/ El establo de Pegaso

martes, 4 de mayo de 2010

Roberto Juarroz Poesía vertical



1
La vida dibuja un árbol
y la muerte dibuja otro.
La vida dibuja un nido
y la muerte lo copia.
La vida dibuja un pájaro
para que habite el nido
y la muerte de inmediato
dibuja otro pájaro.

Una mano que no dibuja nada
se pasea entre todos los dibujos
y cada tanto cambia uno de sitio.
Por ejemplo:
el pájaro de la vida
ocupa el nido de la muerte
sobre el árbol dibujado por la vida.

Otras veces
la mano que no dibuja nada
borra un dibujo de la serie.
Por ejemplo:
el árbol de la muerte
sostiene el nido de la muerte,
pero no lo ocupa ningún pájaro.

Y otras veces
la mano que no dibuja nada
se convierte a sí misma
en imagen sobrante,
con figura de pájaro,
con figura de árbol,
con figura de nido.

Y entonces, sólo entonces,
no falta ni sobra nada.
Por ejemplo:
dos pájaros
ocupan el nido de la vida
sobre el árbol de la muerte.

O el árbol de la vida
sostiene dos nidos
en los que habita un solo pájaro.

O un pájaro único
habita un solo nido
sobre el árbol de la vida
y el árbol de la muerte.

CUARTA POESÍA VERTICAL [1969]

1
¿Dónde está la sombra
de un objeto apoyado contra la pared?
¿Dónde está la imagen
de un espejo apoyado contra la noche?
¿Dónde está la vida
de una criatura apoyada contra sí misma?
¿Dónde está el imperio
de un hombre apoyado contra la muerte?
¿Dónde está la luz
de un dios apoyado contra la nada?

Tal vez en esos espacios sin espacio
esté lo que buscamos.

45
La parte de sí
que hay en el no
y la parte de no
que hay en el sí
se separan a veces de sus cauces
y se unen en otro
que ya no es sí ni no.

Por ese cauce corre el río
de los cristales más despiertos.

OCTAVA POESÍA VERTICAL [1984]

Roberto Juarroz, Poesía vertical; antología esencial
Buenos Aires: Emecé, 2001.


Yo me he sentido atraído en primer lugar por los elementos de la naturaleza. Nací en un pueblo al borde del campo. Mi padre era jefe de la estación de ferrocarril y teníamos enfrente el horizonte abierto. En esa pequeña ciudad de Coronel Dorrego me acostumbré desde muy chico a los silencios. Esas noches abiertas en donde se veían las estrellas, la luna nítida, los vientos, el agua, el árbol que para mí es un protagonista de la vida. Comencé mis lecturas muy temprano. Me atrajeron cada vez más y dediqué buena parte de mi vida a eso. Mientras tanto se fue configurando como lenguaje predilecto, o elector (tal vez me eligió a mí), la poesía.

Leí mucha poesía, de todos los tiempos y en varias lenguas, y poco a poco se fue formando ese hecho de vida que es escribir. Hasta que sentí que la poesía era un poco flácida, repetitiva, aún en los grandes poetas, con zonas en las cuales cedía la tensión interior, ese rango de intensidad que para mí tiene siempre el poema. Eso me llevó a concebir una poesía más ceñida, más estricta o rigurosa, en donde cada elemento fuera irremplazable. La inclinación fue la de recoger de las situaciones extremas eso que llevamos escondido en nuestro silencio, lo que barajamos y pocas veces decimos. Para eso necesitaba un tipo de lenguaje diferente que dejara de lado lo que las palabras tienen de ornamento, de euforia. Buscar formas de síntesis poética, que no es síntesis intelectual, en donde confluyeran emoción, sensibilidad, inteligencia.

Una forma de expresión que penetrase en las zonas aparentemente prohibidas. Zonas que mucha gente se veda a sí misma por temor. Albert Béguin, en El alma romántica y el sueño, dice que no se lee poesía porque se le tiene miedo. Es que la gran poesía desnuda las cosas. Es la búsqueda de lo abierto, no de una realidad cercada, estrecha, confortable que ya conocemos, sino un territorio que a veces el hombre ignora de sí mismo y en donde surgen, a veces, sus más ricos instantes.


Fragmento del reportaje “La poesía de Roberto Juarroz. Un rigor para la intensidad”, publicado en el Semanario Brecha de Montevideo el 3 de septiembre de 1993,

domingo, 2 de mayo de 2010

Poema bakuba sobre la vida y la muerte

No hay aguja sin punta penetrante


De la serie Totems de Mayte Bayón


No hay aguja sin punta penetrante
No hay navaja sin hoja afilada
La muerte llega a nosotros de muchas formas.
Con nuestros pies andamos por la tierra del chivo
Con nuestras manos tocamos el cielo de Dios
Algún día futuro, en el calor del mediodía,
seré llevado en hombros
a través del pueblo de los muertos
Cuando muera, no me entierren bajo los árboles del bosque,
le temo a sus espinas.
Cuando muera, no me entierren bajo los árboles del bosque,
le temo al agua que gotea.
Entiérrenme bajo los grandes árboles umbrosos del mercado
Quiero escuchar los tambores tocando
Quiero sentir los pies de los que bailan.

Poema anónimo de los Bakuba, pueblo del Congo Central, tomado de Poesía anónima africana de Carlos Yusti


Totems hipnópticos de Mayte Bayón

martes, 27 de abril de 2010

Nuestro amor es como Bizancio



China contemplada a través de un aguacero griego en un café turco

La llovizna
cae en mi café
hasta que se enfría
y se sobra
hasta que se sobra
y se aclara
de forma que se hace visible
la imagen del fondo.

La imagen de un hombre
con barba larga
en China, delante de un pabellón chino
bajo la lluvia, una lluvia torrencial
que ha cuajado
en rayas
sobre la fachada azotada por el viento
y en la cara del hombre.

Debajo del café, la leche y el azúcar
que están a punto de separarse
bajo el gastado esmalte
los ojos parecen apagados
o vueltos hacia dentro
hacia China, en la porcelana de la taza
la taza que lentamente se vacía de café
y se llena de lluvia
lluvia clara. La lluvia de primavera
se pulveriza sobre la marquesina de la taberna
las fachadas del otro lado de la calle
semejan un gran
muro de porcelana muy gastado
cuyo resplandor atraviesa las hojas de la vid
hojas de vid que también están gastadas
como dentro de una taza. El chino

ve aparecer el sol a través de una hoja verde
que ha caído en la taza.

La taza cuyo contenido
ahora aparece completamente transparente.

********
En la plaza de Israel

Ojalá nunca hubieras venido
así la noche tampoco habría pasado nunca.

Y ojalá no te hubieras quedado
así la mañana tampoco habría llegado nunca.

Ojalá no se hiciese nunca verano
así el verano estaría siempre acercándose.

******
Nuestro amor es como Bizancio

Nuestro amor es como Bizancio
tuvo que haber sido
la última noche. Tuvo que haber habido
me imagino
un resplandor en los rostros
de los que se agolpaban en las calles
o formaban pequeños grupos
en las esquinas de las calles y en las plazas
hablando en voz baja,
un resplandor que tuvo que haberse parecido
al que tiene tu cara
cuando te echas el pelo para atrás
y me miras.

Henrik Nordbrandt (Copenhague, 1945) Traducción de Francisco Uriz

jueves, 22 de abril de 2010

El gozante de Manuel Castilla


Paul Klee

EL GOZANTE

Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante.
El que bajo las nubes se queda silencioso.
Pienso: si alguno me tocara las manos
se iría enloquecido de eternidad,
húmedo de astros lilas, relucientes.
Estoy solo de espaldas transformándome.
En este mismo instante un saurio me envejece y soy
leña
y miro por los ojos de las alas de las mariposas
un ocaso vinoso y transparente.
En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho.
De mi nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego con rocío.
Sé que en este momento, dentro de mí,
nace el viento como un enardecido río de uñas y de
agua.
Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona con flores blancas
y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo
de la tierra.
(...) De cara al infinito
siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si esperase un momento,
puedo dejar que encima de mis ingles
amamante la luna sus colmillos pequeños.
Zorros la cola como cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles temblando a su costado,
garzas meditabundas
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de su mundo,
todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste
nada y mi alegría.
Después, si ya estoy muerto,
échenme arena y agua. Así regreso.

Manuel Castilla (Salta,1919-1980) El gozante e-book

martes, 20 de abril de 2010

Víctor Serge



Ametralladora

En las puertas de las casas, en las puertas de los palacios - que hemos conquistado-
por todas partes de la ciudad
donde el tumulto se reviste de frío, apático y fuerte,
por todas partes en las puertas de nuestras casas
las ametralladoras en las esquinas oscuras.
Torpes, trayendo la muerte;
ciegas, bajas, tocando la tierra.
ciegas, frías, de acero, de hierro,
con el metal de su odio elemental,
con sus dientes de acero listos para morder,
su mecanismo,
ruedas, tuercas, muelles,
sus bocas negras y cortas sobre los montajes
agachados...
Oh, la máquina trágica, ese objeto de acero, de hierro, inerte, que mutila segundos,
en el momento fatal de la batalla,
tragando los segundos - tac-tac-tac -
los segundos se derraman al infinito - y las vidas
caen al gran frío de las tumbas,
La máquina
que come, rasga, revienta, perfora,
excava la carne, se retuerce en la sangre y los nervios,
rompe los huesos, hace a los codales cantar por el hueco de los pechos perforados,
hace al cerebro sudar rompiendo nobles rostros:
materia gris entre sangre ennegrecida.
Infame máquina para matar, por todas partes, en la ciudad del sordo disturbio,
escondida en las puertas de nuestras casas, contemplando a lo que quiere nacer,
observando
lo que se eleva desde los corazones humanos y desde las profundidades de la tierra viva,
lo que surge de la fe ardiente, de la loca esperanza y de la cólera - del deseo y de la luz-
del entusiasmo y de la oración,
que hará florecer - actos, gritos - llamas: la rebelión...
Baja para cortar el vuelo, la ametralladora emboscada: victoria al hombre de leyes de hierro,
victoria al metal sobre la carne - y en el sueño - la ley de la muerte.
Y esta máquina, nuestras manos y nuestros cerebros construidos. ¡Padre mío! ¿Sabíamos lo que hacíamos?

Petrogrado, 22 de julio de 1919
Versión castellana de Pello Erdoziain

Victor Lvovich Kibalchich (В.Л. Кибальчич) (Bruselas, 1890-México DF , 1947), conocido como Victor Serge.

Textos de Víctor Serge

Susan Sontag Perfil de Víctor Serge

jueves, 8 de abril de 2010

Coral Bracho

Agua de bordes lúbricos



Coral Bracho leyendo sus poemas en Noches de Poesía Internacional en Hong Kong.

Agua de bordes lúbricos

Agua de medusas,
agua láctea, sinuosa,
agua de bordes lúbricos; espesura vidriante —Delicuescencia
entre contornos deleitosos. Agua —agua suntuosa
de involución, de languidez

en densidades plácidas. Agua,
agua sedosa y plúmbea en opacidad, en peso —Mercurial;
agua en vilo, agua lenta. El alga
acuática de los brillos —En las ubres del gozo. El alga, el
hálito de su cima;

—sobre el silencio arqueante, sobre los istmos
del basalto; el alga, el hábito de su roce,
su deslizarse. Agua luz, agua pez; el aura, el ágata,
sus desbordes luminosos;

Fuego rastreante el alce
huidizo —Entre la ceiba, entre el cardumen; llama
pulsante;
agua lince, agua sargo (El jaspe súbito). Lumbre
entre medusas.
—Orla abierta, labiada; aura de bordes lúbricos,
su lisura acunante, su eflorescerse al anidar; anfibia,
lábil -Agua, agua sedosa
en imantación; en ristre. Agua en vilo, agua lenta -El
alumbrar lascivo

en lo vadeante oleoso,
sobre los vuelcos de basalto. -Reptar del ópalo entre la luz,
entre la llama interna. -Agua
de medusas.
Agua blanda, lustrosa;
agua sin huella; densa,
mercurial

su blancura acerada, su dilución en alzamientos de grafito,
en despuntar de lisa; hurtante, suave. -Agua viva
su vientre sobre el testuz, volcado sol de bronce envolviendo
-agua blenda, brotante. Agua de medusas, agua táctil
fundiéndose
en lo añil untuoso, en su panal reverberante. Agua amianto, ulva
El bagre en lo mullido
-libando; en el humor nutricio, entre su néctar delicado; el
áureo
embalse, el limbo, lo trasluce. Agua leve, aura adentro el ámbar
-el luminar ungido, esbelto; el tigre, su pleamar
bajo la sombra vidriada. Agua linde, agua anguila lamiendo
su perfil,
su transmigrar nocturno
-Entre las sedas matriciales; entre la salvia. - Agua
entre merluzas. Agua grávida (-El calmo goce
tibio; su irisable) -Agua
sus bordes
- Su lisura mutante, su embeleñarse
entre lo núbil
cadencioso. Agua,
agua sedosa de involución, de languidez
en densidades plácidas. Agua, agua; Su roce
-Agua nutria, agua pez. Agua
de medusas,
agua láctea, sinuosa; Agua,


Luz derramada sobre un estanque de alabastro

Una pequeña piedra transparente
y en ella,
la deslumbrada alegría del sol.
Eres el canto del agua
y entre sus hebras, el canto fresco
de la alondra, el viento suave
al amanecer. Luz derramada
sobre un estanque de alabastro.
Sobre sus aguas:
el azahar
y el jazmín.


Mariposa

Como una moneda girando
bajo el hilo de sol
cruza la mariposa encendida
ante la flor de albahaca.

Coral Bracho, Méjico (1951)