/ El establo de Pegaso

sábado, 24 de octubre de 2009

Anuari de Teresa Wilms Montt




I

Apareciste Anuarí, cuando yo con mis ojos ciegos y las manos tendidas te buscaba.
Apareciste, y hubo en mi alma un estallido de vida. Se abrieron todas mis flores interiores,
y cantó el ave de los días festivos.
Me amaste, Anuarí, y alcanzé la Gloria suspendida en tus brazos.
Desapareciste, y quedé sola, los ojos naúfragos en noche de lágrimas.
Bondadosa ha vuelto tu sombra, entre ella y el sepulcro espera una hora mi alma.

XV

Estoy enferma. Mi mano, ardiente, resbala
en triste desmayo sobre los libros donde me
refugio, para aturdirme y olvidar.
No trato de abrirlos, es inútil: los adivino.
¡Qué pueden decirme que sustraiga mi pensamiento
de tu recuerdo? Sólo lograrian dejar
una negra mancha de tinta en mis pupilas luminosas
de tu imagen. Mi dolor se hace agónico;
mi tristeza se despedaza como las túnicas
de los mártires desgarradas por las fieras del
circo.
Me pesan las sienes como si las oprimieran
los dedos de un coloso, y como losas funerarias
caen mis párpados.
¡Anuari, Anuari!
Las penas hacen pesada mi sangre, como
si circulara por mis venas lava fria.
Estoy enferma. A mi alrededor canta la vida,
impiadosa, cruel, en su inconsciencia de
diosa eternamente joven y alegre.
Ese desordenado bullicio me hace pensar
en la profanación de cadáveres por un saltimbanqui
ebrio.
La vibración del dolor ha destruido la orquestación
divina, que, en lirica unión con
todas mis cuerdas intimas, amenizaba las fiestas de mi alma.
Estoy tan triste, como una paloma a quien
sorprende la tormenta, sola y fuera del nido


Anuarí, de Teresa Wilms Montt. Poemario editado en 1918 con prólogo de Ramón del Valle-Inclán. La introducción es Luzmaría Jiménez Faro. Editado por Torremozas.





Teresa, la película

La directora Tatiana Gaviola ha realizado Teresa, un film basado en la vida de Teresa Wilms Montt, encarnada en la ficción por la actriz Francisca Lewin.



Teresa Wilms Montt (Viña del Mar, 8 de septiembre de 1893 - París, 24 de diciembre de 1921) fue una escritora chilena, transgresora y rebelde con una vida intensa y apasionante. Frecuentó tertulias y ateneos, se adscribió a los ideales anarquistas y a la masonería; fue apartada de sus hijas y enclaustrada en un convento por su marido, de donde escapó con la ayuda de Vicente Huidobro. Viajó a Buenos Aires, Nueva York, Barcelona, París y Madrid, lugares donde participó de la vida bohemia, causando sensación entre los hombres que la conocieron.
En España tuvo relación con Azorín, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Pío Baroja, Julio Romero de Torres, quien la retrató y, sobre todo, Enrique Gómez Carrillo y Ramón del Valle-Inclán. Se suicidó a los 28 años en París.





Este es mi diario
En sus páginas se esponja la ancha flor de
la muerte diluyéndose en savia ultraterrena y
abre el loto del amor, con la magia de una
extraña pupila clara frente a los horizontes.
Es mi diario. soy yo desconcertantemente
desnuda, rebelde contra todo lo establecido,
grande entre lo pequeño, pequeña ante el infinito..
soy yo ...

El libro Lo que no se ha dicho fue publicado por Editorial Nacimiento en 1922, e incluye Páginas de mi diario; Con las manos juntas; Los tres cantos; Del diario de Sylvia y Anuari. Puede leerse en formato PDF en Memoria Chilena

Alejandro Lattapier




Dime,
cual derrumbe de alas en los arrabales,
cual marejada en la alcoba sesgo de peonías.
Apoyada en la verja convocadas las horas,
dime,
como océanos a tus albos derroteros,
dime,
qué fardos pregonan el milagro de tus frisos:
fatigadas ceremonias de almohada a medianoche.
- Oculta grieta dime:-
en el run run de idiotas ángeles cuando los columpios…
en el tubérculo de luz en el corazón del jardín.
Dime.

Alejandro Lattapier (Valparaíso, 1983)

Dos poemas de Adonis


Pintura de Joan Artigues



Estación de los estados espirituales


I
—El tiempo es arcilla y el cielo, herrumbre. ¿Qué hacer?
—Volverse trueno, agua, objeto vivo.
—¿Y cuando las distancias estén vacías hasta de sombra?
—Llenarlas con un ojo que cubra los puntos cardinales,
llenarlas con fantasmas sacados del rostro
y las caderas
que cuiden del sueño y de la memoria de los árboles.
—¿Y cuando este mundo no te sea favorable?
—Me recrearé en mis ojos para duplicar en ellos en universo:
veré dos veces el cielo,
y la tierra dos veces.
—Sólo yo
seré único.
—¿Y cuando no tengas más amigos que las piedras?
—Gritaré: ¡Molusco! ¡Yo soy tu parte de blanda!
Y orientaré mis cuernos al sol.


Clima de los brotes

Por aquí pasó Ícaro.
Acampó bajo las hojas lívidas,
inhaló el aroma del fuego
en las alcobas del verdor, en los brotes suaves.
Agitó, sacudió el tronco, buscó refugio,
plegó sobre sí las alas cual tienda de campaña.
Embriagóse luego y echó a volar?

Pero no se abrasó —aún no— Ícaro.


Adonis, seudónimo de Ali Ahamad Saíd Ésber (Qasabín, Siria, 1930)

martes, 20 de octubre de 2009

De la serie peroratas de Mayte Bayón

Mayte Bayón prepara una creación escénica sobre las PERORATAS que presentará el 9 de diciembre en el teatro Xesc Forteza, en los encuentros de compositores que cada año organiza ACA. De momento, ahí van dos de la serie.





Apretar, arrebujar el lugar recóndito donde suceden las milagros, la

cadencia prodigiosa de los hechos.

Amortajar el dolor y olvidarlo en una habitación oscura.

Lluvia que cae somnolienta, que resguarda los ojos penetrantes del

abismo, la sima barroca donde yacen los secretos, allí donde el

tormento late.




Suave vientecillo de sombra, tintineo de hojas y de trinos, rincón que

ampara y abre una puerta de penumbra.

Estar ahí sin merecer nada, saborear el aleteo, el suceder discreto de

las sutilísimas horas, tiempo prodigioso que separa y ahuyenta las

rencillas, que discurre en lo oscuro iluminando.

Permanecer sin soñar, sin apenas sentir, más que el murmullo que

vive y que resbala.

Danza Manza

domingo, 18 de octubre de 2009

Charles Baudelaire

El albatros y dos poemas más




EL ALBATROS

A veces, por distraerse, suelen los marineros
cazar albatros, grandes aves del mar,
que siguen, como indolentes compañeros de viaje,
al barco que navega por los abismos amargos.

Apenas los arrojan sobre la cubierta,
estos reyes del azul torpes y avergonzados,
arrastran penosamente las alas
grandes alas blancas semejantes a remos.

¡Qué torpe y débil este viajero alado!
antes tan bello, ¡qué grotesco y que feo!
Uno le provoca quemándole en el pico con la pipa,
otro, cojeando, imita su vuelo inválido.

El Poeta es semejante al príncipe de las nubes
que domina la tempestad y se ríe del arquero;
desterrado en el suelo, en medio de las burlas,
sus alas de gigante le impiden caminar.

De Las Flores del Mal

L'Albatros

Souvent, pour s'amuser, les hommes d'équipage
Prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,
Qui suivent, indolents compagnons de voyage,
Le navire glissant sur les gouffres amers.

A peine les ont-ils déposés sur les planches,
Que ces rois de l'azur, maladroits et honteux,
Laissent piteusement leurs grandes ailes blanches
Comme des avirons traîner à côté d'eux.

Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule!
Lui, naguère si beau, qu'il est comique et laid!
L'un agace son bec avec un brûle-gueule,
L'autre mime, en boitant, l'infirme qui volait!

Le Poète est semblable au prince des nuées
Qui hante la tempête et se rit de l'archer;
Exilé sur le sol au milieu des huées,
Ses ailes de géant l'empêchent de marcher.




El extranjero

-¿Qué amas más, di, hombre enigmático? ¿A tu padre,
a tu madre, a tu hermana, a tu hermano?
-No tengo ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano.
-¿A tus amigos?
-Utiliza una palabra cuyo sentido desconozco.
-¿A tu patria?
-Ignoro la latitud en que se encuentra.
-¿A la belleza?
-La amaría de buena gana, diosa e inmortal.
-¿A el oro?
-Lo aborrezco tanto como usted aborrece a Dios.
-¿Entonces qué amas, extraordinario extranjero?
-Amo las nubes... las nubes que pasan... allá... allá lejos
las maravillosas nubes.

De Spleen de París

L'étranger por Leo Ferré



L'étranger

- Qui aimes-tu le mieux, homme enigmatique, dis? ton père, ta mère, ta soeur ou ton frère?
- Je n'ai ni père, ni mère, ni soeur, ni frère.
- Tes amis?
-Vous vous servez là d'une parole dont le sens m'est resté jusqu'à ce jour inconnu.
- Ta patrie?
- J'ignore sous quelle latitude elle est située.
- La beauté?
- Je l'aimerais volontiers, déesse et immortelle.
- L'or?
- Je le hais comme vous haïssez Dieu.
- Eh! qu'aimes-tu donc, extraordinaire étranger?
- J'aime les nuages... les nuages qui passent... là-bas... là-bas... les merveilleux nuages


Elevación

Por encima de lagos, por encima de valles,
De montañas y bosques, de nubes, de mares
Más allá del sol, más allá del éter,
Más allá del confín de las esferas estrelladas,

Te desplazas, mi espíritu, con toda agilidad
Y como un nadador que se desvanece en la ola,
Alegremente surcas la inmensidad profunda
Con voluptuosidad indecible y viril.

Vuela lejos de estas miasmas mórbidas,
Sube a purificarte al aire superior
Y apura, como un licor puro y divino
La luz brillante que inunda los límpidos espacios.

Detrás de los tedios y los hondos pesares
Que cargan con su peso la existencia brumosa,
¡Dichoso aquel que puede con ala vigorosa
Lanzarse hacia los campos luminosos y calmos!

Aquel cuyas ideas, cual si fueran alondras,
Levantan hacia el cielo matutino su vuelo
-¡Que planea sobre la ida, y comprende sin esfuerzo,
el lenguaje de las flores y de las cosas mudas!


Élévation


Au-dessus des étangs, au-dessus des vallées,
Des montagnes, des bois, des nuages, des mers,
Par delà le soleil, par delà les éthers,
Par delà les confins des sphères étoilées,

Mon esprit, tu te meus avec agilité,
Et, comme un bon nageur qui se pâme dans l'onde,
Tu sillonnes gaiement l'immensité profonde
Avec une indicible et mâle volupté.

Envole-toi bien loin de ces miasmes morbides;
Va te purifier dans l'air supérieur,
Et bois, comme une pure et divine liqueur,
Le feu clair qui remplit les espaces limpides.

Derrière les ennuis et les vastes chagrins
Qui chargent de leur poids l'existence brumeuse,
Heureux celui qui peut d'une aile vigoureuse
S'élancer vers les champs lumineux et sereins;

Celui dont les pensers, comme des alouettes,
Vers les cieux le matin prennent un libre essor,
— Qui plane sur la vie, et comprend sans effort
Le langage des fleurs et des choses muettes!

Charles Baudelaire (1821-1867)



Hace años conseguí en una librería de viejo un ejemplar de Les fleurs du mal, ilustrado con unas maravillosas acuarelas de LABOCCETTA. A este libro pertenece la portada y esta última imagen.

viernes, 16 de octubre de 2009

Tres poemas de Marguerite Yourcenar



El poema del yugo

Las mujeres de mi país llevan sobre los hombros un yugo;
Su corazón pesado y lento oscila entre esos dos polos;
A cada paso, dos grandes baldes de leche chocan
Uno con otro contra sus rodillas;
El alma materna de las vacas, la espuma del pasto masticado,
Brotan en olas nauseosas dulces.

Soy igual que la sirvienta de la granja;
A lo largo del dolor me avanzo de un paso firme;
El balde del lado izquierdo está lleno de sangre;
Puedes beber y saciarte de ese pujante jugo.
El balde del lado derecho está lleno de hielo;
Puedes inclinarte y contemplar tu rostro laso.
Así voy entre mi destino y mi suerte,
Entre mi sangre caliente y líquida y mi amor límpido muerto.
Y cuando esté segura que ni espejo ni bebida
Pueden ya distraer o sosegar tu corazón salvaje,
No quebraré el espejo resignado,
No volcaré el balde donde sangró toda mi vida.
Iré llevando mi balde de sangre en la noche negra
Allí donde están los muertos que en él a beber vendrán.
Iré donde están las olas con mi balde de hielo;
El breve gemido de la orilla será menos dulce que mi llanto;
Un rostro pálido grande se asomará a la duna
Y ese espejo, que ya no quieres, reflejará la faz calma de la luna.


Erótico

Tú la avispa y yo la rosa;
Tú el mar, yo la escollera;
En la creciente radiosa
Tú el Fénix, yo la hoguera.
Tú el Narciso y yo la fuente,
En mis ojos tú brillando;
Tú el río y yo el puente;
Yo la onda en mí nadando.
Y tú el sol y la sal
Y en los labios el caudal
Del rumor meciendo el juego.
Yo el pájaro y el cielo
Azul cruzando su vuelo,
Como el alma atiza el fuego.


Hospes comesque

Cuerpo llevando el alma, siempre vanamente
Vuelvo a pensar en ti y te vuelvo a olvidar;
Corazón infinito en el cáliz naciente;
Boca que busca el nuevo verbo de besar.

Mares de navegar, fuentes para beber;
Trigo y vino ritual en la mesa mezclados;
Refugio de dulzura el vago adormecer;
Tierra que se despliega en los pasos alados.

Aire que me llenas de espacio y de equilibrio;
Nervios por donde viaja el cóncavo delirio;
Mirada interrumpida en el vasto universo.

Cuerpo, compañero, juntos nos moriremos.
No puedo no querer la sombra que tenemos,
No apresar con ella el resplandor de un verso.

Marguerite Yourcenar (Bruselas,1903 - Estados Unidos, 1987)

Traducción de Silvia Barón-Supervielle