Esta entrada es a dos manos, porque aunque escrita por mi, se la debo a Luz, una lectora del blog que en uno de sus comentarios anotó algunos de los poetas que le gustaban, entre ellos Hugo Mugica, al que yo no conocía. Pues me ha encantado, Luz, y ya he leído unas cuantas cosas. De momento, hay van tres poemas, una entrevista en vídeo y un enlace a su web.
Bajo los techos
Bajo los techos se oyen respirar los sueños en el callar de la noche;
en la calle
un niño, sin sombra ni rumbo,
recorre el vacío de dios, paso a paso desanda su esperanza.
Alba
Quieto, como no moviéndose para que la sangre no rebase la boca Quieto, como sintiendo un pájaro herido en la palma de la mano sin cerrar la mano sin abrir los ojos. hay una fe que es absoluta: una fe sin esperanza.
Hay perros que mueren de la muerte de su amo
Hay perros que mueren de la muerte de su amo cuerpos que no hacen el amor, hacen el miedo que no se agitan, tiemblan. Y hay hombres en los que muere dios como una gota de lacre sobre el pecho de un torso de mármol, son los que lloran cuando creen estar hablando, o gritan soñando, pero al alba olvidan el grito con que encendieron la noche. Hay hombres en los que gime dios por no encontrar un hombre donde morir de carne, pero no llora como quien lo hace solo, llora como quien llora abrazado a un niño.
Entrevista en Audioteca de Escritores de Buenos Aires
Jan Svankmajer (Praga, 1934) escultor, artista gráfico, poeta surrealista y cineasta. Este autor es conocido sobre todo por sus películas de animación en las que mezcla muñecos, actores reales, máquinas, figuras de arcilla y otros muchos elementos utilizando la técnica de stop-motion. Marcadas por el surrealismo y el absurdo, muchas de sus creaciones están inspiradas en obras de autores literarios como Edgar Allan Poe o Wolfgang Goethe.
Aqui van dos fragmentos de su particular visión de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll.
Algo sobre Alicia (1988) Después de leer el cuento de Lewis Carroll, Alicia se queda dormida en su cuarto rodeada de sus juguetes, y en sueños viaja al País de las Maravillas.
"La animación de los objetos reales, la metamorfosis de sus funciones en el ambiente real, en combinación con el ser humano, crea una irracionalidad concreta, madre de la subversión. La animación es como una magia y el animador, un mago".
Mi alma es un vampiro grueso, granate, aterciopelado. Se alimenta de muchas especies y de sólo una. La busca en la noche, la encuentra, y se la bebe, gota a gota, rubí por rubí. Mi alma tiene miedo y tiene audacia. Es una muñeca grande, con rizos, vestido celeste. Un picaflor le trabaja el sexo. Ella brama y llora. Y el pájaro no se detiene.
Cuando nací había muchísimos higos
Cuando nací había muchísimos higos. No puede ser, me diran, si era invierno y hacía frío. Sin embargo fue así; estaban en todos los árboles, áun los que no eran higueras, y en medio de las flores. Oscuros, celestes o rosados; algunos desde el origen, traían adherida una violeta o una mosca. O en el punto central entresacaban una perla (nunca lla dieron del todo). O se desprendían girando como astros envueltos en anillos de colores, hasta que casi exánimes tornaban al lugar. Se sentía un aroma a almíbar y azucenas. Yo, en medio de mi primer lloro, pues era a los pocos minutos de nacer, dije a mi madre: Hay higos. Y mi madre miró sonriendo a mi Rosa abuela, y le dijo: Mira lo que dice. Y mi abuela se aproximó, demasiado, con los ojos bajos, la sonrisa fija, y una tremenda corona de higos negros, gruesos y atormentados.
A veces, en el trecho de huerta...
A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar a la alcoba, se me aparecían los ángeles. Alguno, quedaba allí de pie, en el aire, como un gallo blanco -oh, su alarido-, como una llamarada de azucenas blancas como la nieve o color rosa. A veces, por los senderos de la huerta, algún ángel me seguía casi rozándome; su sonrisa y su traje, cotidianos; se parecía a algún pariente, a algún vecino (pero, aquel plumaje gris, siniestro, cayéndole por la espalda hasta los suelos...). Otros eran como mariposas negras pintadas a la lámpara, a los techos, hasta que un día se daban vuelta y les ardía el envés del ala, el pelo, un número increíble. Otros eran diminutos como moscas y violetas e iban todo el día de aquí para allá y ésos no nos infundían miedo, hasta les dejábamos un vasito de miel en el altar.
Los hongos nacen en silencio; algunos nacen en silencio; otros con un breve alarido, un leve trueno. Unos son blancos, otros rosados, ése es gris y parece una paloma, la estatua a una paloma, la estatua a una paloma; otros son dorados o morados. Cada uno trae -y eso es lo terrible- la inicial del muerto de donde procede. Yo no me atrevo a devorarlos; esa carne levísima es pariente nuestra. Pero, aparece en la tarde el comprador de hongos y empieza la siega. Mi madre da permiso. Él elige como un águila. Ese blanco como el azúcar, uno rosado, uno gris. Mamá no se da cuenta que vende a su raza.
Allí donde la vida es la palabra ya en desuso, la palabra del detritus y el silencio que olfatean los perros, que desuella la luz sentenciosa y delirante como ultrajada madre; allí donde maduro el arlequín disfrazado de tiempo y de mendigo mira al caballo que resbala en la calle húmeda, sonríe vagamente al nacimiento de un sonido que es el sol de los ancianos, yo miraba el arco de la medialuna y repetía: voy a morir como la flor.
El mar a lo lejos aún suspira fatigosamente incorporándose y cayendo en la penumbra. Y el rosa desabrido que levanta una página delgada y polvorienta en la memoria, velado y hosco el mediodía, remolino de su bestia pura, las tardes de redes y de viento como flor de espacio, aún me imponen la dulzura de sentir la palabra del escándalo saliendo de las últimas bujías que batallan con la respiración del tiempo entre las rocas.
«Voy a oír como la flor», y contemplaba las desérticas mujeres que barren y resisten hasta que sus ojos alcanzan el esplendor de la luna y un carruaje silencioso rompe ante sus labios la ciudad remota
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Estalla la ola en arrecife que sale de la noche como deslumbrante sílaba de la palabra que me apresa. El tiempo de la flor está pasando en el hogar cerrado, en la mansión vacía de memoria.
¿Qué palabras, qué vírgenes de sueño y de sonido resistirían el contacto de una gota de este mar o el soplo del espacio despertado? ¿Qué argumento ―aun aquél, ilegible, con que el hombre quema la eternidad de su deseo en una calle fabulosa, mordida por la nada― y el escándalo en sus ojos le deslumbra la historia?
Mi soledad entretejida por el iris fugaz del imposible con la gloria de las bestias absolutas en el agua y en el viento, abre el frío desierto de los nombres.
Afuera está el tesoro, vivas alas de olvido, fauces totales de la lejanía.
El tiempo de la flor está pasando; la ola estalla, otra vez, en lo oscuro.
PRELUDIOS, poemas de Cintio Vitier publicados en Adamar, revista de creación.
Otro
Nunca estoy conmigo. Otro.
El otro, por dentro, afuera, entre, despertando olvido.
Voy y vengo, descompuesto, juguete de imán profundo, niño.
Otro. Nunca estamos juntos.
LA HOJA
Cómo suenas y resuenas hoja callada
Cómo vuelas y viajas hoja inmóvil Cómo vives -inerte
La Hoja y Las Palabras, publicado en la Revista de poesía La isla Infinita
Cintio Vitier (Cayo Hueso, Florida,1921-La Habana, 1 de octubre de 2009) fue miembro de la redacción de la revista Orígenes, dirigida por José Lezama Lima y José Rodríguez Feo, y colaboró también en otras muchas revistas literarias cubanas, como Espuela de Plata.
Apareciste Anuarí, cuando yo con mis ojos ciegos y las manos tendidas te buscaba. Apareciste, y hubo en mi alma un estallido de vida. Se abrieron todas mis flores interiores, y cantó el ave de los días festivos. Me amaste, Anuarí, y alcanzé la Gloria suspendida en tus brazos. Desapareciste, y quedé sola, los ojos naúfragos en noche de lágrimas. Bondadosa ha vuelto tu sombra, entre ella y el sepulcro espera una hora mi alma.
XV
Estoy enferma. Mi mano, ardiente, resbala en triste desmayo sobre los libros donde me refugio, para aturdirme y olvidar. No trato de abrirlos, es inútil: los adivino. ¡Qué pueden decirme que sustraiga mi pensamiento de tu recuerdo? Sólo lograrian dejar una negra mancha de tinta en mis pupilas luminosas de tu imagen. Mi dolor se hace agónico; mi tristeza se despedaza como las túnicas de los mártires desgarradas por las fieras del circo. Me pesan las sienes como si las oprimieran los dedos de un coloso, y como losas funerarias caen mis párpados. ¡Anuari, Anuari! Las penas hacen pesada mi sangre, como si circulara por mis venas lava fria. Estoy enferma. A mi alrededor canta la vida, impiadosa, cruel, en su inconsciencia de diosa eternamente joven y alegre. Ese desordenado bullicio me hace pensar en la profanación de cadáveres por un saltimbanqui ebrio. La vibración del dolor ha destruido la orquestación divina, que, en lirica unión con todas mis cuerdas intimas, amenizaba las fiestas de mi alma. Estoy tan triste, como una paloma a quien sorprende la tormenta, sola y fuera del nido
Anuarí, de Teresa Wilms Montt. Poemario editado en 1918 con prólogo de Ramón del Valle-Inclán. La introducción es Luzmaría Jiménez Faro. Editado por Torremozas.
Teresa, la película
La directora Tatiana Gaviola ha realizado Teresa, un film basado en la vida de Teresa Wilms Montt, encarnada en la ficción por la actriz Francisca Lewin.
Teresa Wilms Montt (Viña del Mar, 8 de septiembre de 1893 - París, 24 de diciembre de 1921) fue una escritora chilena, transgresora y rebelde con una vida intensa y apasionante. Frecuentó tertulias y ateneos, se adscribió a los ideales anarquistas y a la masonería; fue apartada de sus hijas y enclaustrada en un convento por su marido, de donde escapó con la ayuda de Vicente Huidobro. Viajó a Buenos Aires, Nueva York, Barcelona, París y Madrid, lugares donde participó de la vida bohemia, causando sensación entre los hombres que la conocieron. En España tuvo relación con Azorín, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Pío Baroja, Julio Romero de Torres, quien la retrató y, sobre todo, Enrique Gómez Carrillo y Ramón del Valle-Inclán. Se suicidó a los 28 años en París.
Este es mi diario En sus páginas se esponja la ancha flor de la muerte diluyéndose en savia ultraterrena y abre el loto del amor, con la magia de una extraña pupila clara frente a los horizontes. Es mi diario. soy yo desconcertantemente desnuda, rebelde contra todo lo establecido, grande entre lo pequeño, pequeña ante el infinito.. soy yo ...
El libro Lo que no se ha dicho fue publicado por Editorial Nacimiento en 1922, e incluye Páginas de mi diario; Con las manos juntas; Los tres cantos; Del diario de Sylvia y Anuari. Puede leerse en formato PDF en Memoria Chilena
Dime, cual derrumbe de alas en los arrabales, cual marejada en la alcoba sesgo de peonías. Apoyada en la verja convocadas las horas, dime, como océanos a tus albos derroteros, dime, qué fardos pregonan el milagro de tus frisos: fatigadas ceremonias de almohada a medianoche. - Oculta grieta dime:- en el run run de idiotas ángeles cuando los columpios… en el tubérculo de luz en el corazón del jardín. Dime.
Imaginistas, futuristas, bio-cósmicos o forjadores, durante las primeras décadas del siglo XX Rusia fue un hervidero de tendencias artísticas. Sus miembros se reunían en el café el Establo de Pegaso.