/ El establo de Pegaso

martes, 13 de octubre de 2009

donde la siesta del fauno de Enrique Fierro




donde la siesta del fauno
la siesta del fauno donde la luz de Austin
la luz de Austin donde pecho palpitante
pecho palpitante donde los tristes trópicos
los tristes trópicos donde la nieve blanca
la nieve blanca donde caballo muerto
caballo muerto donde tarde secreta
tarde secreta donde mi prima Gladys
mi prima Gladys donde los días crueles
los días crueles donde deslices varios
deslices varios donde amores y espanto
amores y espanto donde la Vía Láctea
la Vía Láctea donde la piel que toco
la piel que toco donde no fuiste nadie
no fuiste nadie donde te dije todo
te dije todo donde los propios ojos
los propios ojos donde nada se sabe
nada se sabe donde fisura y corte
fisura y corte donde la letanía
la letanía donde nunca llegaste
nunca llegaste donde los pocos muchos
los pocos muchos donde Montevideo
Montevideo donde la cabellera
la cabellera donde la pesadilla
la pesadilla donde fosa común
fosa común donde todo es mentira
todo es mentira donde blanco y celeste
blanco y celeste donde vino y se fue
vino y se fue donde carta perdida
carta perdida donde insecto de la nada
insecto de la nada donde dos orquestas
dos orquestas donde la siesta del fauno

Enrique Fierro (Montevideo, 1942),

viernes, 9 de octubre de 2009

Herta Müller



La Academia Sueca otorga el Nobel a Herta Műller por «dibujar los paisajes del desamparo con la concentración de la poesía y la objetividad de la prosa». Aunque había oído hablar de esta autora, la verdad es que nunca había leído nada suyo. Y lo que tienen los premios, comienzas a buscar información, en este caso algún texto para hacerte una idea. En el Cultural.es encontré varios fragmentos traducidos al castellano por Juan José del Solar. Transcribo uno que pertenece a El hombre es un gran faisán en el mundo.


EL BACHE

En torno al monumento a los caídos han crecido rosas. Forman un matorral tan espeso que asfixian la hierba. Son flores blancas y menudas, enrolladas como papel. Y crujen. Estás amaneciendo. Pronto será de día.

Cada mañana, cuando recorre en solitario la carretera que lleva al molino, Windisch cuenta qué día es. Frente al monumento a los caídos cuenta los años. Detrás de él, junto al primer álamo donde su bicicleta cae siempre en el mismo bache, cuenta los días. Por la tarde, cuando cierra el molino, Windisch vuelve a contar los días y los años.

Ve de lejos las pequeñas rosas blancas, el monumento a los caídos y el álamo. Y los días de niebla tienen el blanco de las rosas y el blanco de la piedra muy pegados a él cuando pasa pedaleando por en medio. La cara se le humedece y él pedalea hasta llegar. Dos veces se quedó en pura espina el matorral de rosas, y la mala hierba, debajo, parecía aherrumbrada. Dos veces se quedó el álamo tan pelado que su madera estuvo a punto de resquebrajarse. Dos veces hubo nieve en los caminos.

Windisch cuenta dos años frente al monumento a los caídos, y doscientos veintiún días en el bache, junto al álamo.

Cada día, al ser remecido por el bache, Windisch piensa: “El final está aquí”. Desde que se propuso emigrar ve el final en todos los rincones del pueblo. Y el tiempo detenido para los que quieren quedarse. Y Windisch ve que el guardián nocturno se quedará ahí hasta más allá del final.

Y tras haber contado doscientos veintiún días y ser remecido por el bache, Windisch se apea por primera vez. Apoya la bicicleta contra el álamo, sus pasos resuenan. Del jardín de la iglesia alzan el vuelo unas palomas silvestres. Son grises como la luz. Sólo el ruido permite diferenciarlas.

Windisch se santigua. El picaporte está húmedo. Se le pega en la mano. La puerta de la iglesia está cerrada con llave. San Antonio está al otro lado de la pared. Tiene un lirio blanco y un libro marrón en la mano. Lo han encerrado.

Windisch siente frío. Mira a lo lejos. Donde acaba la carretera, las olas de hierba se quiebran sobre el pueblo. Allí al final camina un hombre. El hombre es un hilo negro que se interna entre las plantas. Las olas de hierba lo levantan por encima del suelo.

Pertenece a El hombre es un gran faisán en el mundo. Editado por Siruela, 1992. La traducción es Juan José del Solar y el texto está tomado de El Cultural.es

miércoles, 7 de octubre de 2009

Henri Michaux




La pereza

El alma adora nadar.
Para nadar es preciso extenderse sobre el vientre. El alma se disloca y huye. Huye nadando. (Si vuestra alma huye cuando os encontráis de pie, o sentados, o con las rodillas o los codos doblados, para cada posición corporal diferente el alma partirá con un modo de andar y una forma también diferentes; esto lo estableceré más tarde).
Se habla a menudo de volar. No es eso. Lo que hace el alma es nadar. Nada como las serpientes y las anguilas; nunca de otro modo.
Numerosas personas tienen así un alma que adora nadar. Se las denomina vulgarmente perezosas. Cuando el alma a través del vientre abandona el cuerpo para nadar, se produce una liberación tal de no sé qué; es como un abandono, como un goce, como una relajación tan íntima...
El alma va a nadar en la caja de la escalera o en la calle, según la timidez o la audacia del hombre, pues siempre guarda un hilo entre ella y él, y si este hilo se rompiese (es a menudo muy delgado aunque se precisaría una fuerza espantosa para romperlo) sería terrible para ambos (tanto para ella como para él).
Cuando se encuentra pues el alma nadando a lo lejos, gracias a este simple hilo que liga al hombre con el alma, se derraman volúmenes y volúmenes de una especie de materia espiritual, como el barro, como el mercurio o como el gas -goce sin fin.
Por eso el perezoso vuélvese cerril. No cambiará nunca. Por eso es también que la pereza es la madre de todos los vicios. ¿Hay acaso algo más egoísta que la pereza?
La pereza tiene también fundamentos que el orgullo no posee.
Pero siempre la gente se encarniza con los perezosos.
Cuando están recostados los golpean, les echan agua fría sobre la cabeza; no les queda otra cosa que apresurarse a hacer regresar su alma. Os miran entonces con esa mirada de odio tan conocida y que observamos particularmente en los niños..

Henri Michaux, Mis propiedades (1930)

La paresse

L'âme adore nager.
Pour nager on s'étend sur le ventre. L'âme se déboîte et s'en va. Elle s'en va en nageant. (Si votre âme s'en va quand vous êtes debout, ou assis, ou les genoux ployés, ou les coudes, pour chaque position corporelle différente l'âme partira avec une démarche et une forme différentes c'est ce que j'établirai plus tard.)
On parle souvent de voler. Ce n'est pas ça. C'est nager qu'elle fait. Et elle nage comme les serpents et les anguilles, jamais autrement.
Quantité de personnes ont ainsi une âme qui adore nager. On les appelle vulgairement des paresseux. Quand l'âme quitte le corps par le ventre pour nager, il se produit une telle libération de je ne sais quoi, c'est un abandon, une jouissance, un relâchement si intime.
L'âme s'en va nager dans la cage de l'escalier ou dans la rue suivant la timidité ou l'audace de l'homme, car toujours elle garde un fil d'elle à lui, et si ce fil se rompait (il est parfois très ténu, mais c'est une force effroyable qu'il faudrait pour rompre le fil), ce serait terrible pour eux (pour elle et pour lui).
Quand donc elle se trouve occupée à nager au loin, par ce simple fil qui lie l'homme à l'âme s'écoulent des volumes et des volumes d'une sorte de matière spirituelle, comme de la boue, comme du mercure, ou comme un gaz - jouissance sans fin.
C'est pourquoi le paresseux est indécrottable. Il ne changera jamais. C'est pourquoi aussi la paresse est la mère de tous les vices. Car qu'est-ce qui est plus égoïste que la paresse ?
Elle a des fondements que l'orgueil n'a pas.
Mais les gens s'acharnent sur les paresseux.
Tandis qu'ils sont couchés, on les frappe, on leur jette de l'eau fraîche sur la tête, ils doivent vivement ramener leur âme. Ils vous regardent alors avec ce regard de haine, que l'on connaît bien, et qui se voit surtout chez les enfants.

Henri Michaux, Mes propriétés (1930)




Príncipe de la noche

Prícipe de la noche, del doble, de la glándula de estrellas,
de la sede de la Muerte,
de la columna inútil, de la pregunta suprema.

Príncipe de la corona rota
del reino dividido,de la mano de madera.

Príncipe petrificado vestido de pantera.
Prínipe perdido.

Prince de la nuit

Prince de la nuit, du double, de la glande
aux étoiles,
du siège de la Mort,
de la colonne inutile, de l'interrogation suprême.

Prince de la couronne rompue
du règne divisé, de la main de bois.

Prince pétrifié à la robe de panthère.
Prince perdu.

Henri Michaux (Bélgica,1899, París,1984)

lunes, 5 de octubre de 2009

A Mercedes Sosa In Memoriam

Zamba para no morir





Romperá la tarde mi voz
hasta el eco de ayer
voy quedándome sólo al final
muerto de sed, harto de andar
pero sigo creciendo en el sol, vivo

era el tiempo viejo la flor
la madera frutal
luego el hacha se puso a golpear
verse caer, sólo rodar
pero el árbol reverdecerá, nuevo


Al quemarse en el cielo la luz del día, me voy
con el cuero asombrado me iré
ronco al gritar que volveré
repartida en el aire al gritar, siempre

Mi razón no pide piedad
se dispone a partir
no me asusta la muerte ritual
sólo dormir, verme borrar
una historia me recordará, vivo

veo el campo, el fruto, la miel
y estas ganas de amar
no me puede el olvido vencer
hoy como ayer, siempre llegar
en el hijo se puede volver, nuevo

(San Miguel de Tucumán, 9 de julio de 1935 – Buenos Aires, 4 de octubre de 2009)

domingo, 4 de octubre de 2009

Día Mundial de los Animales




Yma Sumac canta Birds, un tema grabado en los años 50.



Esta cantante peruana poseía unas extraordinarias facultades vocales que desarrolló desde niña cuando trataba de imitar el canto de los pájaros. Yma Sumac ha sido -que se tenga constancia- la única interprete que ha conseguido la triple coloratura, que es el trino de las aves.



OINDI


Soy las garras del Águila y el Ángel
¡ Gran Espíritu ven a mí !
Atravesando el espacio saturado de códigos
OINDI
Con mis alas custodio la casa de los dioses.
Danzo con la cobra.
Me interno en la noche con el cuervo
y regreso al alba con el lobo.
A través de mis ojos
son todos los animales de la tierra.
Elevo su espíritu hacia el Gran Espíritu
para que sean oídas sus súplicas en la casa del aire.

Planeo con tu soplo en la geometría del cielo
dibujando con la estrella de mar
los espacios sagrados que recuerdan al Alma.
Creando con el tigre las dunas del desierto,
con la ballena blanca los glaciares.
Y el mar viene a mí,
y el bosque viene a mí,
y la gran llanura viene a mí...

Y elevo con mis alas los paisajes
para que visiten los sueños de los seres que habitan la tierra.
Y a través de mis ojos son todos los lugares
porque desgarro la línea donde comienzan los límites.

¡ Gran Espíritu ven a mí !
a danzar con la cobra.
OINDI

miércoles, 30 de septiembre de 2009

El Blues Abatido de Langston Hughes



Jazz poetry

The Weary Blues, escrito por Langston Hughes en 1923, incorpora las características musicales del Jazz, y de los Blues en la poesía. Hughes fue uno de los impulsores del conocido como Renacimiento de Harlem, un movimiento que se caracterizaba por la imitación de los sonidos e improvisaciones del jazz en la poesía.

El Blues Abatido The Weary Blues

Zumba una melodía somnolienta y sincopada
Meciéndose adelante y atrás en un canto suave,
Escuché un negro tocar.
La otra noche en la avenida Lenox
Bajo la penumbra pálida de una vieja luz de gas

Se balanceaba lento...
Se balanceaba lento...
Al compás de este Blues Abatido.
Sus manos de ébano sobre las teclas de marfil
Haciendo gemir al pobre piano con melodías.
¡Oh Blues!
Balanceándose en su taburete desvencijado
Tocaba esa melodía tan triste como un tonto musical
¡Dulce Blues!
Sale del alma de un hombre negro.
¡Oh Blues!
Con una voz profunda canta ese tono melancólico
Escuché un negro cantar, y ese viejo piano que gime—

"No tengo a nadie en este mundo,
No tengo nadie más que yo.
Ya es es hora de dejar esta cara
Y guardar mis problemas."

Pum, pum, pum golpeó el suelo con el pie.
Tocó algunos acordes y después cantó un poco más —

"Tengo el Blues Abatido
Y no me puedo contentar.
Tengo el Blues Abatido
Y no me puedo contentar—
Nunca más seré felíz
quisiera morír."

Hasta bien entrada la noche canturreó esa melodía.
Las estrellas salieron y también la luna.
El cantante dejó de tocar y me fui a la cama
con el Blues Abatido todavía en la cabeza.
Durmió como una roca o un hombre que estaba muerto.

The Weary Blues en la voz de su autor




The Weary Blues


Droning a drowsy syncopated tune,
Rocking back and forth to a mellow croon,
I heard a Negro play.
Down on Lenox Avenue the other night
By the pale dull of the pallor of an old gas light
He did a lazy sway…
He did a lazy sway…
To the tune o’ those Weary Blues.
With his ebony hands on each ivory key
He made that poor piano moan with melody
O Blues!
Swaying to and fro on his rickety stool
He played that sad raggy tune like a musical fool.
Sweet Blues!
Coming from a black man’s soul.
O Blues!
In a deep song voice with that melancholy tone
I heard that Negro sing, that old piano moan –
“Ain’t got nobody in all this world,
Ain’t go nobody but ma self.
I’s gwine to quit ma frownin’
And put ma troubles on the shelf.”
Thump, thump, thump went his foot on the floor.
He played a few chords then he sang some more –
“I got the Weary Blues
And I can’t be satisfied.
Got the Weary Blues
And can’t be satisfied –
I ain’t happy no mo’
And I wish that I had died.”
And far into the night he crooned that tune.
The stars went out and so did the moon.
The singer stopped playing and went to bed
While the Weary Blues echoed through his head.
He slept like a rock or a man that’s dead.


Bailarina de medianoche
A una bailarina negra en el “Pequeño Savoy”

Viña adolescente
De la noche con ritmo de jazz,
Labios
Dulces como rocío púrpura,
Pechos
Como las almohadas de todos los dulces sueños,
¿Quién aplastó
Las uvas de la dicha
Y derramó su jugo
Sobre ti?


Midnight dancer
To a Black Dancer in “The Little Savoy”

Wine-maiden
Of the jazz-tuned night,
Lips
Sweet as purple dew,
Breasts
Like the pillows of all sweet dreams,
Who crushed
The grapes of joy
And dripped their juice
On you?

Langston Hughes (Misuri, 1902 – Nueva York, 1967)

domingo, 27 de septiembre de 2009

Dos poemas de Chantal Maillard

Juegos de magia




Nada
en mis manos nada
en mis cuadernos
nada en mis zapatos
nada en el sombrero
de mi madre, nada
en mis ojos
en mi casa
en el paisaje
entre las olas nada
bajo los bancos del parque
debajo de mi ropa empapada
entre las líneas que escribo
en las del diccionario
de sánscrito
en la tinta que se escapa
del bolígrafo
en mis palabras nada
nada sobre la nada
que describo
en cuatro letras
porque todo
lo que no cabe en ellas
se ha agolpado en el centro
de mi pecho
y late y luego
me devora
con la voracidad
de un animal hambriento.
hasta que no queda nada
de mi salvo esa nada
que todo lo vomita
mis ojos mis cuadernos
mi casa y el sombrero
de mi madre las cuatro
letras que la indican
y el mismo latido
feroz que me devora
pronunciando
tu nombre.


Juegos de magia



Juegos de magia en voz de su autora

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No existe el infinito...

No existe el infinito:
el infinito es la sorpresa de los límites.
Alguien constata su impotencia
y luego la prolonga más allá de la imagen, en la idea,
y nace el infinito.
El infinito es el dolor
de la razón que asalta nuestro cuerpo.
No existe el infinito, pero sí el instante:
abierto, atemporal, intenso, dilatado, sólido;
en él un gesto se hace eterno.
Un gesto es un trayecto y una trayectoria,
un estuario, un delta de cuerpos que confluyen,
más que trayecto un punto, un estallido,
un gesto no es inicio ni término de nada,
no hay voluntad en el gesto, sino impacto;
un gesto no se hace: acontece.
Y cuando algo acontece no hay escapatoria:
toda mirada tiene lugar en el destello,
toda voz es un signo, toda palabra forma
parte del mismo texto.

De "Matar a Platón"