascenso Del Pacífico



Se encumbró entonces el océano
y nuestras pupilas miraban el portento
sin todavía creerlo
Escuchamos de nuevo las rompientes, las
infinidades de islas
subiendo igual que estrellas sobre el cielo
Allí está el Pacífico hombre, allí, encima,
de nuestras cabezas
y no lo crees y tus ojos lloran
y no puedes entenderlo y tus ojos lloran
todos los que amamos son el mar

Todo lo que amamos es el mar
América es un mar con otro nombre


Diálogo De Chile

Verás un mar de piedras
Verás margaritas en el mar
Verás un Dios de hambre
Verás el hambre
Verás figuras como flores
Verás un desierto
Verás el mar en el desierto
Verás tu odio
Verás un país de sed
Verás acantilados de agua
Verás nombres en fuga
Verás la sed
Verás amores en fuga
Verás el poco amor
Verás flores como piedras
Verás sus ojos en fuga
Verás cumbres
Verás margaritas en las cumbres
Verás un día blanco
Verás que se va
Verás no ver
Y llorarás


Raúl Zurita (Santiago,Chile;1950),

Poemario Anteparaíso y El amor de Chile en Memoria chilena

viernes, 24 de septiembre de 2010

W.H. AUDEN




En Memoria de W. B. Yeats

Desapareció al final del invierno:
los arroyos estaban helados y los aeropuertos casi vacíos;
la nieve desdibujaba las estatuas públicas
y el mercurio se hundía en la boca del día moribundo.
Los datos de que disponemos coinciden
en que el día de su muerte fue oscuro y frío.

Lejos de su enfermedad
los lobos rondaban los bosques siempre verdes,
los ríos campestres no se dejaron seducir por los muelles elegantes
y las lenguas de luto
ocultaron la muerte del poeta a sus poemas.

Pero para él fue su última tarde como él mismo,
una tarde de enfermeras y rumores;
las provincias de su cuerpo se revelaron,
las plazas de su mente se quedaron vacías,
el silencio invadió los suburbios,
sus sentimientos se detuvieron, él se convirtió en sus admiradores.

Ahora está disperso en un centenar de ciudades,
condenado al afecto de desconocidos,
a encontrar la felicidad en otro tipo de bosques,
a ser juzgado por un código de conciencia extranjero.
Las palabras de un hombre que ha muerto
se alteran en la conciencia de los vivos.

Pero en la importancia y el ruido de mañana,
cuando los corredores gritan como animales en la Bolsa
y los pobres siguen con el sufrimiento al que ya están acostumbrados
y cada cual, en su agujero, está casi convencido de su libertad,
unos pocos miles pensarán en el día de hoy
como en un día en que se hizo algo excepcional.

Los datos de que disponemos coinciden
en que el día de su muerte fue oscuro y frío.

In Memory of W. B. Yeats




W. H. Auden (Wynstan Hugh Auden), británico nacionalizado estadounidense, nació en York, 1907, y murió en Viena en 1973.

Entrevista realizada al poeta por Michael Newman

martes, 21 de septiembre de 2010

Milonga del ángel de Astor Piazzolla

El ángel de Piazzolla me ha rozado la punta de los dedos



El ángel de la milonga
me ha rozado la punta de los dedos
y las yemas
se han abierto al tacto
como flores.
Puedo sentir caer la oscuridad sobre la seda
y a la luz
desgranar el maíz.
El azul marengo del sombrero
me humedece la cara
como esa lluvia fina y tenaz que llaman calabobos.






Mural en Berisso (La Plata) de Susana Velasco y Cristian del Vitto.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Las rosas de Ramón María del Valle-Inclán

Rosa gnóstica, Rosa de Zoroastro, Rosa métrica, Rosa del reloj, Rosa de Saulo, Rosa de Job, Rosa hiperbólica, Rosa del caminante, Rosa del Paraíso..., todas en el poemario El Pasajero (1920) y La Rosa de sanatorio de La Pipa de Kif (1919).




Rosa del reloj

Es la hora de los enigmas,
cuando la tarde del verano,
de las nubes mandó un milano
sobre las palomas benignas.
¡Es la hora de los enigmas!

Es la hora de la paloma:
sigue los vuelos la mirada
de una niña. Tarde rosada,
musical y divina coma.
¡Es la hora de la paloma!

Es la hora de la culebra:
el diablo se arranca una cana,
cae del árbol la manzana
y el cristal de un sueño se quiebra.
¡Es la hora de la culebra!

Es la hora de la gallina:
el cementerio tiene luces,
se santiguan ante las cruces
las beatas, el viento agorina.
¡Es la hora de la gallina!

Es la hora de la doncella:
lágrimas, cartas y cantares,
el aire pleno de azahares,
la tarde azul, solo una estrella.
¡Es la hora de la doncella!

Es la hora de la lechuza:
descifra escrituras el viejo,
se quiebra de pronto el espejo,
sale la vieja con la alcuza.
¡Es la hora de la lechuza!

Es la hora de la raposa:
ronda la calle una vihuela,
porta la vieja a la mozuela
un anillo con una rosa.
¡Es la hora de la raposa!

Es la hora del alma en pena:
una bruja en la encrucijada,
con la oración excomulgada
le pide al muerto su cadena.
¡Es la hora del alma en pena!

Es la hora del lubricán:
acecha el mochuelo en el pino,
el bandolero en el camino,
y en el prostíbulo Satán.
¡Es la hora del lubrican!


Rosa Gnóstica

Nada será que no haya sido antes.
Nada será para no ser mañana.
Eternidad son todos los instantes,
Que mide el grano que el reloj desgrana.

Eternidad la gracia de la rosa,
y la alondra primera que abre el día,
Y la oruga, y su flor la mariposa.
¡Eterna en culpa la conciencia mía!"

Al borde del camino, recostado
como gusano que germina en lodo,
siento la negra angustia del pecado,
Como la divina aspiración al Todo.

El gnóstico misterio está presente
en el quieto volar de la paloma,
y el pecado del mundo, en la serpiente
que muerde el pie del ángel que la doma.

Sobre la eterna noche del pasado
Se abre la eterna noche del mañana.
¡Cada hora, una larva del pecado!
¡Y el símbolo, la sierpe y la manzana!.

Guarda el Tiempo el enigma de las Formas,
como un dragón sobre los mundos vela,
y el Todo y la Unidad, supremas normas,
tejen el Infinito de su estela.

Nada apaga el hervor de los crisoles,
en su fondo sellada está la eterna
idea de Platón. Lejanos soles
un día encenderán nuestra caverna.

Mientras hilan las parcas mi mortaja,
una cruz de ceniza hago en la frente;
el tiempo es la carcoma que trabaja
por Satanás. ¡Y Dios es el Presente!.

¡Todo es Eternidad! ¡Todo fue antes!
¡Y todo lo que es hoy será después,
en el Instante que abre los instantes,
y el hoyo de la muerte a nuestros pies!

Del libro El Pasajero




Rosa de sanatorio

Bajo la sensación del cloroformo
me hacen temblar con alarido interno,
la luz de acuario de un jardín moderno.
y el amarillo olor del yodoformo.

Cubista, futurista y estridente,
por el caos febril de la modorra
vuela la sensación, que al fin se borra,
verde mosca, zumbándome en la frente.

Pasa mis nervios, con gozoso frío,
el arco de lunático violín;
de un si bemol el transparente pío

tiembla en la luz acuaria del jardín,
y va mi barca por el ancho río
que divide un confín de otro confín.

De La Pipa de Kif



Poema en audio: Rosa de Job de Ramón del Valle Inclán por Ramón del Valle Inclán



Ramón del Valle-Inclán (Villanueva de Arosa 1866, Santiago de Compostela 1936)