/ El establo de Pegaso

domingo, 13 de junio de 2010

Hipea de Magdalena Ferragut




Play 1
Es demasiado fácil derrochar amor, cuando un taxi te espera cada día en la puerta de tu casa y la inmensidad se detiene al oirte llegar. Las ciudades se exprimen el cerebro para ser simpáticas y los dioses echan chispas porque el talón de aquiles ha desaparecido. Y es que quitarle la gabardina al calendario y cojer el teléfono con la izquierda mientras mi puta retorna para acariciarme el pubis y tomarme sobre el colchón de todos los hoteles, es como renegar de mirar al cielo, despeinar al dolor y resonar asmático en la oscuridad. Tengo miedo. Las agujas del reloj de cuco que habitan siempre en mis atardeceres, golpean incansablemente todas y cada una de mis neglicencias. Puedo ser ilustre pero mi culo no se abre fácilmente por mucho amor que mis pezones malgasten. Quiero recordarte amable pero gris, quiero recordar mis alas de ángel cuando mi cintura solo era para ti una cintura más... Las putas no aman en silencio, por eso siempre hay que taparles la boca. Ahora miro hacia atrás, extiendo la chequera cuando los sueños aparecen de repente y sin avisar, y el rítmico balanceo de nuestros cuerpos caduca para dejar paso a una lucha que quizás nos entierre. Abrígame y vuelve a conquistarme, regálame a bettyboo y silba sin hacer ruido cuando aparezca en tu vida fucsia y huérfana, furtiva y prohibida, exiliada, cansada..... hazme el boca a boca amor porque hoy los huracanes reinventan el silencio y pregúntame entonces por mi vida para que pueda volver ligera, con el rímel puesto al revés y sin excusas.


Magdalena Ferragut Blog Hipea

miércoles, 9 de junio de 2010

Du Fu




Noche

I
La luna es un arco descordado en la pálida noche.
el pábilo de la lámpara está a punto de consumirse.
Gime el viento en la montaña desasosegando a los venados,
se quiebran las ramas de los árboles asustando a las cigarras.
De repente, vienen a mi memoria los peces del río del este
y una nave helada bajo la nieve.
Los cantos de los extranjeros llegan hasta las estrellas;
no poseo nada en este lugar, es el umbral del cielo.

II
En la muralla escucho el sonido de una flauta
se lamenta al atardecer
un revoloteo atraviesa la aldea en ruinas.
¡Hace tanto tiempo que estamos en guerra!
Cobrados los impuestos, regreso a la hondura de la noche.
Árboles oscuros se despeñan al borde del precipicio;
el cauce del río serpea y apenas avanza.
Se apaga la luz de las estrellas; aumenta mi nostalgia.
La luna mengua. La urraca suspende su vuelo.




Felicidad por la llegada de la lluvia

Una atroz sequía asola el sur,
al amanecer las nubes se juntan sobre el río.
Cubren el cielo hasta donde ya no hay horizonte
y arrecia la lluvia, fuerte, ciega, espesa.
Las golondrinas vuelven a sus nidos,
las flores silvestren están húmedas y brillantes.
La lluvia continúa durante toda la tarde
y oimos su delicado latido en el corazón de la noche.




Lamento por un cedro abatido por el viento

Junto a mi cabaña, muy cerca del río, creció un cedro,
los ancianos decían que tendría más de doscientos años.
De él son las ramas con las que levante mi casa,
Cuando llegó la quinta luna cantaron las cigarras.
El viento del sur sopló con fuerza y la tierra se movió,
el caudal del río se desbordó, las piedras volaron y las nubes de tormenta estallaron en el cielo.
El viejo cedro resistió a los rayos y a la lluvia
pero sus raíces salieron de la tierra. ¿Sería ese su destino?
Yo quise la antigua piel azul de este árbol
y su sombra verdosa en el agua.
Cuando nevaba se resguardaban en él los viajeros,
y los que pasaban siempre se detenían para escuchar su silbido melodioso.
Ahora yace como un tigre vencido, un dragón derrotado
cubierto de astillas tristes y rojizas.
¿Dónde iré ahora a recitar mis poemas?
Mi cabaña se ha quedado triste y sin vida.

Du Fu), también conocido como Tu Fu, Dù Shàolíng (杜少陵) o Dù Gōngbù (杜工部), (712-770) poeta chino de la dinastía Tang. Su nombre de cortesía era Zǐ Měi (子美). En Occidente, uno de sus traductores más importantes (al inglés) fue Kenneth Rexroth.

jueves, 3 de junio de 2010

Eufemismo




Eufemismo


Es tan terrible decir que te he olvidado
que digo que tengo algodón en la memoria,
para que creas al menos que tu recuerdo me es grato.
Pero nada hay que me lleve a evocarte,
ni el dolor, ni la dicha,
nada.
Rectifico,
me mueve el afán por encontrar un pretexto,
el afán por escribir sobre la palabra eufemismo.
Terrible paradoja
tener que recordarte
para decir amable
que sólo eres algodón en mi memoria.

Eufemismo recitado por Tomás Galindo


Elena Soto de Métricas del alma

martes, 1 de junio de 2010

El jardín de Sevenels de Amy Lowell

Madonna de las flores vespertinas



Estuve trabajando todo el día,
ahora estoy cansada.
Digo ¿dónde estás?
Pero sólo se oyen los robles susurrando en el viento.
La casa está en silencio,
el sol brilla sobre tus libros,
sobre tus tijeras y tu dedal que acabas de dejar,
pero tú no estás ahí.
De repente estoy sola.
¿Dónde estás?
Voy a buscarte.

De pronto te veo
bajo la enramada azul de espuelas de caballero,
con una cesta de rosas en tu brazo.
Estás fresca como la plata,
y sonríes.
Pienso que las campanas de Canterbury
están tocando suaves tañidos.

Me dices que las peonías necesitan regarse,
que las aguileñas han invadido los límites,
que la pyrus japónica debería ser podada y redondeada.
Me dices estas cosas.
Pero yo te miro, corazón de plata,
corazón en llamas de bruñida plata,
ardiendo bajo las agujas azules de las espuelas de caballero.
Y deseo postrarme de inmediato a tus pies,
mientras a nuestro alrededor repican los fuertes
y dulces Te Deums
de las campanas de Canterbury.



Madonna of the Evening Flowers


All day long I have been working,
Now I am tired.
I call: "Where are you?"
But there is only the oak tree rustling in the wind.
The house is very quiet,
The sun shines in on your books,
On your scissors and thimble just put down,
But you are not there.
Suddenly I am lonely:
Where are you?
I go about searching.

Then I see you,
Standing under a spire of pale blue larkspur,
With a basket of roses on your arm.
You are cool, like silver,
And you smile.
I think the Canterbury bells are playing little tunes.

You tell me that the peonies need spraying,
That the columbines have overrun all bounds,
That the pyrus japonica should be cut back and rounded.
You tell me these things.
But I look at you, heart of silver,
White heart-flame of polished silver,
Burning beneath the blue steeples of the larkspur.
And I long to kneel instantly at your feet,
While all about us peal the loud, sweet `Te Deums' of the Canterbury bells.

Amy Lowell (1874-1925). El jardín de Sevenels. Traducción: Marta Porpetta. Introducción: Luzmaría Jiménez Faro. Ediciones Torremozas

domingo, 30 de mayo de 2010

Potlatch de Arturo Carrera




RÍO DE LA PLATA

“En Tres Barquitos Pintados,
vienen aún a los tumbos
—dice—. La Argentina,
vuelve en la superficie ondulante
de un género impreciso: ¡el plata!

el plata no es un eco:
El dinero no es un eco.

el río desde mí
y esas palabras que de vos también se llevan
la mirada y los ojos ambiciosos
el río.

Los chicos que a su orilla se besan
parecen decir: “...quiero sostenerme
en tu sueño, padre frágil;
quiero sostenerme en
la desmesura de tu risa detenida... pero
viajera.”

Nuestro metal fiduciario no es el eco del destino,
ni de la plata que en tus entrañas imaginaron
los usureros que a tu orilla venían...

Ahora está lleno de cuerpos de hermosos jóvenes
que pagaron con su vida inocente el precio
de otro macabro potlatch.

Oh, único Eco: ¿Me oís? Te estoy llamando.
Ya no hay plata ni sueñera ni barro: es
sangre que en su coagulación eterna imita
el prestigio de otro río: el Nilo, el limo
donde viven como ideas, cuerpos intactos
en animación suspendida...

Y vivirán para mí, para mis hijos,
para mis deseadas descendencias como
figuras intocables del contrasentido en que fluímos,

¿es aún el equilibrio o la paz
nuestra Antigua Moneda?

Aunque esta moneda es un lugar de memoria,
una Argentina, un Plata, un Amor,
una Presencia que todavía encalla. La de ellos,
tan inolvidables como la monedita inolvidable.

¿Acaso no dijo Borges: “...pensé en una moneda
de 20 centavos que,
a diferencia de sus millares de hermanas,
fuera inolvidable,

que un hombre no pudiera olvidarla,
hasta el punto de no poder pensar
en otra cosa”?

... la mención del dolor argentino es ahora esta plata,
esta monedita que brilla en el fondo en cada puño,
en cada boca parece
la augusta cárcel
del amor intangible y difícil...

El límite del horror y su repetición en su vestigio,
más que los ruidos en el bolsillo,
su desfondado vacío,

y sólo en la memoria otra vez cada vez,
aquellos 20 centavos únicos,
de cara brillante y pegada a la vida,
a la salvación.

Tomado del poemario Potlatch de Arturo Carrera. Interzona Editora.

Potlatch es el nombre que se da a una ceremonia practicada por numerosos pueblos indios de América del Norte. Son celebraciones de intercambio, tanto de bienes materiales como inmateriales. La riqueza se regala, se tira al mar o se quema, en definitiva se consume para que se transforme en otra cosa.

sábado, 29 de mayo de 2010

XII Festival de Poesía de la Mediterrània



DELOS
29 de junio de 1995

horizonte rosa conmoción de luz
en la terraza de los leones
hago mío el tiempo la ciencia azul
de las águilas y las gaviotas
a lo lejos el marmóreo falo derruido de Dioniso
camino después con ligereza
los ojos saturados de silencio
un mosaico de panteras a mis pies

Nicole Brossard, del poemario Je m’en vais à Trieste (Camino a Trieste. Mantis editores. Traducción de Silvia Pratt.

La canadiense Nicole Brossard está entre los quince poetas de todo el mundo que participarán en el XII Festival de Poesía de la Mediterrània.

Además, leerán sus poemas en el Teatre Principal de Palma Saleh Abdalahi Hamudi, Nevena Budimir, Antoni Canu , Jacques Dupin, Mustafa Köz, Josep Pedrals, Jaime C. Pons, Arnau Pons, Peru Saizprez, Remi Raji, Carles Santos, Chistian Uetz, Jose Viale Moutinho y Blanca Luz Vidal.

PROGRAMA
31 de mayo 20 h. Acción poético musical "Nocturn" a cargo de Carles Santos y dedicada a la obra de Chopin y George Sand. En el edificio de Sa Riera de la UIB.

1 de junio 21 h. Concierto de los poetas musicales "Els amics de les arts", en el Teatre Principal de Palma.

2 de junio 21 h. Nit de la Poesia donde intervendrán quince poetas de todo el mundo: Saleh Abdalahi Hamudi, Nicole Brossard, Nevena Budimir, Antoni Canu , Jacques Dupin, Mustafa Köz, Josep Pedrals, Jaime C. Pons, Arnau Pons, Peru Saizprez, Remi Raji, Carles Santos, Chistian Uetz, Jose Viale Moutinho y Blanca Luz Vidal, en el Teatre Principal de Palma.

domingo, 23 de mayo de 2010

Cantos a Berenice de Olga Orozco

Repito post con una de mis poetas favoritas



Canto I
Si la casualidad es la más empeñosa jugada del destino
alguna vez podremos interrogar con causa a esas escoltas de genealogías
que tendieron un puente desde tu desamparo hasta mi exilio
y cerraron de golpe las bocas del azar.
Cambiaremos panteras de diamante por abuelas de trébol,
dioses egipcios por profetas ciegos, garra tenaz por mano sin descuido,
hasta encontrar las puntas secretas el ovillo que devanamos juntas
y fue nuesto pequeño sol de cada día.
Con errores o trampas, por esta vez hemos ganado la partida.

Canto VI
No comiste del loto del olvido
-el homérico privilegio de los dioses-,
porque sabías ya que quien olvida se convierte en objeto
inanimado
-nada más que en resaca o en resto a la deriva-
al antojo del caprichoso mar de otras memorias.
Y así escarbaste un día en tu depósito de sombras
y volviste a anudar con tiernos ligamentos huesecitos dispersos,
tejidos enamorados del sabor de la lluvia,
vísceras dulces como colmenas sobrenaturales para la abeja reina,
dientes que fueron lobos en las estepas de la luna,
garras que fueron tigres en la profunda selva embalsamada.
Y lo envolviste todo en ese saco de carbón constelado
que arrojaste hacia aquí, como hacia un tren en marcha,
y que en algún lugar dejó un agujero por el que te aspiran
y al que debes volver.


Canto VII
Aún conservas intacta, memoriosa,
La marca de un antiguo sacramento bajo tu paladar:
tu sello de elegida, tu plenilunio oscuro,
la negra sal del negro escarabajo con el que bautizaron

[tu linaje sagrado
y que llevas, sin duda, de peregrinación en peregrinación.
¿Para quién la consigna?
¿Qué te dejaste aquí? ¿qué posesiones?
¿O qué error milenario volviste a corregir?
Ahora llegas caminando hacia atrás como aquellos que vieron.
Llegas retrocediendo hacia las puertas que se alejan con alas vagabundas.
Tal vez te asuste la invisible mano con que intentan asirte
o te espante este calco vacío de otra mano que creíste encontrar.
Vuelcas el plato y permaneces muda como aquellos que vuelven,
como aquellos que saben que la vida es ausencia amordazada,
y el silencio,
una boca cosida que simula el olvido.


Canto IX
Pero salta, salta otra vez sobre las amapolas,
salta sobre las hogueras de junio sin quemarte,
como si supieras.
Asómate otra vez a plena luz por tu sombra entreabierta,
aunque sólo sembremos como niebla rastrera,
como invasión de arañas transparentes,
la sospecha de que somos de nuevo la bruja y la emisaria.
No lamerán tu rastro dos perros amarillos,
ni volarás en nubes erizadas a la fiesta de Brocken.
No tuvimos más búho que la ráfaga fría para ahuyentar los duendes.
Nuestra maldita alianza con el diablo
fue el poder del terror contra los roedores inasibles
que excavaban sus trampas debajo de la casa;
nuestra señal satánica,
la misma desmesura en la pupila
para precipitar allí las intenciones de la noche embozada;
nuestro pacto de sangre,
nada más que aquel trueque de enigmas insolubles:
otras nosotras mismas

Canto XIII
Se descolgó el silencio,
sus atroces membranas desplegadas como las de un
murciélago anterior al diluvio,
su canto como el cuervo de la negación.
Tu boca ya no acierta su alimento.
Se te desencajaron las mandíbulas
igual que las mitades de una cápsula inepta para
encerrar la almendra del destino.
Tu lengua es el Sahara retraído en penumbra.
Tus ojos no interrogan las vanas ecuaciones de cosas y de rostros.
Dejaron de copiar con lentejuelas amarillas los fugaces
modelos de este mundo.
Son apenas dos pozos de opalina hasta el fin donde se
ahoga el tiempo.
Tu cuerpo es una rígida armadura sin nadie,
sin más peso que la luz que lo borra y lo amortaja en lágrimas.
Tus uñas desasidas de la inasible salvación
recorren desgarradoramente el reverso impensable,
el cordaje de un éxodo infinito en su acorde final.
Tu piel es una mancha de carbón sofocado que
atraviesa la estera de los días.
Tu muerte fue tan sólo un pequeño rumor de mata que se arranca
y después ya no estabas.
Te desertó la tarde;
te arrojó como escoria a la otra orilla,
debajo de una mesa innominada, muda, extrañamente
impenetrable,
allí, junto a los desamparados desperdicios,
los torpes inventarios de una casa que rueda hacia el poniente,
que oscila, que se cae,
que se convierte en nube.


Canto XIV
Jugabas a esconderte entre los utensilios de cocina
como un extraño objeto tormentoso entre indecibles faunas,
o a desaparecer en las complicidades del follaje
con un manto de dríada dormida bajo los velos de la tarde,
y eras sustancia yerta debajo de un papel que se levanta y anda.
Henchías los armarios con organismos palpitantes
o poblabas los vestidos vacíos con criaturas decapitadas o fantasmas.
Fuiste pájaro y grillo, musgo ciego y topacios errantes.
Ahora sé que tratabas de despistar a tu perseguidora con efímeras máscaras.
No era mentira el túnel con orejas de liebre
ni aquella cacería de invisibles mariposas nocturnas.
Te alcanzó tu enemiga poco a poco
y te envolvió en sus telas como un disfraz e lluviosos andrajos.
Saliste victoriosa en el irreversible juego de no estar.
Sin embargo, aún ahora, cierta respiración desliza un vidrio frío por mi espalda.
Y entonces ese insecto radiante que tiembla entre las flores,
la fuga inexplicable de las pequeñas cosas,
un hocico de sombra pegado noche a noche a la ventana, no sé, podría ser,
¿quién me asegura acaso que no juegas a estar, a que te atrapen?


Canto XVI
No invento para ti un miserable paraíso de momias de ratones,
tan ajeno a tus huesos como el fósil del último invierno en el desván;
ni absurdas metamorfosis, ni vanos espejeos de leyendas doradas.
Sé que preferirías ser tú misma,
esa protagonista de menudos sucesos archivados en dos o tres memorias
y en los anales azarosos del viento.
Pero tampoco puedo abandonarte a un mutilado calco de este mundo
donde estés esperándome, esperando,
junto a tus indefensas y ya sobrenaturales pertenencias
—un cuenco, un almohadón, una cesta y un plato—,
igual que una inmigrante que transporta en un fardo el fantasmal resumen del pasado.
Y qué cárcel tan pobre elegirías
si te quedaras ciega, plegada entre los bordes mezquinos de este libro
como una humilde flor, como un pálido signo que perdió su sentido.
¿No hay otro cielo allá para buscarte?
¿No hay acaso un lugar, una mágica estampa iluminada,
en esas fundaciones de papel transparente que erigieron los grandes,
ellos, los señores de la mirada larga y al trasluz,
Kipling, Mallarmé, Carroll, Eliot o Baudelaire,
para alojar a otras indescifrables criaturas como tú,
como tú prisioneras en el lazo de oscuros jeroglíficos que las ciñe a tu
especie?
¿No hay una dulce abuela con manos de alhucema y mejillas de miel
bordando relicarios con aquellos escasos momentos de dicha que tuvimos,
arrancando malezas de un jardín donde se multiplica el desarraigo,
revolviendo en la olla donde vuelven a unirse las sustancias de la separación?
Te remito a ese amparo.
Pero reclamo para ti una silla en la feria de las tentaciones;
ningún trono de honor,
sino una simple silla a la intemperie para poder saltar hacia el amor:
esa gran aventura que hace rodar sus dados como abismos errantes.
El paraíso incierto y sin vivir.

Berenice fue una gata de la poeta y este libro está dedicado a ella.
De Cantos a Berenice de Olga Orozco (1977)




Olga Orozco Obra poética E-book


"Dije que la poesía es una tentativa perversa y agregué que es una tentativa malsana. Y lo es, porque, como hemos visto, el poeta se expone a todas las temperaturas, desde la del hielo hasta la de la calcinación; soporta tensiones opuestas, desde la exaltación hasta el aniquilamiento; camina sobre tembladerales; se sumerge en profundidades contaminadas por todas las pestes del silencio y la palabra; transgrede las leyes de la gravedad y del equilibrio; pasa del vértigo hacia arriba a la caída en el espacio sin fin; encarna con perplejidad en cuerpos ajenos; padece asfixias y amenazas de desintegración, mientras permanece unido al seguro lugar de su diaria existencia sólo por un hilo que adquiere por momentos la fragilidad de lo imaginario".


Fragmento de un ensayo en el que la autora reflexiona sobre su poética. Tomado de Letras Libres (enlace para leer este magnífico texto)