/ El establo de Pegaso

martes, 10 de noviembre de 2009

Palabras hipocampos de Kevin MacNeil

words, seahorses



I dreamt i was the seafloor and you were the weight of the ocean pressing down on me,your quiet words of love in my ears now and again, golden, elegant and strange, like seahorses, like grace-notes, tiny floating saxophones

palabras, hipocampos
Soñé que yo era el fondo del mar y tú el peso del océano gravitando
en mi, tus palabras de amor silenciosas en mis oídos ahora y siempre, doradas, elegantes y extrañas, como los hipocampos, notas suaves, pequeños saxofones flotantes.

Traducción del inglés de Raúl Jaime

Kevin MacNeil (Escocia, 1956)

sábado, 7 de noviembre de 2009

sábado, 31 de octubre de 2009

Tres poemas de Hugo Mujica

A dos manos



Esta entrada es a dos manos, porque aunque escrita por mi, se la debo a Luz, una lectora del blog que en uno de sus comentarios anotó algunos de los poetas que le gustaban, entre ellos Hugo Mugica, al que yo no conocía. Pues me ha encantado, Luz, y ya he leído unas cuantas cosas. De momento, hay van tres poemas, una entrevista en vídeo y un enlace a su web.

Bajo los techos

Bajo los techos
se oyen respirar los sueños
en el callar de la noche;

en la calle

un niño,
sin sombra ni rumbo,

recorre el vacío de dios, paso a paso
desanda su esperanza.



Alba

Quieto,
como no moviéndose
para que la sangre no rebase
la boca
Quieto,
como sintiendo un pájaro
herido
en la palma de la mano
sin cerrar la mano
sin abrir los ojos.
hay una fe que es absoluta:
una fe sin esperanza.


Hay perros que mueren de la muerte de su amo

Hay perros
que mueren de la muerte de su amo
cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo
que no se agitan,
tiemblan.
Y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
de un torso de mármol,
son los que lloran cuando creen
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche.
Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
donde morir de carne,
pero no llora como quien lo hace
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño.


Entrevista en Audioteca de Escritores de Buenos Aires



Hugo Mujica, Buenos Aires en 1942

viernes, 30 de octubre de 2009

Alicia de Jan Svankmajer

Un viaje a las profundidades de la mente infantil



Jan Svankmajer (Praga, 1934) escultor, artista gráfico, poeta surrealista y cineasta. Este autor es conocido sobre todo por sus películas de animación en las que mezcla muñecos, actores reales, máquinas, figuras de arcilla y otros muchos elementos utilizando la técnica de stop-motion. Marcadas por el surrealismo y el absurdo, muchas de sus creaciones están inspiradas en obras de autores literarios como Edgar Allan Poe o Wolfgang Goethe.

Aqui van dos fragmentos de su particular visión de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll.

Algo sobre Alicia (1988)
Después de leer el cuento de Lewis Carroll, Alicia se queda dormida en su cuarto rodeada de sus juguetes, y en sueños viaja al País de las Maravillas.








"La animación de los objetos reales, la metamorfosis de sus funciones en el ambiente real, en combinación con el ser humano, crea una irracionalidad concreta, madre de la subversión. La animación es como una magia y el animador, un mago".
Jan Svankmajer




Jan Svankmajer, un amante de la experimentación.

jueves, 29 de octubre de 2009

Marosa Di Giorgio poemas




Mi alma es un vampiro grueso

Mi alma es un vampiro grueso, granate, aterciopelado. Se alimenta de muchas especies y de sólo una. La busca en la noche, la encuentra, y se la bebe, gota a gota, rubí por rubí.
Mi alma tiene miedo y tiene audacia. Es una muñeca grande, con rizos, vestido celeste.
Un picaflor le trabaja el sexo.
Ella brama y llora.
Y el pájaro no se detiene.

Cuando nací había muchísimos higos

Cuando nací había muchísimos higos. No puede ser, me diran, si era invierno y hacía frío.
Sin embargo fue así; estaban en todos los árboles, áun los que no eran higueras, y en medio de las flores. Oscuros, celestes o rosados; algunos desde el origen, traían adherida una violeta o una mosca. O en el punto central entresacaban una perla (nunca lla dieron del todo). O se desprendían girando como astros envueltos en anillos de colores, hasta que casi exánimes tornaban al lugar.
Se sentía un aroma a almíbar y azucenas.
Yo, en medio de mi primer lloro, pues era a los pocos minutos de nacer, dije a mi madre: Hay higos.
Y mi madre miró sonriendo a mi Rosa abuela, y le dijo: Mira lo que dice.
Y mi abuela se aproximó, demasiado, con los ojos bajos, la sonrisa fija, y una tremenda corona de higos negros, gruesos y atormentados.


A veces, en el trecho de huerta...

A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar
a la alcoba, se me aparecían los ángeles.
Alguno, quedaba allí de pie, en el aire, como un gallo
blanco -oh, su alarido-, como una llamarada de azucenas
blancas como la nieve o color rosa.
A veces, por los senderos de la huerta, algún ángel me
seguía casi rozándome; su sonrisa y su traje, cotidianos;
se parecía a algún pariente, a algún vecino (pero, aquel
plumaje gris, siniestro, cayéndole por la espalda
hasta los suelos...). Otros eran como mariposas negras
pintadas a la lámpara, a los techos, hasta que un día
se daban vuelta y les ardía el envés del ala, el pelo,
un número increíble.
Otros eran diminutos como moscas y violetas e iban
todo el día de aquí para allá y ésos no nos infundían miedo,
hasta les dejábamos un vasito de miel en el altar.


Dos poemas en audio de La palabra virtual.



Los hongos nacen en silencio...

Poema en audio: Los hongos nacen en silencio... de Marosa Di Giorgio por Marosa Di Giorgio

Los hongos nacen en silencio; algunos nacen en silencio; otros con un breve alarido, un leve trueno. Unos son blancos, otros rosados, ése es gris y parece una paloma, la estatua a una paloma, la estatua a una paloma; otros son dorados o morados. Cada uno trae -y eso es lo terrible- la inicial del muerto de donde procede. Yo no me atrevo a devorarlos; esa carne levísima es pariente nuestra. Pero, aparece en la tarde el comprador de hongos y empieza la siega. Mi madre da permiso. Él elige como un águila. Ese blanco como el azúcar, uno rosado, uno gris. Mamá no se da cuenta que vende a su raza.


A veces los caballos se reúnen...

Poema en audio: A veces los caballos se reúnen... de Marosa Di Giorgio por Marosa Di Giorgio

Marosa di Giorgio (1932, Salto – 2004, Montevideo)

miércoles, 28 de octubre de 2009

Washington Delgado


Baile de Energía de Íñigo Quilez


Última danza

Ven a danzar aunque la hora
sea precisamente inapropiada.
Ven a danzar y que ardan las ventanas
de este dorado imperio.

Que ardan las alcobas, los salones,
los delicados muebles del palacio,
las damas, las doncellas y los pajes
de soñada belleza.



Muerto del mar

Vivo en lo que siempre vive:
el árbol, el gusano, la estrella.

Soy el muerto del mar:
mi muerte no da una flor sobre la tierra.

Por las aguas se extiende:
cada minuto alguien
en ella bebe o se mira en ella.


****

Aquí soy un hombre. Tomad
y comed de mi zapato que es también
mi cuerpo, que es también mi sangre
y mi sueño más puro y mi guitarra.


Washington Delgado (Cuzco, 1927 –Lima, 2003)

martes, 27 de octubre de 2009

Cintio Vitier poemas


Foto: Lisbeth Salas-Soto



Allí donde la vida es la palabra ya en desuso,
la palabra del detritus y el silencio
que olfatean los perros, que desuella la luz
sentenciosa y delirante como ultrajada madre;
allí donde maduro el arlequín
disfrazado de tiempo y de mendigo
mira al caballo que resbala en la calle húmeda, sonríe
vagamente al nacimiento de un sonido
que es el sol de los ancianos,
yo miraba el arco de la medialuna y repetía:
voy a morir como la flor.

El mar a lo lejos aún suspira
fatigosamente incorporándose y cayendo en la penumbra.
Y el rosa desabrido que levanta
una página delgada y polvorienta en la memoria,
velado y hosco el mediodía, remolino de su bestia pura,
las tardes de redes y de viento como flor de espacio,
aún me imponen la dulzura de sentir
la palabra del escándalo saliendo de las últimas bujías
que batallan con la respiración del tiempo entre las rocas.

«Voy a oír como la flor», y contemplaba
las desérticas mujeres que barren y resisten
hasta que sus ojos alcanzan el esplendor de la luna
y un carruaje silencioso rompe ante sus labios la ciudad
remota

@@@@@@@@@@@@@@@

Estalla la ola en arrecife
que sale de la noche como deslumbrante sílaba
de la palabra que me apresa. El tiempo
de la flor está pasando
en el hogar cerrado, en la mansión vacía
de memoria.

¿Qué palabras,
qué vírgenes de sueño y de sonido
resistirían el contacto de una gota de este mar
o el soplo del espacio despertado? ¿Qué argumento
―aun aquél, ilegible, con que el hombre
quema la eternidad de su deseo en una calle
fabulosa, mordida por la nada― y el escándalo en sus ojos
le deslumbra la historia?

Mi soledad entretejida
por el iris fugaz del imposible
con la gloria de las bestias absolutas en el agua y en el viento,
abre el frío desierto de los nombres.

Afuera está el tesoro, vivas alas de olvido,
fauces totales de la lejanía.

El tiempo
de la flor está pasando; la ola estalla,
otra vez, en lo oscuro.


PRELUDIOS, poemas de Cintio Vitier publicados en Adamar, revista de creación.


Otro

Nunca estoy conmigo. Otro.

El otro, por dentro, afuera,
entre, despertando olvido.

Voy y vengo, descompuesto,
juguete de imán profundo, niño.

Otro. Nunca estamos juntos.


LA HOJA

Cómo suenas y resuenas
hoja callada

Cómo vuelas y viajas hoja inmóvil
Cómo vives -inerte

Hoja Delfos
Hoja oreja
Hoja iris
Hoja gnomon
Hoja lira
Hoja noche
Hoja rehén
Hoja ardiendo
Hoja helada
Hoja pacto
Hoja puente
Hoja rehén
Hoja indivisa
Hoja fragmento
Hoja rendida
Hoja invencible
Hoja de espada
Hoja de sed
Hoja luto
Hoja sol
Hoja extinta

Cómo atormentas

La Hoja y Las Palabras, publicado en la Revista de poesía La isla Infinita

Cintio Vitier (Cayo Hueso, Florida,1921-La Habana, 1 de octubre de 2009) fue miembro de la redacción de la revista Orígenes, dirigida por José Lezama Lima y José Rodríguez Feo, y colaboró también en otras muchas revistas literarias cubanas, como Espuela de Plata.